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ABC VIERNES 20 s 6 s 2008 ANTE EL CONGRESO DEL PP ANÁLISIS ESPAÑA 21 La reforma constitucional del PP Si realmente la desean, la operación precisaría un cambio radical de actitud de los populares s Dudo que estratégicamente le convenga al PP aval del presidente de esa fundación y de la Asociación Católica de Propagandistas, Alfredo Dagnino, que se mostró inquieto por la posibilidad de que la actual, se entiendelanoreformada, sea secuestrada por los nacionalistas hasta el punto de que nos sea arrebatada nuestra alma colectiva y que España como nación pase a la Historia En el PP el asunto no es nuevo, aunque haya sido recuperado para una ponencia política. En el programa electoral coordinado por Juan Costa y defendido por Rajoy como el mejor se propone una reforma limitada que, fundamentalmente, pretendería delimitar las competencias intransferibles y constitucionalizar los mecanismos de consenso elevando a dos tercios del Congreso la mayoría para aprobar leyes que afecten al modelo institucional y territorial No se trata, por tanto, de un cambio trascendental en la política Germán Yanke En las negociaciones de las enmiendas a la ponencia política que el PP discutirá, es un decir, y aprobará en el Congreso que comienza hoy en Valencia, seha subrayado la aceptación de lo fundamental de la que, suscrita por un grupo encabezado por Vidal Cuadras, incluye una reforma parcial de la Constitución para frenar el avance de los nacionalismos. La propuesta, si se me permite la ironía, cuenta con todas lasbendiciones. En la universidad San Pablo CEU se ha venido trabajando en este sentido y, recientemente, las conclusiones han sido presentadas con la presencia estelar de algunos de los firmantes de la enmienda y el del PP, como algunos han querido ver, propiciado por los críticos a Rajoy ni de la formulación de una alternativa al entendimiento con los nacionalistas del que se acusa, con indudable paranoia, a la dirección actual del partido. La propuesta del programa contiene un elemento que sería clarificador- -las competencias exclusivas del Estado- -y otro ciertamente voluntarista: si el PSOE quebró en la anterior legislatura una tradición de consenso en la reforma estatutaria, hagámosle aceptar una reforma constitucional que le obligue a ello. Todo ello con el riesgo de que los límites de la reforma no los ponga el PP y hayan de discutirse otros asuntos menos gratos para volver, para no cuestionarlo todo, al lugar en el que estamos. Además, algunos de los ahora partidarios y enmendantes, aunque no todos, terminan por pensar que las amenazas que suponen los nacionalismos no están tanto en que se les deje sobrepasar la Constitución, sino en la Constitución misma. Es, ciertamente, una censura de la oposición realizada por el PP estos cuatro años de reformas territoriales porque el PSOE, acusado de comportamientos contra la Constitución, en realidad, y según esta tesis, no la habría reinterpretado arteramente o vulnerado para mantener sus pactos con los nacionalistas, sino que habría utilizado lo que para los partidarios de la reforma son sus agujeros negros. Reformar la Constitución no es cosa menor y no sabe muy bien cómo, para que el cambio afecte a asuntos tan trascendentes, se podría hacer de modo parcial o limitado que no implique el consiguiente referéndum, la disolución de las Cámaras y la vuelta a una suerte de proceso constituyente, abierto en un momento de cri- Amenazas en la Constitución No se sabe muy bien cómo hacer para que no implique un referéndum y que se disuelvan las Cámaras sis y graves discrepancias. En el fondo se está hablando del fracaso de la Carta Magna y no de los errores de una determinada política. De todos modos, si realmente la desean, la operación precisaría, además de calma, un cambio radical de actitud de los populares. Si hay bilateralidad en el Estatuto de Cataluña porque lo admite una imperfecta Constitución y amenaza el plan Ibarretxe porque la Carta Magna no es precisa y no porque en ambos casos se vulnera su letra y su espíritu, el consenso de la reforma implicaría convertir a los socialistas, que han sido los traidores en cómplices y a todos los demás discrepantes, nacionalistas incluidos, que han sido sus enemigos en objeto de seducción política más que en castigados No parece que el ambiente esté para ello y dudo de que, estratégicamente, al PP le convenga. Una Constitución nueva es el reconocimiento de que no sirve ni la actual ni las propuestas sobre el modelo institucional de unos y otros, los populares incluidos. Más que una reforma resulta una paradoja.