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10 OPINIÓN MARTES 17 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM LOS SUEÑOS ROTOS ARIANO Rajoy, a juzgar por lo que dice, hace y pospone, parece creerse más listo que los demás. De ahí, quizás, la insuperable tentación de engañarle que experimentan muchos de sus más próximos conmilitones. Alguno pensará, dejándose llevar por el tópico, que cuando un gallego está en el rellano de una escalera no hay modo de averiguar si sube o baja. Podría ser que así fuese en alguna circunstancia, que Galicia no es tierra raquítica de talento ni escasean en ella la astucia y la prudencia; pero, en el caso concreto de Rajoy, la realidad es otra. El líder del PP no suele tener muy claro si, M. MARTÍN puesto en el rellano, debe FERRAND subir o bajar. De ahí su indecisión patológica, que le ha convertido en estilista de las omisiones cruciales. Estamos en puertas del XVI Congreso del PP. Se supone que el partido debe definir sus puntos de fortaleza para la reconquista de una mayoría parlamentaria que le permita volver al Gobierno de España; pero todavía están pendientes los análisis serios y profundos de sus derrotas en las legislativas de 2004 y 2008. En ambas, valga la paradoja, fue decisiva la indecisión de Rajoy. Dos derrotas que tan siquiera han servido a sus responsables directos para el aprendizaje y la destreza en el oficio político. Tanto es así que hoy el PP tiene menos peso, en lo que respecta al prestigio de sus líderes, la coherencia de su discurso y la confianza de sus seguidores, que hace tres meses, cuando las últimas elecciones. Muchísimo menos, a pesar del debe iraquí, que en las de hace cuatro años. Los sueños rotos no tienen remedio. Ese es el gran pecado político con el que, sin confesión de boca ni propósito de la enmienda, Rajoy llega al Congreso de su continuidad recalcitrante. Ha roto, o menguado cuando menos, las esperanzas e ilusiones de diez millones de votantes y, lo que tendrá más consecuencias y generará mayores daños, ha destrozado los anhelos de quienes, con toda legitimidad, aspiraban a sucederle. En el equipo de Rajoy, a diferencia con los ejércitos de Napoleón, un soldado no debe llevar en su macuto el bastón de mariscal. Puede ser castigado por ello. Hay algo insano en todo ello, como de caudillaje, que ha anulado la posibilidades de futuro de unos cuantos personajes notables del PP, de los mejores. Esos sueños que Rajoy ha roto sólo le servirán a él. A cambio de agostar el entusiasmo de sus teóricos sucesores, patrimonio fundamental de un partido democrático, y de traspasar a los barones regionales unos poderes que les asemejan crecientemente a los barones del PSOE, saldrá triunfante en las escaramuzas de Valencia. Pírrica victoria. Y después, ¿qué? Las brújulas, incluidas las de la navegación política, sirven para encontrar el Este y el Oeste. Lo del centro es otra cosa. Si es que existe y es posible, será como Jauja. No está en los mapas y sólo se llega por casualidad. M -Hemos de buscar nuevas fuentes de energía; el culpar de nuestros errores siempre al petróleo se nos está acabando. VISTO Y NO VISTO LAS VÍCTIMAS DE JOSÉ TOMÁS I usted quiere saber cómo está España, vaya a los toros. El perro de San Roque tiene rabo porque José Tomás no se lo ha cortado, a pesar de su público y su presidente, pues Tomás es torero de groupies como los Pecos, y de presidente, como Carla Bruni. El buen público de toros siempre fue la clase alta o la clase baja, pero el público del segundo Tomás es la clase media, demócrata y futbolera, que pide orejas como si fueran goles y va a la plaza con la consigna ¡Por la Séptima! Fue Pedro Caba, en Lo mágico en el toreo el primero en separar al hincha futbolero del aficionado taurino: -El aficionado a toros, en vez de estimular y excitar para triunfar, como hace el hincha, hace crítica. El buen aficionado va a los toros a juzgar, a actuar como juez, e incluso juzga al presidente de la corrida. El presidente de Tomás, en vez de desoír la algarada incivil (Joaquín Vidal) del público de Tomás, le echa orejas como a los perros huesos, y únicamente ahíto de orejas ese público se queda tranquilo. Ni capotes, ni muletas, ni IGNACIO RUIZ espadas. Orejas. QUINTANO- -Es que el sitio de Tomás... El sitio de Tomás es ofrecer el muslo al toro con la desfachatez con que ofrece la espalda al Rey. Es el sitio del baturro emborricado que en mitad de la vía le decía al tren: Chifla, chifla, que como no te apartes tú... Esta actitud antitaurina de Tomás recibe el nombre de torpeza, pero la perversión interesada del lenguaje la hace llamar valor, y con eso se vuelve loco al público de Tomás. ¿Pero qué clase de figura del toreo puede ser nadie cuya tauromaquia consiste en estar a merced del toro? Las víctimas de Tomás son el toro y la literatura. Toros malvas y capachos en Las Ventas. Toros degollaos sin morrillo ni badana, sin pecho ni culata. En cuanto a la literatura, por Las Ventas se dejaron ver Semprún, capitán de los ciento cincuenta novelistas de S Carmen Romero, y Dragó, capitán de los ciento cincuenta intelectuales de Esperanza Aguirre, que acudió a la inmolación en zapatos de serpiente, aprovechando la ausencia de gitanos en el cartel. ¿Por qué hay veinticuatro mil personas que por juntarse a jugar el juego de la inmolación de un señor de Galapagar con cara de comandante de puesto creen salvar a la tauromaquia? Pues porque hay once millones de personas que por votar a Zapatero creen formar parte de un plan cósmico que salvará a la humanidad. El Nobel Joseph Stiglitz dice que Zapatero es el pensador más influyente del movimiento como Dragó dice que Tomás es el Quinto Evangelista, aunque todos sospechamos que Zapatero, siempre a merced de los acontecimientos, es a la democracia lo que Tomás, siempre a merced del toro, es a la tauromaquia. Zapateril, desde luego, fue su gesto, repetido, de no sacar a saludar a sus compañeros (trato de comparsas) y más zapateril todavía fue el inacabable quite por enganchinas al toro de El Fundi, que no tuvo coraje, ay, para tirarle una montera. También se negó Tomás a lavarse la sangre de toro de la cara (en su día, a Pepín Liria ese descuido le costó una oreja) pero porque formará parte del show de la inmolación que vimos por TV en el bar, tomando copas de balde con Dragó, que para eso es habilitado. Menos mal que la inmolación quedó otra vez en un disparate de cornadas y puntazos. De Gitanillo de América, inmortalizado literariamente por la pluma de Alberto Salcedo Ramos, se dice, por las muchas marcas que le ha dejado el toreo, que parece un sobrado de tigre Al jactarse Gitanillo de la adultez que testimoniaban sus cicatrices, el matador Roberto Domínguez le explicó que tantas cornadas demostraban más torpeza que coraje. Gitanillo celebró el apunte a carcajadas, pero al quedarse solo exclamó: ¡Coño, lo que me pasa por no haber estudiado! Desde entonces, escribe Salcedo Ramos, Gitanillo aprendió que las heridas, que algunos utilizan como certificados de heroísmo y otros para hacerse perdonar los errores, no deben exhibirse como trofeos.