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ABC MARTES 17 s 6 s 2008 OPINIÓN 11 REVENTA DE ENTRADAS PARA VALENCIA LISTAS ABIERTAS UNA RAYA EN EL AGUA L Tampoco hay cola en la reventa de entradas para el A vida política se distancia de la sociedad como no- debate europeo. El cul de sac provocado por el impeuna locomotora haciendo marcha atrás hasta quedimento irlandés al Tratado de Lisboa tiene mucho que darse inutilizada en un apartadero. Entonces llever- -según Pérez- Díaz- -con el hecho de que la Unión gan los demagogos y quieren hacernos creer que el tren Europea no es todavía una entidad político sino un híbriestá en marcha y dispuesto a batir récords de velocidad. do cuya tradición ya de medio siglo consiste en decidir Ocurre con la vida de los partidos, en procesos como la a medias y vivir bajo protección, un déficit de demos y Unión Europea o en la pequeña intriga municipal. En su de élites dirigentes, y una entidad borrosa La construcensayo más reciente, El malestar de la democracia ción europea se ha hecho siempre desde arriba y Víctor Pérez- Díaz explica que hay un texto de ahora aparecen el no y la elevada abstención. la vida política y un contexto de la vida econóSi andábamos buscando un Míster Europa mica y social que rodea a la primera: los polítique descolgase el teléfono cuando llamaban descos operan inmersos en el texto y la ciudadade fuera, ahora- -de aprobarse finalmente algo nía vive en la periferia del contexto Unos son parecido al Tratado- -respondería con notable como actores o gladiadores, en escena; los ciudadilación por tener que consultar antes con los danos son los espectadores. Es lo que ocurrirá veintisiete países miembros. Las élites tecnocrácon el XVI Congreso del PP en Valencia. Quienes ticas han sucumbido a la tentación de una ingeacuden a los corros de reventa son los actores, no VALENTÍ niería social de voltaje medio y ahora se quejan los espectadores. Si la política enfrenta- -digaPUIG de que no haya un demos que tome nota. Quiemos- -a derecha e izquierda, los prolegómenos nes sí toman nota son los populistas, capaces de echarle de un congreso de partido como el del PP también han cualquier combustible al convoy. puesto en escena una confrontación, aunque no se sabe Acostumbrados a la absorción profesional por la polímuy bien entre qué realidades, ideas o personalismos. tica, tanto en las cúpulas del PP como en el PSOE hay Es más: por agrandamiento de las sombras en los muros quienes se olvidan de que la democracia, con su práctica del reñidero, parece más agitada la lucha interna en el y su cultura política, no está en el vacío- -como explica PP que entre derecha e izquierda en la escena nacional. El malestar de la democracia ni pende de su misma Ojalá los asistentes al Congreso de Valencia se lleven ni se levanta, como tampoco lo hacía el barón de Müncomo lectura El malestar de la democracia de Víctor chhausen cuando trataba de elevarse del suelo tirando Pérez- Díaz, en lugar de hacer horas extras conspirando de sus propios cabellos. No. Reposa y arraiga en un sueen la cafetería del hotel. Ahí tienen un diagnóstico lúcilo del que se nutre, como un árbol. Así son posibles los do sobre una sociedad que no parece sentirse cómoda ajustes y reajustes continuos de las instituciones como con su historia y que a veces puede caer en un no saber experiencia que todos compartimos, en España y en la si existe mientras la estrategia de los nacionalismos peUnión Europea. Por oposición al lifting de superficie, riféricos- -en un tramo sin obstáculos de su hegemonía lo más sano es abrir las ventanas para que entre el aire cultural- -desgastan continuamente la continuidad de renovado. De hacer eso bien, comunicar, convencer y la comunidad política, recientemente en cohabitación ser creíbles resultaría mucho más fácil. ¿Vieja y nueva con el zapaterismo, más allá del pacto de 1978. Lo descripolítica? El microondas de la política fast- food da para be Pérez- Díaz como arquitectura política fluida al tiemtodo. Evítense las chapuzas o dejar las cosas a medias, po que la percibe como un riesgo existencial. Dado el concon la desidia de quien supone que eso a nadie le imporsumo ingente de estereotipos por parte de la sociedad esta para nada. pañola, haría falta un Ortega con virtudes mediáticas vpuig abc. es para fundar otra Liga de Educación Política Española. EL OTRO RAJOY H Allegadovivo, virtualmentevictorioso, a su semana crucial, saltando por encima de campos de minas y bajo un fuego deartillería quepocoapocohaidoremitiendo, debilitándose, quedándose sin munición y sin artilleros. Resistir es vencer, decía Negrín, y Mariano Rajoy ha resistido. Estuvoa punto deirseaquella nocheamargadeladerrota, cuandodesdeelbalcón de Génovaprofirió algo parecido a una despedida, pero le rebeló constatar que le tenían preparado el entierro antes de que empezase la agonía. Así que decidió aguantar, en un gesto de rebeldía y autoestiIGNACIO ma que acaso le habríaveniCAMACHO dobienmuchoantes, yseenrocó tras los virreyes territoriales, poco dispuestos a permitir alteraciones en el ecosistema del partido. Ha sufrido un auténtico bombardeo de ablandamiento, potentes baterías mediáticas castigando sus defensas, pero se dio cuenta de que detrás de ese fuego no había contingentes de desembarco. Que nadie iba a medirse a campo abierto, con la bayoneta calada, en ese territorio de la política donde es preciso exponerse al cuerpo a cuerpo. Es cierto que en el PP como en casi todos los partidos, la democracia interna es sólo un artificio retórico, pero no lo es que resulte imposibledesafiara un aparato. LodemostróBorrell hace diez años, cuando se enfrentó al poder gonzalista a cara de perro. Le cerraban las sedes y hablaba en la puerta, subido a una silla. Le negaban la tribuna de los mítines y pagaba los salones de hotel de su propio bolsillo. Hizopolítica, bajó a la calle y miró a los militantes cara a cara. Barrió. Luego lo tumbaron con malas artes, pero fue porque tenía muertos en el armario. Lo que demostró en aquellas primarias es quesepuedeganar contra la estructura, por sólida que parezca, cuando se confía en un mensaje, en un impulso y en un proyecto. Se puede. Yes, we can. A Rajoy, en cambio, nadie lo ha retado. Nadie ha ido a pedir los avales de los militantes en una asamblea. Nadie ha convocado actos, ni levantado una bandera alternativa de inconformismo. Nadie ha tentado sus fuerzas en la base. Sólo ha habido conspiraciones de salón, conjuras de teléfono móvil, bisbiseos de pasillo, cábalas de restaurante caro, confidencias en la oreja de los periodistas y amagos inconclusos de candidatura. Querían tumbarlo con zarandeos externos y agitación de espectros, creyendo que le temblarían las piernas. Y, por una vez, no le han temblado. Antes al contrario, parece endurecido por la resistencia, como si hubiese emergido de él un yo distinto. Está por ver hasta dónde esa experiencia ha cuajado en un liderazgo distinto, curtido en instinto político, descargado de apatías perezosas y de contemporizaciones indolentes. Está por ver hasta dónde le alcanzará la estela victoriosa del congreso de Valencia, y hasta dónde llegará el pacto de los barones. Está por ver quién se desgastará antes en esta nueva etapa. Y está por pagar, por supuesto, la factura social de toda esta estéril batalla, tan costosa en términos de opinión pública. Pero, de momento, Rajoy está dondequeríaestar y donde otros no querían que estuviera. Otra cosa, otra historia, es si eso va a servir, a fin decuentas, para algo.