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90 CIENCIA FUTUROsMEDIO AMBIENTE y www. abc. es cienciayfuturo LUNES 23- -6- -2008 ABC Los vertederos son fuente de emisiones de C 02 y de metano La UE obligará a reciclar al menos el 50 del papel, plástico y vidrio en 2020 España apenas reutiliza el 21 de su plástico, pero ya se acercaba a los objetivos comunitarios en papel (69 y vidrio (44 en 2005 LAURA VILLENA. SERVICIO ESPECIAL. BRUSELAS. El concepto de usar y tirar está en crisis. Hace años que la publicidad, los establecimientos y las etiquetas de los productos han dirigido la conciencia de los consumidores hacia lo reciclable y quedan pocos años para que esta moda pase a convertirse en un imperativo: en 2020 los países de la UE tendrán que reciclar al menos el 50 del papel, el plástico y el vidrio de los residuos domésticos, y el 70 de los desechos no peligrosos que proceden de la construcción y las demoliciones. Así lo establece la nueva directiva europea de residuos que la semana pasada fue aprobada en el Parlamento Europeo y que establece por primera vez una serie de obligaciones a nivel europeo. Sin restarle todo el mérito a una legislación que no deja de ser un avance novedoso, ya han sido varias las asociaciones de ecologistas que han menospreciado los escasos objetivos que establece en comparación con la urgencia que requiere la cada vez mayor generación de residuos y el problema del cambio climático. En el conjunto de la UE se generan cada año 1,8 millones de toneladas de residuos, según datos de la Comisión Europea, y cada ciudadano es responsable de la generación de 3,5 toneladas de residuos al año procedentes de actividades comerciales, como restaurantes y hospitales, y de otras como la industria, la agricultura, la construcción y la minería. A nivel urbano, las cifras no han hecho más que crecer en la última década: de los 460 kilos de residuos generados por persona y año en 1995, se pasó a 520 kilos en 2004 y, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeos (OCDE) esta cantidad podría alcanzar los 680 kilos en 2020, lo que supondría un incremento del 50 en 25 años. La mayor parte de los residuos acaba en vertederos (el 67 o son incinerados, dos métodos que, sin dejar de ser solución, plantean problemas por los serios daños que causan al medio ambiente. Además de comerse el paisaje, los vertederos son fuente de emisiones de CO 2 y de metano que contaminan la atmósfera, el suelo y las aguas de sus alrededores, teniendo consecuencias directas sobre la salud no sólo de animales y plantas, sino también del hombre. Las plantas de incineración de basuras para la obtención de energía son otra salida polémica. Estos hornos gigantes que transforman los residuos en combustible han sido tradicionalmente criticados por los ecologistas, que argumentan que son grandes emisores de dioxinas. Después de un intenso debate, estas instalaciones han recibido el respaldo de la UE. Hasta ahora clasificadas como método de eliminación Bruselas está dispuesta a reconocer a las plantas incineradoras más eficientes como instalaciones de valorización es decir, capaces de reducir el volumen de residuos y transformarlos en combustión de forma controlada y con un nivel de contaminación mínimo. Según la Comisión Europea Incineración Bruselas pone freno al vertido de químicos en playas y ríos Metales pesados, pesticidas y muchas otras sustancias contaminantes son vertidas hoy a las aguas costeras europeas sin que Bruselas pueda llamar la atención a los Gobiernos nacionales. Con la directiva comunitaria sobre calidad de aguas superficiales, aprobada la semana pasada en el Parlamento Europeo, los países de la UE estarán obligados a reducir o eliminar la presencia en sus aguas de 33 sustancias consideradas peligrosas para los ecosistemas marinos, la ca- L. VILLENA dena alimentaría y la salud humana. Los Gobiernos europeos tienen un plazo de dos años y medio para adoptar la normativa y a partir de entonces tendrán que controlar el vertido de estas sustancias (entre las que se encuentran el mercurio y el cadmio) en sus playas, ríos y lagos. La CE exigirá a los Veintisiete la eleboración de un inventario que deberá ser remitido a Bruselas en 2018 en el que tendrán que dar cuenta de las emisiones, los vertidos y pérdidas de estos químicos contaminantes. A las 33 sustancias incluidas en el inventario podrían sumarse otras trece dentro de cinco años, como las dioxinas o el bisfenol, cuyo nivel de contaminación está siendo estudiado.