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92 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 22 s 6 s 2008 ABC La imagen de la expusión del Paraíso en los affreschi de Buonarroti. En la tradición judaica no figura la manzana, sino el higo, como fruta de la tentación ABC La Capilla Sixtina de los cabalistas Docenas de signos cabalísticos están presentes en los frescos de Miguel Ángel. El artista incorporó la mística judía con naturalidad en las escenas del Antiguo Testamento. Y mantenía contacto con una de las comunidades judías más antiguas del mundo JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Para entender a fondo la Biblia hay que acudir a los rabinos, y eso es lo que probablemente hizo Miguel Ángel cuando recibió el encargo de pintar el techo de la Capilla Sixtina, la gran obra maestra en que trabajó cuatro años enteros, desde 1508 a 1512, por encargo de Julio II. Por eso no resulta extraño que cuando un rabino examina la más famosa representación del Génesis descubra docenas de signos cabalísticos, plasmados sobre el yeso fresco por el pincel de Miguel Ángel. Trabajando al estilo de los detectives- -o de los simbólogos en la narrativa popular contemporánea- -un escritor americano enamorado de Roma y un rabino de la Universidad Yeshiva de Nueva York han sacado a la luz mensajes aparentemente escondidos en las imágenes de la bóveda. En realidad no estaban escondidos. Simplemente, habíamos perdido la capacidad de leerlos. Roy Doliner, un artista judío fascinado por el arte cristiano, y Benjamín Blech, un profesor de Talmud en Nueva York, publicaron poco antes del verano Los secretos de la Sixtina pero la noticia no ha llegado a Roma hasta ahora, de la mano de un reportaje en el diario La Stampa otras referencias a la cultura rabínica. Así, por ejemplo, la tentación de Eva gira en torno a un higo, como relata un midrash, y no una manzana, típica de la tradición cristiana. Los autores descubren que en la Florencia de los Médicis, donde se formó Miguel Ángel, se daba una notoria presencia de cultura y pensamiento judíos como, por otra parte, también lo había en Roma. El profesor Benjamín Blech, experto en cábala y mística judía, lo sabe bien, pues fue uno de los rabinos que bendijeron colectivamente a Juan Pablo II en el Vaticano en el 2005, y acompañó en 2006 a Benedicto XVI al campo de exterminio de Auschwitz- Birkenau. La comunidad judía de Roma es la más antigua fuera de Israel, pues es la única que se ha mantenido sin interrupción durante 2.300 años, fuera de la Tierra Prometida. Muchísimos Papas han tenido amigos judíos, médicos judíos, o han cambiado impresiones teológicas con rabinos, como es el caso de Joseph Ratzinger, quien construye en torno a un ensayo del rabino americano Jacob Neusner dos capítulos de su libro Jesús de Nazaret un auténtico best seller mundial. Después de haberse carteado durante décadas, los dos El primer teólogo del cuerpo Además de un genio artístico, Miguel Ángel era un teólogo extraordinario que meditaba durante días y semanas los textos de la Biblia antes de representarlos de modo visible. El pintor exponía su teología con imágenes, en lugar de escribir tratados. Para concebir el techo de la Capilla Sixtina, que representa escenas del Antiguo Testamento, Miguel Ángel contó con el asesoramiento del círculo de teólogos del Papa Julio II pero, sobre todo, con su lectura directa. El artista plasmaba sus ideas, sin dejarse dominar por los gustos de algunos cardenales entrometidos o criticones, que terminarían satirizados en sus frescos. Según Juan Pablo II, Miguel Ángel se guiaba por las palabras evocadoras del libro del Génesis, que al relatar la creación del ser humano precisa que El hombre y su mujer estaban desnudos, pero no sentían vergüenza La Sixtina es precisamente el santuario de la teología del cuerpo estudiosos de la Biblia pudieron estrecharse la mano el pasado mes de abril en Washington durante la visita de Benedicto XVI a Estados Unidos. Cinco siglos antes, a Miguel Ángel Buonarroti le bastaba caminar por las calles de Roma o acercarse al barrio judío, a un kilómetro del Vaticano, para poder cambiar impresiones con grandes expertos en el Antiguo Testamento. Repescando cuidadosamente las coincidencias culturales, Doliner y Blech descubren que el Arca de Noé de Miguel Ángel es una gran caja, como relata el Talmud, y no un barco con una casa encima. O que al profeta Jonás se lo come un enorme pez, como en la tradición judía y paleocristiana, en lugar de la típica ballena, que ganó popularidad siglos más tarde. Los amantes del arte pueden disfrutar con un libro divertido que amplía los puntos de vista y echa tan sólo algunas gotas de imaginación, en lugar de falsear completamente el significado como hace el El Código da Vinci respecto a la Última Cena pintada por Leonardo en Milán. Miguel Ángel está teniendo mejores simbólogos El Arca de Noé según el Talmud Eva tentada por un higo Doliner y Blech han descubierto que algunos personajes menores del techo de la Capilla Sixtina forman claramente letras hebreas, cuyo significado se asocia a una virtud o un vicio del que aportan la inicial. El joven pastor David que está a punto de decapitar al gigante Goliat caído por tierra forma la Ghimel, de gvurá, o sea, orgullo Judit y su esclava forman la Chet de chessed, o sea piedad la raíz fonética de hassidim los judíos observantes. Abundan también