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ABC MARTES 1 s 7 s 2008 INTERNACIONAL 37 La Iglesia anglicana se escinde por la discusión sobre la homosexualidad Trescientos obispos de África, Asia y Australia consuman un cisma de hecho EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Las cuestiones de alcoba de Enrique VIII llevaron a la Iglesia de Inglaterra a separarse de Roma en el siglo XVI, y ahora las del obispo gay Gene Robinson provocan la partición de la Comunión Anglicana. Trescientos obispos anglicanos, principalmente de África, Asia y Australia y que representan a la mitad de los 77 millones de fieles de todo el mundo, constituyeron una organización paralela que se opone a la validación moral de la práctica homosexual, a la bendición del matrimonio gay y a otros revisionismos contrarios a las Sagradas Escrituras que se han extendido entre diversas comunidades anglicanas, sobre todo en Norteamérica. La ordenación de mujeres como obispos, aprobada ya en algunas iglesias locales participantes en la escisión, no ha constituido motivo de debate. Para quienes se oponen a esa iniciativa, la nueva organización constitutía una esperanza, pero ahora difícilmente les queda un posible encaje y podrían abandonar la fe. Los obispos disidentes, que constituyen un tercio del episcopado anglicano, se definen como una Iglesia dentro de la Iglesia pero ya han advertido que van a marcar su propio camino de respeto a las enseñanzas tradicionales cristianas, con el fin de ofrecer una mayor coherencia doctrinal frente al secularismo militante Romperán lazos con la jerarquía de EE. UU. y de Canadá (la primera elevó a obispo a Gene Robinson en 2003 y la segunda admitió la bendición de las parejas homosexuales en ceremonias próximas al sacramento del matrimonio) y no esperarán a que la de Inglaterra intente proseguir con una mediación probadamente imposible. Estos movimientos se producen en una Comunidad Anglicana que no es una Iglesia única, sino que está integrada por iglesias nacionales que comparten una misma tradición, pero que actúan de modo autónomo. En EE. UU. por ejemplo, la adscripción anglicana adopta el nombre de Iglesia Episcopaliana. La Conferencia Global sobre el Futuro Anglicano celebrada la semana pasada en Jerusalén consumó un cisma de hecho, aunque los miembros de la llamada Fraternidad de Confesiones Anglicanas (FOCA, por sus siglas en inglés) mantendrá sus lazos con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, primado de la Iglesia de Inglaterra y nexo de la Comunidad Anglicana. Un cisma formal supondría ligitios jurídicos sobre las propiedades de los edificios y otros bienes de las parroquias. La propia relación con el ar- Peregrinos anglicanos rezan en una iglesia de Cafarnaúm en el marco del encuentro disidente zobispo de Canterbury también se ha puesto en duda. Los documentos constitutivos de la nueva organización advierten que la sede de Canterbury tiene un simple carácter histórico y no es definitorio de la identidad anglicana. La declaración habla incluso de la necesidad de terminar con una interpretación colonial del primado de Canterbury. Además, 200 de los 300 obispos presentes en Jerusalén no irán este verano a la Conferencia de Lambeth, la cita que se convoca cada diez años para reunir a los 880 obispos del mundo. El movimiento secesionista es liderado por el arzobispo de Uganda, Henry Luke Orombi; el de Nigeria, Peter Akinola, y el de Sidney, Peter Jensen. Éstos y otros obispos integrarán un consejo de primados para dirigir lo que está llamado a poner orden en una situación de confusión terminando con el caos causado en la Iglesia anglicana por las actividades revisionistas EFE La organización anglicana disidente romperá relaciones con las jerarquías de Canadá y EE. UU. Una de las primeras decisiones será establecer un protocolo de ingreso a la nueva entidad, permitiendo que diócesis y parroquias sueltas puedan adscribirse a pesar de que la jerarquía del país o el obispo del que se depende no se hayan alineado con el movimiento. En el Reino Unido, la voz de la disidencia es la del obispo de Rochester, Michael Nazir- Ali. En EE. UU. se cuenta con sumar a varias diócesis de Texas, California y Pittsburgh. Tienen decidido además contar con sus propios seminarios para la formación de presbíteros y diáconos y volver a versiones antiguas de textos litúrgicos. La boda de dos sacerdotes gay en Londres fue la gota que colmó el vaso E. J. B. LONDRES. La boda de dos sacerdotes anglicanos homosexuales en una iglesia de Londres a mediados de junio puso en evidencia, por su carácter simbólico y extremo, la imposibilidad de mantener unida a la Comunidad Anglicana. La ordenación sacerdotal femenina, aprobada en 1992, provocó tensiones internas, como también las está causando la consecuencia lógica de ese paso: la consagración de mujeres obispos. Esto es algo que los anglicanos han conllevado, con algunos abandonos de fieles y traspasos a la Iglesia católica. Pero la cuestión de la homosexualidad, a diferencia del matrimonio de los sacerdotes o la ordenación de mujeres, afecta directamente al orden moral. El conflicto sobre la homosexualidad estalló de modo abrupto en 2003 con la consagración como obispo de New Hampshire de Gene Robinson, el primer sacerdote en exhibir su condición de gay, activo sexualmente, y en ser premiado con la mitra de obispo. Hasta entonces la homosexualidad se había ido abriendo camino incluso entre el clero, especialmente en la Iglesia episcopaliana de EE. UU. Sin embargo, era algo tolerado pero no defendido. En cambio, la consagración de Robinson fue proclamar la bondad moral de la homosexualidad, algo expresamente negado por las Sagradas Escrituras. Desde entonces las tiranteces internas entre los anglicanos no han cesado de acentuarse. La provincias anglicanas de África pidieron una moratoria por parte de los episcopalianos, pero éstos lo negaron. La relajación de los valores cristianos también se está extendiendo a otros países occidentales, donde se está implantando el matrimonio homosexual y donde las parroquias anglicanas están comenzando a bendecir esas uniones. Para el arzobispo de Nigeria, la única manera de competir con el islam es ofrecer, como hace éste, una religión de claros perfiles y fuertes convicciones.