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ABC LUNES 23- -6- -2008 Eurocopa 2008 España- Italia DEPORTES 99 Doña Sofía felicitó personalmente a Luis Aragonés y a los jugadores al concluir el partido EFE LUIS SE DERRUMBÓ EN LA TANDA DE PENALTIS El seleccionador se retiró al vestuario porque no pudo aguantar el subidón final de la ruleta rusa. Como dice él, necesitaba el segundo de intimidad JULIÁN ÁVILA VIENA (AUSTRIA) El calor bochornoso de la noche vienesa desveló a mucha gente. También al seleccionador, un hombre que acostumbra a dormir poco y rápido. Posiblemente su mente jugó el partido una y otra vez. La pizarra, el fallo, el acierto, el mal despeje, el desmarque... Todas las variables a favor y en contra. Ayer Luis madrugó como de costumbre. Siempre atrapado por el trabajo. No había mucho de especial en este partido. Él es así. Machacón con las cosas a sus sesenta y nueve años. Cumplió con la rutina del día de encuentro. No salió al paseo ni a los estiramientos. Se reunió en la comida. Un ágape algo especial porque hasta el hotel de concentración se desplazó el presidente de la Federación, Ángel María Villar, para dar cobertura a los internacionales. La jornada se hizo algo cuesta arriba por culpa del teléfono móvil. Tuvo que atender un carrusel de llamada de amigos, conocidos y periodistas, mientras el buzón de los mensajes no daba para más. Full Luis no hace siesta. Tampoco era el día. La charla técnica, a eso de las cinco y media, supuso el punto del no hay retorno. El partido arrancaba. España llegó al estadio a las siete y diez minutos. Fue la pri- El seleccionador dedicó buena parte del día en contestar a las llamadas telefónicas de ánimo y leer los mensajes Villar comió con la plantilla y allí Luis le transmitió esa seguridad mera, agasajada por los seguidores españoles en los aledaños del estadio. Luis bajó el segundo y enseguida se puso al frente de la expedición. Carpeta negra en mano, bien afeitado y con la mirada fija en el frente. Sonó de nuevo el teléfono. Respondió con brevedad, casi sin tiempo para decir adiós. Móvil al bolsillo para enfilar el pasillo camino de la caseta. Allí se encerró hasta que los equipos, ya formados, saltaron al campo con el colegiado. Salió de los últimos apoyado sobre las botas multitaco, rodeado por sus hombres de confianza y se situó en su puesto habitual. Recostado contra el costado derecho del banquillo. Como el partido discurrió al principio a paso de Semana Santa y sin sobresaltos, apenas se movió. Hasta el minuto veintiuno, para dar instrucciones a Iniesta. Desde ese punto prácticamente no se sentó. España dominaba, pero no encontraba un resquicio en la tela de araña italiana. Con la jugada del penalti a Silva pidió responsabilidades a Fandel, pero el colegiado miró hacia otro lado. El descanso sirvió de poco. Nada de nada. Luis lo abandonó gritando y pidiendo ánimo a sus jugadores. Y el gol no llegó. A la prórroga de cabeza. Y a los penaltis. Un buen cardiólogo sabrá cómo pudo responder su corazón al subidón final de la ruleta rusa.