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82 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos en sus comienzos y actual disidente de las formas más extremistas de aquel movimiento, sus últimos libros publicados han sido unos excelentes ensayos titulados La maldición de Eva, los cuentos Érase una vez, que reunían sus volúmenes Dancing Girls y Good Bones (Lumen) así como el excelente conjunto, también de relatos, Desorden moral (Bruguera) Unos relatos no pocas veces salpicados de un reguero de huellas autobiográficas. Hija de un científico (cosa que le influiría fuertemente tanto en su poesía como en su conciencia de defensa de la Naturaleza durante su vida adulta) un entomólogo forestal, para ser exactos, esta vista hacia el pasado y la condensación de su recorrido vital (infancia, primera juventud, años 60 y comienzos como enseñante de literatura en la Universidad, divorcio temprano) habían aparecido, sobre todo los primeros años de niñez y adolescencia en Toronto, en una de las iniciales obras por la que obtuvo un extenso reconocimiento mundial: Ojo de gato, de 1988. En ella, una artista regresa a la ciudad donde vivió y recuerda la niña que fue y la atmósfera en la que se produjo tanto su formación, como ciertos acontecimientos recuperados por la memoria con un regusto amargo. Nacida en el seno de una familia feliz, nadie sospecharía que entre los cuatro muros del hogar se escondieran insospechados infiernos que marcaron la existencia de una niña amada por todos, pero víctima de la crueldad de ciertas compañeras de su escuela. Extremadamente culta y leída, profunda conocedora de la literatura universal, la mente y el ojo de Margaret Atwood se ejercitan en todo momento, en cualquier fase de su escritura o género escogido, de una manera clarividente, directa, exacta, desinhibida, penetrante y a la vez ajena a inútiles rodeos u ornamentos. Eso mismo que ella dice admirar en autores muy queridos como Orwell: Su insistencia en el uso de un lenguaje claro y preciso. La prosa debe ser como el cristal de una ventana dijo en una ocasión, abogando por el lenguaje directo en contra de las florituras, los eufemismos y de esa terminología sesgada que no debe, en ningún momento, oscurecer la verdad Algo que ella aplicaría, sin cesar, al pie de la letra, a lo largo de toda su contundente y cristalina obra llena de verdades y fuertes convicciones, pero también de humildad, ironía y falta de arrogancia prepotente, como sucede en muchos otros casos. JUEVES 26- -6- -2008 ABC La prosa de cristal de Margaret Atwood, Príncipe de Asturias de las Letras El jurado estima que la autora canadiense asume inteligentemente la tradición clásica defendiendo la dignidad de las mujeres POR MERCEDES MONMANY MADRID. Narradora, poeta, crítica literaria, ensayista, profesora universitaria e incansable defensora de los derechos civiles, implicada en los más diversos frentes abiertos de nuestra era, desde la ecología y la salud del planeta al desarme o la lucha por la igualdad de hombres y mujeres, la canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939) comenzó muy pronto a escribir, a los 16 años, y lo hizo con un género, la poesía, que es el que menos la ha dado a conocer a lo largo y ancho del mundo, donde es la admirada novelista, o narradora en su más amplio espectro, de éxitos incesantes y tan rotundos como El cuento de la criada, Los diarios de Susanna Moodie, Ojo de gato, Resurgir, Doña Oráculo, Alias Grace o El asesino ciego. Irónica, en huida permanente de los clichés así como del encorsetamiento teórico y doctrinario, intelectual dotada de gran agudeza crítica y descriptiva, sanamente lúcida, chispeante y siempre ingeniosa tanto en entrevistas como en ensayos o artículos, además de en su obra de creación propiamente dicha, Margaret Atwood es conocida por obras en las que sus protagonistas tienen que enfrentarse a menudo con una variada confabulación de fuerzas de la realidad. Unas fuerzas que operan contra ellos y que van desde Estados futuros y tiránicos- -en obras de ciencia- ficción o pesadillas apocalípticas- mecanismos del poder desencadenantes de todo tipo de injusticias, verdugos de la infancia, normas sociales estrictas y rebosantes de prejuicios, aridez e incomprensión en las relaciones personales o discriminación a la hora de vivir y crear dentro de un género determinado. Perteneciente a una saga de mujeres novelistas de altísimo nivel, nacidas en el Canadá poscolonial, como serían Margaret Laurence, la centenaria y espléndida Mavis Gallant, una prodigiosa Alice Munro o Anne Michaels, Atwood sería junto a ellas y otros grandes como Robertson Davies, de los pioneros, por así decirlo, de una literatura antes tan sólo representada por los grandes imperios de los que provenían. Alumna del prestigioso crítico Northrop Fry, feminista Defensora de la Naturaleza Más información sobre el premio: fundacionprincipedeasturias. org LA NOVELA ES UNA FORMA MORAL POR NATURALEZA ANNA GRAU CORRESPONSAL NUEVA YORK. Cuando se supo que la poeta, novelista, crítica, activista literaria, feminista y ecologista Margaret Atwood había ganado el Príncipe de Asturias de las Letras empezó la caza por toda América del Norte. ¿Estaría en Toronto, donde reside con su compañero, también novelista, Graeme Gibson, en una casa tan autoexigente energéticamente que no tiene ni aire acondicionado? ¿O en la isla de Peele, donde pasa mucho tiempo? ¿O en Nueva York, adonde es invitada habitualmente por el PEN americano? Al final resultó que el Príncipe de Asturias la había pillado en Londres, donde pronunció las primeras palabras de emoción y agradecimiento. Especialmente contenta se mostró por el argumentario del galardón: porque le elogien su agudeza y la ironía en toda clase de géneros tanto como su defensa de la dignidad de la mujer, así como la denuncia de la injusticia social No es habitual en los tiempos del best- seller celebrar el éxito de un escritor comprometido tanto con la estética como con la ética. Interrogada sobre este punto, Atwood hizo un nuevo alarde de su ironía aguda y se mostró convencida de que todo novelista serio tiene un compromiso con la calidad, con lo bien escritas que están sus obras Y la novela es una forma moral por naturaleza, no se puede contar una historia sin que acabe bien o mal concluyó. Margaret Atwood acepta con gusto que la califiquen de mujer escritora, incluso de escritora feminista, aunque no se considera del tipo programático. Si se le pregunta cómo se lleva eso en un mundo donde las jovencitas ya no persiguen el ideal de Virginia Woolf o Simone de Beauvoir, sino el de las protagonistas de Sexo en Nueva York, Atwood advierte de que no todo tiempo pasado fue necesariamente mejor: Sabe, en realidad nunca ocurrió que todas las jovencitas quisieran leer a la Beauvoir Optimista, ella cree que el entretenimiento frívolo no excluye la inquietud intelectual de altos vuelos, incluso la inquietud política. El péndulo está siempre oscilando, y yo di- Los Príncipes de Asturias le enviaron ayer un telegrama señalando que profundiza en los problemas de la sociedad contemporánea desde la sensibilidad de su compromiso poético ría que ahora vuelve a oscilar hacia un plano más político, especialmente en cuestiones medioambientales asegura. No le teme a la muerte de la lectura. Cree que leer es como la energía, que no nace ni muere sino que se transforma: la industria editorial tradicional tendrá que hacer frente a los retos de internet y de nuevos artilugios como el Kindle. Se leerá de otra manera, pero se leerá. No recuerda las razones que tenía para empezar a escribir a los 16 años. Ahora está editando una novela que aparecerá en 2009, que es el año en que ella cumplirá los 70. ¿Sus razones para seguir escribiendo? Pueden leerlas en la introducción de mi libro Negociando con los muertos, que por cierto, lo escribí en Madrid invita.