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10 OPINIÓN VIERNES 27 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM LA ESPERANZA DE AGUIRRE ESDE que, hace ya veinticinco años, Esperanza Aguirre comenzó su carrera representativa como concejal del Ayuntamiento de Madrid ha demostrado sobradamente que tiene la ambición de quienes suelen llegar a la meta, la voluntad que convierte en valiosa cualquier dosis de talento y una- ¿declinante? -posición liberal que, más antes que ahora, la ha diferenciado de sus compañeros de militancia y dedicación políticas. De ahí que resulte sorprendente, y hasta dolorosa, la acrimonia que luce en los últimos tiempos una de las mejores cabezas políticas del paisaje español. M. MARTÍN Da la sensación de FERRAND que, en un pintoresco caso de desorientación intelectual y política, la hoy presidenta de la Comunidad de Madrid anda equivocada de enemigos. Grave error es ese, cuando se produce, porque la brújula de los rumbos sabios siempre marca una dirección equivocada y termina por resultar inevitable el naufragio. Aguirre ha perdido más fuerza en sus rencillas con Alberto Ruiz- Gallardón que en su pugna contra la oposición en la Asamblea de Madrid y eso es un disparate. Incluso en lo mediático, que es una de sus pasiones, ha preferido el mal que el bien y ha llegado a la contradicción liberal de, siendo heredera de Telemadrid, ampliar el negocio con La Otra, una segunda cadena regional que presenta la originalidad de tener consignas y no tener espectadores. Ahora, Esperanza Aguirre, en uso de sus prerrogativas presidenciales y en exceso de acritud formal, ha remodelado el Gobierno de la Comunidad. De entrada, hay que aplaudirle que sus consejeros sean hoy menos de los que eran ayer. El despilfarro autonómico, del que Madrid no se salva, bien merece algún recorte y cuantos menos sean los rabadanes menos serán también los corderos que habremos de juntar los zagales y pastores- -los contribuyentes- -para su alimentación y sostenimiento. La mayoría de los medios informativos, incluso los de la preferencia de la presidenta, han interpretado la remodelación de su equipo como una purga de quienes han manifestado últimamente, al aire del Congreso de Valencia, su apoyo a Mariano Rajoy. No suelo emitir opinión alguna sobre las intenciones que pudieran impulsar la conducta ajena, que ese es el mayor de los pecados de un periodista; pero sí parece que Aguirre castiga a quienes simpatizan con Rajoy y, aunque no fuese cierto, demuestra que a la esperanza de Aguirre le tiembla el pulso y terminará por apuntar a un farol y matar a una vieja. Instalados, como desgraciadamente estamos, en una partitocracia escasamente representativa y nada parlamentaria resulta imprescindible que los notables de cada sigla, que han sido elegidos por sus líderes antes que por la adhesión popular, se desayunen todos los días con un sapo. No estoy seguro de que la humildad sea una virtud individual; pero, sin duda, es una exigible práctica política. D -Por qué la política no apasiona tanto a la gente como la simpleza del fútbol? ¿Será quizás porque entre otros deseos nuestros molesta el de mandar sobre los demás? TRES PAÍSES, DOS ESTILOS ENGO experiencia directa con dos países afectados severamente por la crisis que barre la economía mundial: Estados Unidos y Alemania. Estados Unidos atraviesa uno de los peores momentos del último siglo, con retroceso de todas las clases sociales, especialmente la media, que en muchos casos se ha convertido en baja. Hay millones de familias que no pueden permitirse el lujo de tener un seguro de enfermedad, de enviar a sus hijos a la universidad, de tener un empleo seguro o un sueldo digno. El déficit es astronómico, las posibilidades, cada vez más limitadas, el porvenir, más negro. La guerra de Irak ha succionado el oxígeno necesario para atender capítulos tan básicos como la educación, las infraestructuras, la salud pública, el cambio climático y la competitividad. Sólo un porcentaje mínimo de la población- -ligado al petróleo- -mantiene ganancias, pero incluso las grandes compañías sufren pérdidas considerables. Es en este contexto donde hay que situar el emerger de Obama en las primarias y su victoria sobre una rival mucho más conocida y experimentada. Los norteamericanos quieren cambio, toJOSÉ MARÍA tal, a fondo. CARRASCAL Por su parte, Alemania viene arrastrando un pesado lastre económico desde la caída del muro berlinés. La absorción de los 17 millones de alemanes orientales, a los que se reconoció la igualdad en todos los aspectos, desde las pensiones a las cuentas bancarias, pese a que su moneda tenía mucho menos valor que la occidental, fue un plato demasiado indigesto incluso para una de las economías más potentes del planeta. Para que se hagan una idea, imagínense que España tuviese que absorber de golpe nueve millones de inmigrantes que llegasen con plenitud de derechos adquiridos. Pero Alemania lo consiguió, eso sí, con enorme esfuerzo. Y a punto ya de completar la digestión, cuando las cuentas empezaban de nuevo a cuadrar y los alemanes orientales trabajaban como los oc- POSTALES T cidentales, llega la crisis del petróleo y de las hipotecas basura. Otro frenazo y marcha atrás. Les cuento estas dos historias tristes no para unirme a la salmodia los otros tienen también dificultades de nuestro presidente, sino para todo lo contrario. Esos dos países han afrontado la crisis económica con su estilo particular, pero de forma completamente distinta a nosotros, que no hemos hecho nada para preverla ni afrontarla. Hace ya años que Alemania hizo de tripas corazón, una vez asumido que la reunificación iba a tener costos de todo tipo, sacrificios tanto de los partidos como de los ciudadanos, que han llevado a una gran coalición de gobierno y a una conciencia de crisis por parte de todos los estamentos de la sociedad. Se congelaron las pensiones. Se aumentaron las horas de trabajo. Se recortaron las prestaciones, se eliminó burocracia, mientras la gente hacía lo mismo en su esfera particular. Me sorprendía, viniendo de España, oír a conocidos y parientes decir: Este año hemos reducido a la mitad las vacaciones o Tomamos el tren, en vez del coche mientras aquí lo que mandaba era irse cada vez más lejos y por más tiempo. Pero el resultado de esa actitud está a la vista: Alemania está mucho mejor preparada que España para aguantar esta crisis con cifras de crecimiento no espectaculares, pero sólidas. En Estados Unidos, el ajuste es mucho más brutal. Los norteamericanos, como les decía, viven hoy peor que los españoles. La crisis alcanza a prácticamente a todos los sectores, pero a nadie se le ocurre pedir ayuda al Gobierno. Saben que tienen que sobrevivir por sus propios medios. ¿Cuáles? Trabajar más- -las horas extraordinarias están a la orden del día- gastar menos- -hay familias que sólo compran las ofertas de los supermercados- eliminar todo lo superfluo, viajar lo imprescindible. Y pese a esa guerra maldita y a ese Gobierno incapaz, todos los norteamericanos están convencidos de que saldrán de esta crisis, como salieron de otras anteriores. Yo también lo estoy. De lo que ya no estoy tan seguro es de que salgamos nosotros.