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10 OPINIÓN VIERNES 20 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM VERTICAL MÁS SINDICATO UANDO José Luis Rodríguez Zapatero pretende escenificar su elasticidad democrática, su capacidad dialogante y lucir como gobernante avanzado y progresista, suele conseguir la plasmación de su propia debilidad, que no es poca, con vetas de su contumacia, que es muchísima. Tras una sesión- ¿de espiritismo? -celebrada en La Moncloa, en la que le acompañaron cuatro ministros sin voz y los líderes de CC. OO. UGT, CEOE y CEPYME, el presidente del Gobierno ha dicho, sin que le tiemblen los pulsos, que no habrá ninguna iniciativa laboral sin consenso con los interlocuM. MARTÍN to- res sociales AlguFERRAND nos creíamos haber entendido que el pasado nueve de marzo los españoles respaldamos por mayo- ría las listas para el Congreso presentadas por el PSOE y que, después, constituida la Cámara, ésta encomendó a Zapatero la formación de Gobierno. No debió de ser así y Zapatero, quizás animado porque en la cúspide del PP se instalan un registrador de la Propiedad y dos abogados del Estado- ¡todos funcionarios! quiere hacer la tortilla a la que le obligan su rango y responsabilidad sin romper los huevos que sean necesarios con la maña debida y la resolución exigible a un presidente dotado de unos poderes prácticamente omnímodos. Nada de desgastarse tomando las decisiones que exige una crisis económica de la que niega la existencia y enfrentándose a una realidad que empieza a sofocarnos. Todo por consenso, que se reparta y promedie la responsabilidad. No es irrelevante que en la lista de las ocho personas que acompañan al presidente del Gobierno en este viaje a ninguna parte figure Bibiana Aído. Es ese el testimonio de la contumacia zapateril, la veta que embellece el mármol de la reinvención del sindicato vertical que tanto parece entusiasmar al de León. Sería inconcebible en el repipi modelo presidencial un grupo sin miembra y ella, muy dispuesta y arremangada, se encargará de serlo. Igualdad hasta en la tribulación. Ella, con Pedro Solbes, Miguel Sebastián y Celestino Corbacho son, en este trance, los ministros- escolta de Zapatero. Ni tan siquiera llegan a palmeros con derecho a jalear al líder. Silencio, mucho silencio, que se trata del diálogo social. Uno de los muchos males distorsionadores de la realidad que trajo el franquismo fue el de meter en un mismo saco- unidad en la diversidad -a los empleados y los empleadores. Así, en un místico verticalismo, se evitaban las confrontaciones y se propiciaban cataratas de derechos ad- quiridos, por unos y otros, que siguen lastrando la competitividad y la eficacia de la máquina productiva que, quiérase o no, ha de ser bipolar para que funcione en el sistema en el que estamos inmersos. Lo del consenso es hermoso y hasta deseable, pero gobernar es asumir responsabilidades y actuar en consecuencia. Aunque resulte antipático. C POSTALES UN CONGRESO IRRELEVANTE O sé qué esperan ustedes del Congreso del PP. Yo, desde luego, espero muy poco, por no decir nada. Despejada la única incógnita que quedaba- -el equipo que acompañará a Rajoy- el resto es tan previsible como irrelevante: la confirmación del líder, el arrugarse de sus críticos, los pellizcos de monja, los sonoros llamamientos a la unidad, la felicitación por lo bien que ha salido lo que amenazaba con terminar como el rosario de la aurora. Pura parafernalia. El PP lleva mucho tiempo devaluándose a sí mismo, en realidad desde que en el 2004 no consiguió sacudirse la sombra de Aznar, con todo lo que ello representaba de freno. Si en este congreso la deja atrás, ha cumplido de sobra. Aunque habrá que verlo para creerlo. Pero el PP no cuenta hoy en la política española. Cuenta sólo Zapatero, para su suerte y nuestra desgracia, ya que el presidente ha llevado al país a una serie de callejones sin salida. Se comprobó ya en la negociación con ETA, que en vez de traer la paz al País Vasco lo único que nos ha traído es la presencia de los seguidores de la banda en aquellos ayuntamientos y mayores ansias indepenJOSÉ MARÍA dentistas de Ibarretxe. Se está demosCARRASCAL trando en los nuevos estatutos, convertidos en palancas para desvertebrar España, en lugar de vertebrarla como se nos decía. ¿Quieren el último ejemplo? Que, apoyándose en un estatuto aún sin revalidar por el Tribunal Constitucional, la Generalitat catalana, con un socialista al frente, ha eliminado de un plumazo la tercera hora de español en las escuelas, dispuesta por un Real Decreto para todo el territorio nacional. O sea, que la ley catalana prevalece sobre la ley general. ¡Y después dicen que España no se rompe! Si no se rompe del todo es porque no interesa a los nacionalistas, conscientes de que el 80 por ciento de sus productos se vende al resto del territorio nacional. Pero que España se cuartea está a la vista, dejando de ser nación para convertirse en naciones y pasando de Es- N tado de las Autonomías a Estados de las Soberanías, que ya me dirán ustedes cómo se come eso, si es que puede comerse, pues incluso basta verlo escrito para que se indigeste. Este es el resultado de cuatro años de gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, a quien acabamos de reelegir. Está visto que a bastantes españoles les importa poco que se negocie con una banda terrorista o que se cedan a los nacionalistas derechos que son de toda la nación, con tal de que ellos puedan seguir gozando de las ventajas de ésta. Pero es que no van a poder. Y no van a poder porque el recorte de libertades en una esquina repercutirá en todo el cuerpo nacional, como el terrorismo de ETA seguirá amenazando a todos los españoles sin distinción de origen o lugar donde se encuentren. Es posible que nos hayamos acostumbrado a ello, mientras no nos toque la china, naturalmente. Pero a lo que no vamos a acostumbrarnos es a la crisis económica, que afectará al bolsillo de cada ciudadano. Una crisis que el presidente sigue negando con contumacia digna de mejor causa, mientras nos da ya los primeros mordiscos. Una crisis para la que no estamos preparados porque el gobierno ni sabía cómo hacerlo ni le prestó la menor atención. Pero que está aquí y no va a desaparecer por las buenas. A los números no se les engaña tan fácilmente como a los españoles. ¿Qué hubiera tenido que hacer el PP ante este cúmulo de barbaridades? Pues denunciarlas una y otra vez, hasta que la realidad las confirmase, como ha ocurrido. Pero se metió en un montón de batallas sobre lo que había pasado, en vez de insistir sobre lo que iba a ocurrir, que era lo importante. Esperemos que haya aprendido la lección y que, tras el congreso de Valencia, su estrategia, no sus principios, que siguen más vigentes que nunca, cambie. Esta visto que con Zapatero lo único que cabe es sentarse a esperar que su cadáver, político naturalmente, pase delante de nuestra puerta. Lo único malo es que ese cadáver puede ser también el nuestro.