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64 MADRID Drum parade s La fiesta inunda el centro DOMINGO 29 s 6 s 2008 ABC Drum Parade se convirtió en un desfile colorista que inundó el paseo del Prado de personajes extravagantes Drum Parade electriza Madrid Drum Parade, una caravana musical, recorre el Paseo del Prado para, al ritmo de compases electrónicos, reclamar que la cultura musical y artística tenga cabida en las calles de la ciudad s Varios miles de personas pasaron la tarde disfrutando de la fiesta POR GUILLERMO D. OLMO FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Buen rollo, muy buen rollo. Eso era lo que se respiraba ayer, pese al sofocante calor, en el paseo del Prado. Una caravana de camiones- discoteca atronaba a la sombra de los árboles. Desde ellos la energía de la música se derramaba sobre una multitud saltarina que disfrutaba de Drum Parade, un evento que se ha ganado con derecho propio un lugar señalado en el calendario de hitos festivos del verano madrileño. Batusi Drum Parade es una concentración peculiar, como peculiar es el hombre que la concibió. Batusi, que así se hace llamar, abandonó su Argentina natal en la época de la dictadura militar. Se marchó a Berlín, donde vivió la pasión del Love Parade, la procesión musical referente en Europa. Con cincuenta años y la piel curtida por toda una vida en la noche, explica: yo quería revivir la emoción de lo que sentía en Berlín, con toda la gente bailando en la calle Así que contactó con varios colectivos de Lavapiés, que se embarcaron con él en hacer realidad una idea con la que ayer se divirtieron varios miles de madrileños y turistas. Yo lo que quiero es que la gente tome la calle, que se divierta en ella, como ocurre en otras capitales europeas Tan inusual reivindicación se alcanzó, al menos por unas horas. Entre las 6 y las nueve de la tarde, ignorando un termómetro que no daba tregua, el asfalto recalentado de la capital se convirtió en lugar de fiesta propicio para todo el que deseara sumarse. Junto a la batucada que se montó, un grupo de tres veinteañeras contaba cómo se guiaban entre el gentío: Nosotras seguimos la música A pocos metros, un joven toledano tenía bien clara su valoración sobre Drum Parade: ¡Esto está de p... madre! vociferaba, mientras se adentraba dando brincos en el centro de la pista de baile, que esta vez, era un paso de cebra. El calimocho que derramaba sobre los presentes entre tanta excitación no parecía importar a nadie. Se fundía con el sudor y la alegría. Jorge, vestido de majorette y con el torso embadurnado de pintura, es otro de los promotores. Satisfecho por la gran afluencia de público, contaba por qué Madrid necesita Drum Parade: Para que la gente sea feliz, para que se olviden de los problemas que nos amargan el día a día comenta envuelto en la nube de humo de marihuana que emana de una multitud que no se cansa de botar. Irene, otra de las encargadas de la organización, presumía del civismo de los asistentes: Aquí nunca hay incidentes y los servicios de limpieza siempre nos felicitan Pero no todos los que vivieron Drum Parade lo tenían previsto. Muchos se toparon con un pelotón multicolor, junto al que decidieron quedarse. Era el caso de un matrimonio que rondaba los cincuenta, que observaba boquiabierto pero divertido el aspecto de muchos de los presentes. Superado el impacto de cruzarse con un joven con cresta y pendientes en los pezones, el marido le comentaba a su esposa: Que sí, mujer, que son gente sana; si ninguno ha roto nada Poco después, entre dudas, se planteaba: Esto debe ser para anunciar Rock in Rio Se equivocaba. Esto era, sólo, para que la gente sea feliz.