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ABC DOMINGO 22 s 6 s 2008 LA TERCERA 3 LA DERECHA DEL SIGLO XXI Cambian los equilibrios internos. Actores secundarios pasan a primera fila. Con las excepciones de rigor, alguna generación ha perdido el paso con el cambio de agujas. Nada original: siempre la vida misma, cuyas reglas del juego son implacables. El problema, una vez más, no son las personas, sino el magma sociopolítico que a todos nos envuelve, ya sea a propósito o sin querer. Se llama Espíritu de la Época... ISCREPO de algunos amigos inteligentes, no todos de derechas. La crisis del PP no se ha cerrado en falso. En democracia, todo es provisional por definición: sólo los ciudadanos dan y quitan razones. Sin embargo, los populares han roto unos cuantos tabúes. Ante todo, cierta dependencia mediática, a veces más imaginaria que real. Ahora todos sabemos hasta dónde llegan las fuerzas de cada uno. No es cuestión de preferencias subjetivas, sino de hechos concluyentes. Cambian los equilibrios internos. Actores secundarios pasan a primera fila. Con las excepciones de rigor, alguna generación ha perdido el paso con el cambio de agujas. Nada original: siempre la vida misma, cuyas reglas del juego son implacables. El problema, una vez más, no son las personas, sino el magma sociopolítico que a todos nos envuelve, ya sea a propósito o sin querer. Se llama Espíritu de la Época. Admite una visión pesimista: a comienzos del siglo XXI, con la posmodernidad y su traducción política, la democracia de masas, hay que vender el producto a una sociedad de consumidores compulsivos que padecen el síndrome de Peter Pan. Lo mismo, con imagen optimista: sociedad de clases medias, razonablemente próspera, donde la gente quiere gobiernos eficaces. Las dos opciones, en blanco o en negro, conducen al mismo punto: España, Europa, el mundo desarrollado, son así. Sólo los héroes son capaces de luchar contra la marea, y no siempre llevan razón. Por cierto, ¿a cuántos héroes conocen ustedes en política y en la vida? ás allá de mensajes interesados sobre la democracia interna, el PP real es el que sale del congreso de Valencia dispuesto a pasar página y empezar una etapa nueva. Bien está que en el futuro haya primarias a medias, pero es un asunto que sólo afecta al reparto de influencias entre ins y outs los de dentro y los de fuera, como decía gráficamente Bentham. Por uno o por otro procedimiento selectivo, las elites del partido son las que son y no es difícil trazar un retrato fiel del compromisario activo. Antes pasaba sólo en la izquierda. Ahora también la derecha genera su propia clase dirigente por mecanismos de endogamia natural. No se alarmen más de la cuenta. Lo mismo sucede en la universidad, en la oficina o incluso en la comunidad de vecinos. No hace falta acudir a Pareto, Michels y Ostrogorski- -todos de hace un siglo, más o menos- -para hablar de oligarquías y grupos de interés en los partidos. Como si no existieran en otros sitios... El dirigente medio del PP no quiere aventuras. Conoce bien a su gente. Aplauden a Aznar, están irritados con Zapatero y hartos de los nacionalistas, pero no desesperados ni dispuestos a romper ninguna baraja. Quieren ganar las elecciones generales, cómo no, pero disfrutan en casi todas partes de una sólida base de poder local y autonómico que templa cualquier extremismo y diluye las ansias de bronca D permanente. Dado que el nuevo equipo no genera rechazos, las cosas marchan por el camino natural... quí y ahora, Mariano Rajoy les ofrece lo que necesitan. Diez millones largos de votos y una estrategia reforzada por el fracaso patente de los críticos después de una etapa convulsa. Un discurso orientado al centro, sin hacer caso a las estridencias de algún sector que agota los resortes de la política de la indignación. Afirmar que no existe debate ideológico en el PP es una verdad a medias. Por supuesto, no hay discusión académica sobre ideologías abstractas. Carece de significado poner etiquetas de liberal, democristiano y análogas, excepto conservador por cierto, la que nadie quiere. Sí hay, en cambio, dos perspectivas fácilmente reconocibles. Una, el enfoque posibilista y pragmático, que asume el sistema tal como es y actúa con vocación de mayoría, real o potencial. Otra, el estilo moralizante, siempre dispuesto a concebir una realidad radical en nombre de principios abstractos. A veces, ya saben, los árboles impiden ver el bosque. El PP genuino, más aún, el centro- derecha sociológico en la España del siglo XXI, responde por mayoría abrumadora al modelo centrista. Zapatero y sus cómplices fueron felices cuando lograron montar la falacia retórica de la derecha extrema. Tal vez por eso ganaron las elecciones. Si son capaces de analizar con rigor el congreso de Valencia, tendrán que buscar otra fórmula mejor para la próxima vez. ¿Qué hay de las convicciones? España es una nación estupenda, pero un poco peculiar. Los nacionalismos periféricos distorsionan de tal modo nuestra mentalidad política que el historiador de las ideas sufre una profunda depresión por su falta de utilidad. Aquí resulta que el gra- A do de españolismo determina la condición de ser más o menos de derechas. La izquierda libera su conciencia de los muchos pecados capitalistas con gestos para la galería localista de corte romántico y comunitario. Procuro explicar tal cosa a los colegas extranjeros, pero todos ponen una cara muy extraña. Hemos oído llamar traidores a líderes del PP Rajoy incluido, en al, gún episodio lamentable de la crisis reciente. Ya está bien de inmadurez. El que se lo crea, allá él. El que lo fomenta por conveniencia propia, no merece una respuesta racional. Entre los españoles de verdad, los que lo somos con naturalidad y sin aspavientos, los hay de derechas, de centro y, por fortuna, también de izquierdas. Mal asunto si no fuera así. Mientras tanto, la sociedad que nos toca vivir sigue a lo suyo, con esa mezcla peculiar de globalización y localismo que no resulta sencillo comprender. Cuando cambie, ya hablaremos. De momento, esta es la realidad contemporánea, y a ella se adaptan con mejor o con peor fortuna los Sarkozy, Merkel, Cameron y hasta McCain, homólogos desde más cerca o más lejos de nuestro centro- derecha. Es peligroso, y además está prohibido, conducir por el carril opuesto al sentido de la historia. ariano Rajoy sale reforzado. ¿Candidato en 2012? Eso ya se verá, pero por ahora lleva clara ventaja. Sus adversarios han dejado pasar una oportunidad que tal vez no se repita. Todos, oficialistas y críticos han aprendido la lección: no hay vida fuera del centro, salvo para aspirantes satisfechos con la dirección de minorías siempre irritadas. El que quiera, ya puede contar abstenciones o votos en blanco; magnificar gestos, palabras y silencios; esperar comicios a corto o medio plazo; anunciar la reacción de los sectores menos convencidos... Tal vez consigan hacer la vida difícil a los líderes actuales. Incluso, cabe promover el desapego y hasta la segregación de unos pocos: venganza dulce, supongo, aunque nada patriótica. Lo que nadie podrá alterar es el estilo dominante en un partido como el PP para el siglo XXI. El centro ha ganado la batalla interna de las ideas. Ahora toca ganar la externa. Rodríguez Zapatero es un mal gobernante, a ratos pésimo, pero es un político hábil y conecta bien con sentimientos confusos- -pero reales- -que la derecha suele tratar con desprecio. No será un adversario fácil, como es notorio, en tiempos proclives a la liviandad posmoderna. Si el PP vuelve a las andadas, tendremos PSOE para una temporada larga. Mal asunto, porque incluso el Espíritu de la Época, tan denostado, admite múltiples matices. Es urgente ya ofrecer una alternativa razonable al peor socialismo de la Europa comunitaria. En eso sí que estoy de acuerdo con mis amigos inteligentes. Muchos de ellos de izquierdas, por cierto. M M BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas