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10 OPINIÓN DOMINGO 29 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM EL HOMBRE QUE NO DUDA I alguna vez se le seca el cerebro a José Luis Rodríguez Zapatero no será, como a Don Quijote, del poco dormir y del mucho leer Ignoro hasta donde llegan las lecturas del líder que ríe; pero está claro que, incapaz de enfrentarse con la realidad, anda sumergido en sueños continuos. Ahora, como para demostrarlo, le ha dicho a El País que confía en Juan José Ibarretxe. No tengo ninguna duda, enfatiza, de que acatará la legalidad ¿Por qué ha de hacerlo en esta ocasión cuando viene sin hacerlo, y ese es precisamente su perfil político, desde que se instaló en la Lehendakaritza? M. MARTIN Ibarretxe, si democráFERRAND ticamente hablando entendemos por leal a quien, subido en cualquiera de los escalones del poder representativo, acata las leyes e impulsa el cumplimiento de cuanto proclaman, es un hombre profundamente desleal; pero, a cambio, es sincero. No engaña nada más que a quienes quieren engañarse cuando escuchan sus sofismas elementales y ramplones. Ahora dice que la democracia española está enferma Nada más cierto. ¿Cómo no ha de estarlo cuando los nuevos caciques secesionistas, él entre ellos, hacen gala soez y provocadoramente de desprecio a la letra y el espíritu de la Constitución de la que emana el poder que ostentan? Si, como dice Alfredo Pérez Rubalcaba, Ibarretxe sabe de antemano que su propuesta de consulta popular no saldrá adelante y que el Tribunal Constitucional la declarará ilegal, la situación es aún peor y más reprobable desde un punto de vista ético. Antes que la independencia del País Vasco, para la que sigue un trámite equivocado y felón, lo que pretenden el titular del Gobierno de Vitoria, el tripartito que lo sostiene y la madre que les parió es el mal de España, la perturbación permanente que dificulte la gobernación del Estado en un tiempo difícil, agitado por crisis internacionales, en el que sería conveniente una acción común y coordinada entre todas las fuerzas políticas presentes. Al menos si es cierto que lo que se pretende en primer lugar es el bienestar a los 46 millones de ciudadanos censados. Zapatero debiera dudar más, aunque ello fuera en perjuicio de su sonrisa profesional. Quien no duda y se instala en la certeza, además de renunciar al ejercicio de la inteligencia, se apunta al error continuo. De hecho, lo que ahora hace Ibarretxe es una secuela de lo que hizo en la legislatura anterior, también sin tener duda, el presidente del Gobierno de España: aceptar la paridad negociadora de ETA y toda su patulea. En lo único que no hay dudas es en que el ámbito de la decisión del pueblo vasco coincide, milimétricamente, con el ámbito extremeño, cántabro, gallego, aragonés... y de que, acate o no la legalidad, lo que no tiene Ibarretxe es legitimidad ninguna para proponer lo que pretende, un acto grave de traición constitucional. S PROVERBIOS MORALES CASTELLANO UANDO voy a Barcelona o a Valencia, me cuesta encontrar libros en catalán. No quiero decir que no los haya, pero, en las librerías, la sección en lengua catalana suele ser marginal respecto a la de los libros en castellano, y esto sucede incluso en las marcadamente catalanistas. En Bilbao o Santiago, la proporción de títulos en eusquera y gallego es aún menor. Tal circunstancia me disgusta, porque la literatura en estas lenguas me interesa, y deploro no dar con secciones bien abastecidas en ciudades donde uno esperaría oferta abundante de la misma. No hay misterio alguno. Los dueños de estas librerías, que suelen ser nacionalistas, están sinceramente interesados en la difusión del libro en vernáculo, pero saben que sólo el libro en castellano les permitirá sobrevivir. Es lógico: la producción editorial en castellano, dirigida a un mercado internacional muy amplio, es incomparablemente más vasta y variada que la destinada a un público de lengua minoritaria. En Cataluña, Galicia y el País Vasco, quienes buscan acceder a la cultura letrada lo hacen fundamentalmente en castellano, y esto incluye a los propios JON escritores en catalán, gallego y eusqueJUARISTI ra, que cultivan su parcela en lo que se ha dado en llamar lengua propia, pero que consumen literatura en castellano por encima de la media de los lectores no profesionales. En toda España, insertarse en la cultura letrada- -un amigo mío, poeta en catalán, excelente como poeta y como amigo, diría inserirse sólo para subrayar la diferencia- -requiere una formación de calidad en lengua castellana. Suprimirla y sustituirla por una inmersión escolar en cualquier lengua de minorías equivale a vedar el acceso (o dificultarlo en gran medida) a una cultura que rebase la sombra del campanario. Cuando, siendo estudiante de bachiller, quise aprender eusquera y acercarme a la literatura en esa lengua, tuve que realizar un sobreesfuerzo que me llevó muchas horas de estudio en C solitario, sin guía alguno. Fui un aprendiz afortunado, porque disponía de una biblioteca familiar espléndida. Con todo, no pude evitar las carencias del autodidacta, que no estorbaron a los que, en la generación posterior a la mía, adquirieron el eusquera a través de la enseñanza formalizada. Los estudiantes actuales de Cataluña y del País Vasco se enfrentarán, si intentan remediar las deficiencias de su conocimiento del castellano, a problemas semejantes a los que yo tuve para aprender el vasco. Es cierto que no tendrán dificultad en adquirir un registro oral más o menos comprensible, a partir de la lengua de la calle, de la televisión, etcétera, pero no me refiero al uso puramente instrumental del castellano, con el que los nacionalistas parecen conformarse, sino al dominio de dicha lengua como base y requisito de una cultura sólida. Para ello no basta la lengua oral: es preciso transitar mucho tiempo por los textos. Aprender a leer, que no es lo mismo que aprender a deletrear. A estas alturas, me parece absurdo defender una lengua como símbolo, expresión o fundamento de una nación (que, por cierto, es lo que hacen los nacionalistas) Que una lengua común no asegura una existencia nacional si falta un proyecto de vida en común, es algo perfectamente demostrado en el caso de la ex Yugoslavia, por no mirar más cerca. Lo grave de la ofensiva nacionalista contra la enseñanza del castellano no está en el peligro de fragmentación política, sino en la mutilación mental infligida a los escolares inmersos en las lenguas llamadas propias, a los que se priva del derecho de acceder a una cultura definida por las destrezas letradas, y no por la alfarería ni por las danzas regionales. El planificador nacionalista, que además de imbécil acostumbra ser lingüista, arguye de ordinario que una buena enseñanza del inglés haría innecesario el recurso al castellano. Con independencia de que la transformación de las ikastolas en colegios británicos resultaría altamente positiva desde un punto de vista civilizado, subsistiría la necesidad del mantenimiento y desarrollo de lo adquirido, que exigiría viajes semanales a Londres (aunque, para los de Bilbao, eso nunca ha supuesto un problema)