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4 EDITORIALES LUNES 30 s 6 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) J. L. Sánchez Izquierdo (Deportes) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera EL FUTURO DE LA JUSTICIA UMPLIDO un año desde que entró en vigor la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, ABC informa hoy del serio malestar existente en la plantilla de letrados de ese órgano por la ausencia de directrices sobre los nuevos criterios para la admisión o no de los recursos de amparo. Siendo grave esta situación, no es ni mucho menos la única que aqueja al Tribunal. Tampoco a la Justicia española. Aquella reforma incluyó la llamada enmienda Casas que prorrogaba sobre la marcha la permanencia de la actual presidenta del TC, y desde entonces la situaciónde esteórgano sigue siendo deprovisionalidad, a la espera de que PP y PSOE se pongan de acuerdo para su renovación. Sin embargo, el problema trasciende la situación del TC, porque es sólo un capítulo más de la paralización general en la que se halla la Justicia, en todos sus niveles: reformas procesales y orgánicas, renovación del Consejo General del Poder Judicial- -en la que el PSOE debería ser coherente con la reforma que introdujo el consenso forzado para los nombramientos judiciales y, por tanto, aceptar que el PP proponga nueve vocales- -e incertidumbre sobre el Estatuto catalán. La responsabilidad de los principales partidos, si realmente hay voluntad de consenso, no debería limitarse a salir del paso para eludir la crítica de la opinión pública. Es mucho lo que está en juego. Tanto que de los acuerdos que puedan alcanzar PP y PSOE dependerá la configuración del Estado de Derecho para los próximos años. Los socialistas interpretan la coyuntura actual como la ocasión propicia para ejecutar la transformación del Poder Judicial conforme a unos criterios que no ocultan y que, si los aplican, provocarán un fuerte control político sobre el gobierno interno de la justicia y una desprofesionalización progresiva de la judicatura. Los Consejos autonómicos, que absorben las competencias de las salas de gobierno de los Tribunales de Justicia- -integradas sólo por jueces- el control parlamentario sobre el CGPJ, el juez de proximidad y las reformas del acceso a la carrera judicial son medidas en las que late la resistencia histórica de los socialistas a la independencia de la judicatura y de sus órganos de gobierno. Por esto es tan importante la decisión que tome el TC sobre el Estatuto catalán. Las reformas legales presentadas por el PSOE no son más que la coartada que el Gobierno quiere dar a la quiebra de la unidad jurisdiccional del Estado perpetrada por el Estatuto de Cataluña. En estas condiciones, el PP tiene que ser consciente de que es más importante tardar en alcanzar un buen acuerdo para los intereses generales del Estado que resolver por la vía rápida un pacto que sólo sirva a corto plazo para sellar ante la opinión pública su nueva etapa de diálogo. Cualquier acuerdo de Estado debería tener un enfoque integral, como lo tuvo el que PP y PSOE firmaron en 2001. C ENHORABUENA ESPAÑA UARENTA y cuatro años después, y tras haberse quedado con la miel en los labios en la final de 1984, la selección española de fútbol ha vuelto a conseguir un triunfo histórico al lograr la Eurocopa de fútbol. Desde anoche, España es el mejor combinado de Europa y así seguirá siéndolo hasta dentro de cuatro años. La trayectoria de la selección, de la mano de Luis Aragonés, no ha podido ser más brillante. Ningún partido perdido- -sólo empatado el de Italia, magníficamente resuelto después en la tanda final de penaltis- un juego vibrante y muy vistoso, deslumbrante por momentos y elogiado por toda la prensa deportiva internacional; un equipo francamente armonizado y sincronizado cuyos futbolistas, todos ellos triunfadores en sus respectivos equipos, han demostrado que sus éxitos en otras competiciones también son extensibles a la máxima categoría en un campeonato entre selecciones; una unidad en el vestuario digna de encomio; tanta humildad y prudencia como categoría y entrega con el balón en las botas... En conclusión, una selección soberbia, ejemplar, que ha conseguido ilusionar a una afición demasiados años agotada de acumular fracasos y decepciones. Desde esta perspectiva- -no ya la deportiva- la selección ha conseguido convertirse en estas semanas en un auténtico fenómeno sociológico. Dos conceptos avalan este argumento: la recuperación a nivel nacional de la ilusión de los aficionados en el fútbol, el deporte con más capacidad de movilización en el mundo y el que más pasiones genera; y, en segundo lugar, el orgullo de millones de ciudadanos de exhibir sin ridículos complejos ni absurdos pudores su condición de españoles y su orgullo por la bandera nacional y por el escudo constitucional que los jugadores lucen en el pecho. Miles de familias en toda España han colgado en sus balcones banderas rojigualdas como muestra de sincera identificación con la selección y sus metas deportivas o, más sencillamente, con la idea de España como una gran C nación, como una gran potencia deportiva en el mundo. A su vez, cientos de miles de ciudadanos se han congregado en calles y plazas, bares o locales de ocio, auditorios o polideportivos- -hasta en plazas de toros- para seguir juntos, con una misma voz de ánimo, la evolución del combinado español. Desde luego, no son datos anecdóticos. Con todo, otro logro indudable del fútbol español es haber conseguido sumarse al fin a la larga lista de éxitos de nuestros deportistas en todo el mundo. Era una deuda pendiente que desde tiempo atrás habían saldado tanto a nivel colectivo como individual, por ejemplo, el baloncesto- -campeones del mundo y subcampeones de Europa en dos años con los chicos de oro el tenis- -ahí está Rafael Nadal encabezando la Armada española con cuatro triunfos consecutivos en Roland Garros- el balonmano, el golf, el ciclismo, el automovilismo, el motociclismo y un largo etcétera. Ahora, con el final de la Eurocopa, los Juegos Olímpicos de Pekín, la otra gran cita deportiva del año, brindarán al deporte español una nueva ocasión para demostrar su altísimo nivel en el mundo, aunque lamentablemente no podrá ser con el fútbol. Con el triunfo de anoche ante el rocoso combinado alemán, la selección- -y con ella los millones de aficionados que hasta altas horas de la madrugada inundaron calles y plazas de todas las ciudades para festejar la Eurocopa- se ha sacudido de encima la opresión que bloqueaba al equipo en las citas decisivas. Ha puesto fin a mitos como el de la imposibilidad de vencer a Italia en una fase final, lo que no ocurría desde hace más de ochenta años, y el de acabar con el maleficio de los cuartos de final y con la condena de no superar las dichosas tandas de penaltis. La selección ha descatalogado, en definitiva, aquella célebre frase acuñada por el futbolista británico Gary Lineker, según la cual el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre gana Alemania. Anoche no. Enhorabuena, España.