Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MARTES 17- -6- -2008 ABC Miró pone los pies en la tierra El Museo Thyssen nos ofrece una mirada inédita a la obra de este artista con el hilo conductor de la tierra, al tiempo que reivindica la genialidad de su obra tardía, hasta ahora poco conocida y denostada POR NATIVIDAD PULIDO FOTOS: IGNACIO GIL MADRID. En 1993 el Museo Reina Sofía celebró una gran retrospectiva del artista, Miró, campo de estrellas que recorría toda su producción a través de una única clave de lectura, sus célebres Constelaciones Es el Miró más fecundo y fértil, el Miró etéreo y celeste, el Miró de la noche, el Miró de las estrellas y los pájaros, el Miró de los grandes trípticos vacíos... El Miró más conocido y aplaudido, en suma. Quince años después, el Museo Thyssen dedica al artista catalán otra gran retrospectiva, pero en este caso el punto de vista es complementario, si no contrario. Joan Miró, instalado en su trono celestial de las Constelaciones durante décadas por gran parte de la historiografía, cual dios sagrado, es desenterrado ahora por Tomás Llorens, quien regresa al museo del que fue durante muchos años conservador jefe. El Miró de la tierra es el protagonista absoluto de esta estupenda exposición, organizada en colaboración con Ferrara Arte, y que permanecerá abierta hasta el 14 de septiembre. Las salas del Museo Thyssen nos ofrecen un recorrido inédito por la obra de Miró a través de setenta piezas: dibujos, pinturas, esculturas, collages, cerámicas... Hay en esta retrospectiva un completísimo muestrario de la infinidad de técnicas y materiales que empleó este prolífico artista: carbón, lápiz, cera, pastel, óleo, arena, cuerda, hueso, cartón, madera, caseína, alquitrán, bronce, granito, terracota, lona, fieltro, saco, lana... ¿Quién dijo que es un artista naïf, infantil, ingenuo? Faltaba por mostrar al público ese otro Miró que en las últimas décadas se ha visto relegado por historiadores y críticos- -advierte el comisario- ha habido demasiados Un visitante observa dos grandes lienzos, Mujer y pájaro (I y II) ambos de la Fundación Maeght clichés y era preciso leer de otro modo la obra de Miró Precisa Llorens que esta revisión de su trabajo centrada en lo terrestre, esta historia alternativa de la creación mironiana, no es novedosa, pues ya la han abordado algunos especialistas, como Jacques Dupin, autor de su catálogo razonado y el mejor historiador que entendió su obra Sin embargo, faltaba por profundizar en ella con la sabiduría que este viejo zorro de la Historia del Arte ha plasmado en esta exhaustiva exposición. Para Llorens, en esa polaridad entre lo celeste y lo terrestre, esto último es lo verdaderamente fundamental: Creo que las Constelaciones son importantes, pero constituyen un paréntesis en su carrera, motivado por un momento grave de la Historia Además de la ausencia de las Constelaciones la exposición se adentra por terrenos poco conocidos, y valorados, de la producción de Miró. Llorens ha querido meditar sobre el último Miró, que es menos conocido, y menos preciado, de lo que debiera ser. Algunos dicen que su obra tardía es vacía, pero yo creo que el último Miró supone la coronación de toda su poética, como ocurrió con Picasso, Tiziano o Miguel Ángel. Es de una intensidad excepcional y un espíritu elegíaco Apunta Guillermo Solana, conservador jefe del Thyssen, Su nieto lo retrata como un inconformista, transgresor e iconoclasta N. P. MADRID. Joan Punyet Miró, nieto del artista, hizo ayer durante la presentación de la muestra a la prensa un retrato íntimo y personal de su abuelo. Le dibujó como un inconformista, iconoclasta y transgresor, a pesar de que fuera un hombre de apariencia discreta Recordó varias anécdotas del artista, con el que su nieto pudo convivir durante los últimos quince años. Cuando Miró vivía en París, andaba mal de dinero. Un día le ofreció a una vecina dos dibujos surrealistas a cambio de un plato de estofado de ciervo: ella se lo dio pero rompió los dibujos. En 1973, con 80 años, cansado de esos clichés surrealistas que tanto le encorsetaban, decidió quemar cinco obras: las roció de gasolina y controló la combustión con una escoba mojada en agua. En la muestra se exhibe una de ellas. Era como una danza vudú- -dice Joan Punyet- aquella violenta creatividad le daba vida. Demostró que estaba más vivo que nunca Mi abuelo me enseñó a escuchar el silencio de la noche, a ver el brillo de las estrellas- -añade- Vivía por y para la Joan Punyet Miró, nieto del artista, ayer en el Thyssen junto al cuadro Tierra labrada del Guggenheim de Nueva York naturaleza. Luchó por su país, hizo todo lo que pudo, y defendió sus convicciones Sobre la obra de su abuelo, subraya que es cíclica y muy difícil de entender Por ello, agradeció este nuevo estudio muy profundo de un Miró desconocido. Ha sido en muchas ocasiones presa de fáciles clichés