Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 17- -6- -2008 Brown apoya a Bush con más tropas en Afganistán y nuevas sanciones contra Irán 33 lendario unos días, para bien, porque los expertos tendrán más tiempo para diseñar la solución, pero también para mal, porque la posibilidad de que entre en vigor el 1 de enero, como aún decía Moratinos, tiene pocas posibilidades de cumplirse. Asselborn dijo en los pasillos que las dos cosas más claras en estos momentos son que el contenido del acuerdo no se puede tocar y que le parecía muy complicado pensar en que las próximas elecciones al Parlamento Europeo previstas en la primavera que viene se puedan aplicar las nuevas reglas, que proponen un reparto de escaños diferente al actual. Así que todo lo más, los ministros se han despedido con el compromiso de que los presidentes dirán el jueves que el proceso de ratificación sigue adelante (en esto el efecto de la decisión británica es especialmente valioso) y así piensan proseguir hasta que se descubra cómo sacar un sí de un referéndum en el que el 53 por ciento de los electores ha dicho que no. Las puertas que se cierran La no ratificación del Tratado de Lisboa podría tener consecuencias no tan indirectas sobre el futuro de las ampliaciones pendientes. El presidente del Europarlamento ya advirtió ayer que no puede haber más ingresos si no hay nuevas reglas institucionales E. SERBETO LUXEMBURGO. Los dirigentes europeos se han hartado de repetir que sin Tratado de Lisboa no se puede seguir en una UE con veintisiete miembros. De lo que se deduce que todos los que están esperando en la antesala, podrían verse afectados por una votación en la que ni siquiera han sido preguntados. El presidente del Parlamento Europeo, el democristiano alemán Hans Gert Pöttering, advirtió ayer claramente que si no entra en vigor el Tratado de Lisboa, las nuevas ampliaciones son impensables Croacia es el país que está más cerca del acceso y tal vez sería posible que encajase en las estructuras actuales del Tratado de Niza, pero aún así no está claro. Sin embargo, el caso de Turquía parece definitivamente marcado por el destino del voto irlandés. Todos estarían de acuerdo en que un país de las dimensiones de Turquía no puede entrar ni con calzador. El ministro de Exteriores esloveno, presidente del Consejo, se apresuró ayer a contradecir a Pöttering diciendo que el proceso de ampliación no se para en ningún caso por la suerte del Tratado de Lisboa, aunque otros de sus colegas le justificaron diciendo que eso lo dice porque es de los Balcanes, y proque sabe que si se dijera lo contrario tendría efectos devastadores en aquella región Además, ayer mismo se volvió a hablar en el Consejo de Ministros del caso de Macedonia que ya es país candidato pero que no puede avanzar ni siquiera por el veto de Grecia a que ostente este nombre cuyo origen comparten los dos países. También estaba en Luxemburgo una delegación de Bosnia- Herzegovina para firmar un acuerdo de estabilización cuyo significado sería muy diferente en caso de que supieran que la perspectiva de un acceso futuro está más o menos descartado durante una larga temporada. Los turcos, de todos modos, se encuentran sumidos en su propia crisis política, así que este paréntesis puede ser incluso benéfico para que el debate interno no se mezcle con el europeo. Sorprendentemente, los países más reticentes a la ratificación del Tratado de Lisboa (Gran Bretaña, Polonia y República Checa) son los defensores más entusiastas de la adhesión de Turquía, de modo que las palabras de Pöttering también pueden interpretarse como un aliciente para indecisos. Los ministros eran ayer conscientes de que lo que ha sucedido en Irlanda es lo mismo que sucedería en estos momentos en cualquier otro país de la UE, una expresión de la desconfianza generalizada con las élites políticas europeas. Es curioso pensar que los que están dentro del club expresan en cualquier oportunidad su descontento, y sin embargo aquellos que no lo están vayan a mantener un entusiasmo inquebrantable por llegar a estarlo. Si el Tratado de Lisboa fracasase, está claro que no sería posible una tercera ratificación. Assenborn, el ministro luxemburgués, lo definió como una situación en la que sólo nos queda una bala Despedida y compromiso