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S 6 21 6 08 ROSA BELMONTE LA VACA QUE RÍE 12 S 6 LOS SÁBADOS DE Estamos en Alemania, pana Flavio Briatore y su esposa, Elisabetta, bajo parasoles (sin iniciales: un fallo) REUTERS Vístanse, hombres lega el verano, también los albaricoques. Y se abre la veda del tío en calzoncillos. En la vida real (ahí está Cassano; bueno, si el fútbol se puede considerar parte de la vida real) en la publicidad y en la imaginación calenturienta. Qué le voy a hacer, cada vez que veo a Ljungberg jugando me lo imagino con la muda. Como cada vez que veo a Catherine Fulop (la hija ha hecho la comunión y ha salido en las revistas) me acuerdo de aquel Inocente, inocente en el que le hicieron creer que había sido abducida y trasladada a Alemania no sé cuántos años atrás Estamos en Alemania, pana frase para la pequeña historia de la televisión) Lo de Cassano. No llegué a ver el proceso por el cual llegó a esa situación textil (tras el partido contra Francia) todavía en el campo. Supongo que lanzó la ropa a los tifossi en pleno éxtasis (extasiados él y los tifossi) No esperó para despelotarse en el vestuario (esa estampa tan tradicional y pintoresca de los jugadores de provincias que ascienden de división) La vía argentina (que los seguidores salten al campo y arranquen literalmente la equipación a los jugadores para celebrar un triunfo) tampoco se dio. El calzoncillo del ex madridista ha sido en todo caso paralelo al rebrote del chico de la barca anunciando la colonia de Dolce Gabbana (es bañador blanco, vale, pero co- L mo si fuera braslip) Y ha coincidido con la aparición de una piara de mozos publicitando Bikkenbergs. Aunque la imagen de Ljungberg sea poderosa y evocadora también para las chicas, sigo pensando que el objetivo (eso que se llama target de esta publicidad es el público gay masculino. ¿Por qué íbamos a querer las mujeres ver tíos en calzoncillos? No es virtud e presenta Flavio Briatore a su boda con unos de esos zapatos disfrazados de zapatillas que también llevan Pierre Casiraghi o los peculiares Feria (para no perderse el natural reportaje del ¡Hola! con más créditos que Apocalypse Now Pero en lugar de un escudo, los zapatos que querían ser zapatillas (o al revés) llevaban unas letras enormes. FE. Que no es la virtud teologal, no. Son, échate mano cuando puedas, las iniciales del novio (Flavio) y de la novia (Elisabetta) Por si se le olvidaba el nombre en el altar. Habrá que ver las sábanas y las toallas del ajuar. Se alegraba el jueves Simon Mills en The Guardian por el hecho de que a Wayne Roo- S ney, recién casado, no se le hubiera ocurrido semejante cosa teniendo en cuenta que el nombre de su chica es Coleen: habría llevado una bonita WC en los zapatos. Era difícil para Briatore superar su culminante tanga en la cubierta del barco (una tanga de esos que te pones para que te den un masaje) Pero lo ha conseguido. Y también ha conseguido ser el novio menos caballeroso que se recuerda. Quitando protagonismo a la novia en el presunto día más importante de su vida. Hombre, tú. El cine L Es difícil para Briatore superar su tanga en la cubierta del barco. Pero lo ha conseguido. Y también ser el novio menos caballeroso quitando protagonismo a la novia as piernas de Cyd Charisse, las de Marlene Dietrich, la ceja de Victor Mature, la de Robert Taylor, el vestido de Jezabel, las orejas de Gable, la frente de Carole Lombard, los pies de Fred Astaire, el rostro de Greta Garbo, la barbilla de Kirk Douglas, la subida de escaleras de Cary Grant (sobre todo cuando sube de dos en dos) los ojos de Elisabeth Taylor, los de Simone Signoret, los huesos de Katherine Hepburn, la piel de Ingrid Bergman, el pelo de Maureen O Hara, las pecas de Shirley McLaine, las manos diminutas de Ava Gardner, los andares ladeados de Charlton Heston, los mohines de Doris Day, la sonrisa guiñada de Ellen Barkin, otra vez las piernas de Cyd Charisse... El cine de los pequeños fetiches.