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10 OPINIÓN MARTES 1 s 7 s 2008 ABC AD LIBITUM LAS RECETAS DE ZAPATERO UNQUE Lord Acton afirmaba que, si dispone de poder absoluto, hasta un asno puede gobernar con toda facilidad, la cosa no debe de ser tan sencilla. A lo largo de nuestra Historia el número de asnos con poder es largo, y ahí están sus paupérrimos resultados. José Luis Rodríguez Zapatero tiene poderes omnímodos. En la práctica, la deformación de nuestro peculiar sistema político le confiere al jefe del Ejecutivo el control del Legislativo y del Judicial y, a mayor abundamiento, la escasa representatividad de nuestras Cámaras y el decaimiento del parlamentarismo subrayan esos poderes de forma especial. Ni aún M. MARTÍN así España va bien. ExcepFERRAND ción hecha de lo futbolístico, que les acerca a muchos al paraíso, el momento es malo y, aunque el Gobierno lo oculta, tiende a ser peor. Un poco por la condición internacional de la crisis y un mucho por la incapacidad doméstica del equipo de Gobierno para tomar conciencia de la realidad y actuar en consecuencia. Zapatero, más inquieto de lo que aparenta ante las tensiones previsibles en el ya inminente XXXVII Congreso del PSOE, insiste en que las recetas tradicionales del socialismo son la medicina que puede aliviar los males que padece nuestra economía. ¡Que obsesión! Si suavizara su rigidez mental con una mínima dosis autocrítica, como conviene al florecimiento de la inteligencia, podría entender que el socialismo, especialmente en el orden económico, ha sido funesto para España. Incluso la más convivencial socialdemocracia, la que languidece en Europa, ha tenido que dejarle paso, como en Francia, Alemania, Reino Unido o Italia, a formas más liberales que lidien la crisis y mantengan el bienestar que demandan los ciudadanos. A propósito del PSOE, dice Zapatero, el líder que ríe, que somos lo que hemos sido siempre, un partido de izquierda al servicio de España De ahí el susto de quienes no ignoramos las dolorosas vicisitudes de nuestra Historia. En más de un siglo de presencia son escasas las aportaciones del PSOE al bien nacional. Si se apura, la mayor de todas ellas- -la que añadió respetabilidad democrática a la Transición y puso en valor la Constitución del 78- -lo fue con la renuncia de un pasado que, muy difícilmente, resistiría el análisis de una memoria histórica más rigurosa y menos sectaria de la que quiere reanimar el inquilino de La Moncloa. Ahora, cuando pintan bastos para la economía de la Nación y espadas en el bolsillo de los ciudadanos, no caben muchas filigranas. El presidente del Gobierno y su pánfilo y especializado vicepresidente no pueden andarse por las ramas. El feminismo rampante, la alabanza de la homosexualidad, la pretensión de nuevos modelos de familia o el espectáculo continuo de los más divertidos miembros, y miembras, del equipo gubernamental no sirven para atajar una crisis que, llámesela como se quiera, está ahí y nos amenaza a todos. A Zapatero, dice, no le sirven las recetas de la derecha. ¿Hay otras? A VISTO Y NO VISTO LOS PUÑITOS DE ZAPATERO ESTREMECEN A EUROPA L fútbol es un resumen de la naturaleza hecho por los pies. Por eso el fútbol no tiene nada que ver con el arte, que es un resumen de la naturaleza hecho por la imaginación. En Viena, capital del vals y del psicoanálisis, la fiesta española del fútbol acabó oliendo a pies por TV con Casi, llas, el único futbolista que acaso hubiera arrancado una oda a Pepe García Nieto, derramando champagne en calzoncillos de espuma. La imaginación es oriental. Alguna vez ponderamos la sabiduría del sha de Persia que declinaba asistir al derby porque ya sabía que un caballo puede correr más que otro, y a él le resultaba indiferente cuál. Y Foxá celebraba la salida de la última emperatriz de la China, cantada por Rubén, que en un partido de tenis en su honor entre el embajador inglés y su esposa contra el ministro estadounidense y la suya, al ver tanto sudor y tanta fatiga, exclamó: ¿Por qué no ordenan a sus criados que jueguen a esto? Oriental, igualmente, era el diplomático que en un partido de fútbol tan disputado como el del domingo dijo: ¿Por qué no les dan un balón IGNACIO RUIZ a cada uno? QUINTANO Frente a la imaginación oriental, y para atizar las inmensas tinajas donde hierve el aceite del entusiasmo deportivo, el Occidente sólo pudo ofrecer industria pedestre, que iba a ser el remedio, para liberales como para marxistas, contra cualquier nacionalismo. Sintetizado por Ernest Gellner, el argumento era un silogismo: 1. La hostilidad étnica y el separatismo exigen la presencia de diferencias culturales, ya que sin ellas ¿cómo podrían los grupos étnicos, las naciones identificarse y distinguirse de sus enemigos? 2. La organización social del mundo industrial erosiona los matices culturales. 3. Por lo tanto, el avance de la industrialización erosiona la base misma del nacionalismo. 4. En consecuencia, el progreso de la industrialización significa la extinción del nacionalismo. No contaban con el fútbol. E El fútbol es un espectáculo completamente huero para las bellas artes, y no hay más que ver la TV o leer los periódicos. Pero el fútbol, ay, aviva los sentimientos nacionalistas como nada en el mundo y pone de manifiesto que la palabra de Renan, la nación no es sino un plebiscito diario, entendiendo por plebiscito las votaciones diarias de un pueblo acerca de las propuestas de excitación que le son presentadas por los medios. -La unidad de un pueblo consiste fundamentalmente en que, en determinadas circunstancias, puede actuar como un individuo que padece manía persecutoria- -escribió un día Canetti Aunque ser paranoico no quiere decir que no te persigan, España arrastraba desde el 64 la paranoia de Europa y ha ido a quitársela con un colosal botellón, que es la forma contemporánea de la alegría democrática, a casa del doctor Freud de Viena, que una vez le dijo a Stefan Zweig: Existe tan poca verdad al ciento por ciento como alcohol puro. Aquí, cuando no nos faltaba el vino, nos faltaba la copa, y en Madrid han sido los chinos, expendiendo garrafón a destajo, los encargados de poner la nota espiritual en la gran noche de España, la noche en que Zapatero levantó al cielo vienés unos puñitos que estremecieron a Europa. El fútbol pícaro de España (con la ayuda, por cierto, de Koeman, que libró al Combinado Autonómico de Albelda y aportó la espina dorsal del Valencia) se ha impuesto al fútbol socialdemócrata de la Eurocopa. Con el gol de Torres a Alemania- -donde vivieron los hombres de Neanderthal- el atrabiliario Sabio de Hortaleza quedaba liberado del gol de Swarzenbeck, pero el astuto Bobo Solemne quedaba liberado de la gafancia de Rajoy, el verdadero gafe, gafe como Ballack, esa máquina de perder finales con el número 13 a la espalda. ¡Gracias te sean dadas, mi San Juan bendito, que he visto algo nuevo! -rezó en una mañana de junio Ponce de León, que se había hecho a la mar para ver algo nuevo cuando ante la flota extática surgieron los esplendores de la Florida. Y murió de la emoción. Los puñitos de Zapatero en Europa son los de decirle a Ibarreche ¡que te pego, leche!