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ABC VIERNES 27- -6- -2008 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 95 Calamares gigantes y fosforescentes ¿Cree usted que ya está todo descubierto? Pues no. Los humanos buscan hielo en Marte y aún no saben lo que tienen en la Tierra bajo el agua. Todavía hay muchísimas más especies marinas desconocidas que conocidas. Sobre todo en las profundidades oceánicas más abisales, allí donde la vida parece casi implanteable. Hablamos de unos fondos marinos muy fríos y muy oscuros, con muy poco oxígeno y con una presión que multiplica por mil la de la superficie. En este medio espantoso para nosotros y para la mayoría de las criaturas florecen especies de pesadilla o de ensueño, según se mire. Bacterias alimentándose de sedimentos con millones de años de antigüedad. Arrecifes de coral cuyo esplendor rivaliza con los mucho más emergentes en los trópicos. Peces bioluminiscentes, con una especie de lámparas rojas vivas bajo los ojos. Calamares fosforescentes y gigantes de hasta quince metros. Etc. Parque Nacional de Dry Tortugas, en las aguas costeras de Florida (EE. UU. AP Crean un google de la vida marina en busca del millón de especies Nace con el objetivo de catalogar y unificar las denominaciones de la fauna oceánica, ya que los registros actuales están dispersos y tienen entradas duplicadas ANNA GRAU NUEVA YORK. ¿Cuántas especies marinas habitan el Planeta? Pues al cierre de esta edición se tenía constancia de 178.955 especies, de las cuales 122.559 se pueden considerar especies válidas (no redundantes, es decir, que no sea la misma especie con cuatro nombres) y ya hay 101.915 especies perfectamente acreditadas. Todas ellas constan en un nuevo Registro Mundial de las Especies Marinas que científicos, estudiantes y simples curiosos pueden consultar en línea. En estos momentos ya incluye 5.684 fotografías y 224.740 referencias taxonómicas. Y el archivo sigue creciendo. Hablamos de una especie de biblioteca del mar en constante catalogación y crecimiento, más bien un google submarino, que se espera que de aquí al 2010 haya indexado ya 230.000 especies. Pero no se descarta llegar al millón o incluso a los diez millones. Hay mucho más bajo el agua de lo que parece a primera vista. La iniciativa parte en el seno del Censo de la Vida Marina. Jesse Ausubel, de la fundación Sloane (uno de los patrocinadores del Censo) cuenta que él le venía dando vueltas a la necesidad de un catálogo marino más o menos desde el año 2000, cuando descubrió que incluso los expertos medioambientales que asesoran a la ONU disponían de poquísima información sobre el volumen total de las especies marinas. Intrigado, Ausubel se fue a ver a Frederick Grassle, de la universidad norteamericana de Rutgers y autor del único informe sobre vida marina de que disponía la organización. Ausubel le preguntó frontalmente a Grassle cuántas especies creía él que hay bajo el mar, y se quedó pasmado al ver que Grassle no las tenía todas consigo. Fue él quien desplegó sus estimaciones entre el millón y los diez millones. No es lo que se dice una horquilla muy apretada. do se empieza a separar el grano de la paja y a eliminar nombres repetidos. Mark Costello, uno de los fundadores del registro y adscrito a la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, destacó que una de las mayores sorpresas que se han encontrado es la gran cantidad de estas repeticiones. El índice ha eliminado nada menos que 56.400 denominaciones científicas de especies que se utilizaban hasta ahora, lo cual supone un 32 por ciento de todas las especies que se consideraban conocidas. Por sí sola esta circunstancia da la medida de lo inseguro y falible que se siente el ojo humano en el océano. Aunque la vida tal y como la conocemos procede de los mares, es tanta la lejanía de ese origen que ahora hay que reaprender casi desde el principio el que fuera nuestro hábitat. Casi como el niño que ha olvidado cómo nació y descubre con sorpresa el mecanismo de la reproducción humana. Un ejemplo curioso es el de la Halichondria panicea una esponja marina que aparece por primera vez en la literatura científica en 1776, ha acu- mulado desde entonces hasta 56 nombres distintos, todos ellos en latín. No parece que el solemne recurso de nombrar las cosas con la lengua de nuestros mayores salve del error. Fue el naturalista Carlos Linneo el que inventó el sistema de identificación de las especies siempre con dos nombres en latín, el primero para el género, el segundo para una clasificación más específica dentro de ese género. Pues ni Linneo se libró de meter la pata o de ver doble: se le colaron hasta cuatro nombres distintos para la misma especie de cachalote, que por cierto se siguen utilizando hoy. A ver quién le enmienda la plana a Linneo. De todo ello se deduce que el nuevo Registro Mundial de Especies Marinas se parece un poco a nuestra Real Academia de la Lengua: no sólo investiga y descubre especies nuevas sino que limpia, fija y da esplendor a las antiguas. Un error de base Horizonte máximo A día de hoy se considera que Grassle exageraba, y que un horizonte máximo de un millón de especies se ajusta más a la realidad taxonómica de los fondos marinos. Sobre todo cuan- Ni siquiera los registros de la ONU tienen datos fiables del número de especies oceánicas La Halichondria panicea una esponja marina, acumula hasta 56 nombres distintos Más información en: www. marinespecies. org