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106 DEPORTES Eurocopa 2008 Rusia- España VIERNES 27 s 6 s 2008 ABC Las calles de Barcelona, a la hora del partido YOLANDA CARDO El festival de arte de Paiporta se convirtió en otro estadio EFE La roja vació las calles de España y las reconquistó en una noche triunfal Los Príncipes vivieron junto a la afición española un partido emocionante A. D. Doña Letizia se agarraba al brazo derecho del Príncipe, en el palco, como media España se agarraba a sus parejas, familiares o amigos, en sus casas o en locales públicos, para contener la tensión. El gesto de fuerza y de confianza de Doña Letizia, con el brazo, cuando Xavi marcó el 1- 0, fue la imagen de un sentimiento nacional. Ese gesto fue repetido por millones de compatriotas delante de pantallas y televisores. Ayer, 26 de julio, era el Día de España. Los Príncipes mostraron su enorme felicidad en el palco del Ernst Happel y 46 millones de compatriotas vibraron de alegría en España, en Viena, en el estadio y en todo el mundo, desde Australia a Nepal, pasando por México. Ciudades, pueblos, pedanías, todas las calles de las poblaciones de España se quedaron vacías durante dos horas. No se vio siquiera a Carod Rovira, a Puigcercós o a Urkullu, aunque no dio tiempo a mirar con detenimiento los quinientos mil kilómetros cuadrados que forman nuestro país. Durante ciento veinte minutos, la roja dejó sin alma las ciudades y los aficionados invadieron los bares, los pubs y las múltiples zonas con pantallas gigantes colocadas por ayuntamientos y empresas de toda la piel de toro (con perdón de los antitaurinos) El alma de ese sentimiento nacional estaba centrado en un televisor. Demasiada fuerza contenida en tan poco espacio. La energía llegó hasta el estadio Ernst Happel. Y cuando el colegiado señaló el final del encuentro, las tornas se volvieron lanzas de fiesta. Esos 46 millones de españoles abandonaron al televisor y conquistaron las fuentes, plazas, avenidas y calles de toda España. Y de Viena, pues los españoles presentes en el estadio, que ya con- El ambiente en las calles de Madrid quistaron la ciudad horas antes del encuentro, declararon la Reconquista de la capital austríaca bajo el diluvio. La fiesta fue el premio a un partido que nació con mucha tensión. En las gradas, la lesión de Villa extendió la preocupación entre los forofos de la roja porque España dominaba y la ausencia del asturiano podía dejarla sin remate. Mientras el goleador lloraba en el banquillo, su ausencia se lloraba por dentro, en el pensamiento de la grada hispana. Y a falta de Villa, llegó Xavi, un centrocampista, para solu- El gesto con el brazo de Doña Letizia, en el 1- 0, definía el sentimiento de 46 millones de españoles