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ABC LUNES 30 s 6 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 CLÁSICA Festival Mozart Obras de Ravel, Messiaen y Benjamin. Int. Ashley Wass, piano. Real Filharmonia de Galicia. Dir. Jonathan Webb. Lugar: Teatro Rosalía Castro, La Coruña. Fecha: 28- VI Los pájaros del adiós ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE El Festival Mozart Caixa Galicia de La Coruña ha vivido un mes intenso recordando el teatro de Giorgio Strehler, el de Herbert Wernicke, homenajeando a Kagel, a Bach y con él a Zimmermann, además de a Mozart, por supuesto. Y aún extendiéndo su programación al Museo de Bellas Artes, ofreciendo Ópera en familia y visitando algunas localidades cercanas con su Mozart en xira Tampoco han faltado referencias a la obra de Messiaen, en el centenario de su nacimiento. Una primera cita convocó al cuarteto formado por los pianistas Gustavo Díaz- Jerez y Miguel Borges Coelho, el violinista Catalín Bucataru y el flautista Bruno Claverie quienes incluyeron la interpretación de la temprana Fantasie recuperada y editada hace un año. La segunda, como clausura del festival, ha estado protagonizada por la Real Filharmonia de Galicia y el pianista Ashley Wass, dirigidos por Jonathan Webb. No es fácil escuchar los Oiseaux exotiques que hace ahora 45 años estrenara en España el pianista Pedro Espinosa, pese a ser un punto culminante del catálogo ornitológico de Messiaen. Tres han transcurrido desde que los programara en Madrid su alumno George Benjamin, de manera que no es baladí el hecho de que el Festival Mozart se fijara en la obra y la arropara con las Three Inventions de propio Benjamin y otras partituras de Ravel. Así, se comenzó con la Pavane pour une enfante défunte necesaria para hacerse con la acústica y la temperatura del Teatro Rosalía Castro y se cerró con la suite de Ma mère l Oye cuyo peculiar averío fue una amable anécdota en el programa. Porque lo importante era oír a Messiaen y hacerlo a través de la precisión rítmica, de las muy contundentes amalgamas sonoras logradas por la Filharmonia gallega y la cantable rectitud de pianista Ashley Wass. Fue una versión clara que tuvo su lógica continuidad en esa mezcla de refinamiento sonoro, estallido (a través de esos encuentros formidables del gong y el tambor) y armadura rítmica con la que Benjamin, un poco trágico, trascendió a Messiaen. Un interesante y muy aplaudido final del Festival Mozart. EFE Tirso de Molina, protagonista del arranque del Festival de Almagro Tras el homenaje del festival de Almagro a Declan Donnellan y Nick Ormerod y el estreno de Las manos blancas no ofenden el nuevo montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el certamen ha cedido este fin de semana su protagonismo a Tirso de Molina, autor de dos de las obras que se han visto: Don Juan, el burlador de Sevilla (en la imagen, sus cuatro protagonistas femeninas) y La prudencia en la mujer TEATRO Macbeth Lady Macbeth Autor: William Shakespeare. Traducción: Esteve Miralles. Adaptación: C. Alfaro y E. Miralles. Dirección y espacio escénico: Carles Alfaro. Vestuario: María Araujo. Iluminación: C. Alfaro y Pedro Yagüe. Intérpretes: Francesc Orella, Adriana Ozores, Víctor Valverde, Vicenta Ndongo, Carlos Heredia, Andrés Herrera, Jorge Suquet y David de Gea, entre otros. Lugar: Matadero, Naves del Español. Madrid Goteras JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN En La arquitectura de la felicidad (que publicará Lumen en octubre) Alain de Botton desarrolla la fascinante idea de que somos lo que habitamos y desde esa perspectiva repasa algunos de los edificios que han marcado la historia de la arquitectura, como las casas funcionales de Le Corbusier. Entre otros atractivos elementos, el libro cita las airadas misivas que la propietaria de una de las casas diseñadas por el arquitecto suizo nacionalizado francés dirigió a éste instándole a que le solucionara un grave problema de goteras bajo amenaza de acu- dir a instancias judiciales. Es decir, uno de los asuntos con que las voces críticas azuzan a algunas estrellas de la moderna arquitectura: el diseño del edificio dificulta u olvida la función esencial de éste: ser habitado. El edificio shakespeareano urdido por Carles Alfaro también tiene goteras, más allá de las zonas acuáticas que salpican su notable espacio escénico y que parece que los actores estén obligados a amortizar chapoteando en ellas de forma constante, venga o no a cuento. Arquitectura subterránea de la ambición traidora y el crimen, ese imponente espacio en tonos grises y amplia catadura de sentina o alcantarilla, con garabatos de raíces colgando amenazantes como espadas de Damocles sobre los personajes, y contrapuesto a una zona superior estrecha y luminosa, condiciona la puesta en escena. Cierto es que llena el difícil ámbito del Matadero y también que dispersa la acción, a lo que contribuyen los micrófonos utilizados por los intérpretes, cuyas voces, al empastarse los tonos próximos y los lejanos y confundirse así las referencias espaciales, son indistinguibles de los parlamentos en off introducidos por el director. Tienen goteras también una versión a mi juicio insuficiente, plana, caprichosa en añadidos y expurgaciones y con cier- Andrés Herrera, en un momento de la función to tono coloquial que achata la rabiosa poesía del bardo de Stratford; y el oscuro vestuario empapado de convencionalismo cool e impersonal que conjuga cotas de malla y uniformes evocadores de la Primera Guerra Mundial, y castiga a la Lady Macbeth encarnada con empaque doméstico por ABC Adriana Ozores con un vestido pesado y ruidoso, formado por argollas metálicas en una suerte de homenaje a Paco Rabanne. Tal vez esa tendencia a la dispersión pese demasiado en el apartado de la interpretación, grandilocuente en ocasiones, desordenada en movimientos, con muchos altibajos.