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ABC LUNES 16 s 6 s 2008 OPINIÓN 11 EL FIN DE EUROPA EL ÁNGULO OSCURO UNA RAYA EN EL AGUA EURODESAPEGO A tos falsos: búsqueda del interés recíproco, componenNDAN los europeístas mohínos con el resultada política, etcétera. Pero los cimientos falsos tarde o do de ese referéndum irlandés; pero, a la vez que temprano (más temprano que tarde) se resquebrajan; y lloran por las esquinas, andan ya maquinando entonces asoma el egoísmo descarnado, que en esta faplanes alternativos que les permitan seguir construse democrática de la Historia se traduce en euroescepyendo Europa Los encontrarán, sin duda; no uno ni ticismo A las naciones sólo las puede mantener unidos, sino cincuenta, y hasta cincuenta mil, pero todos das la amistad, esto es, el amor; pero el amor es justaellos se revelarán igualmente infructuosos, pues- -comente lo contrario del contubernio político y del toma mo nos recuerda el salmista- si el Señor no construye y daca de favores económicos, que es la bazofia la casa, en vano trabajan los albañiles Y, como utilitaria sobre la que se sostiene la Unión Eula Unión Europea es una casa sostenida sobre ciropea. El amor a las naciones vecinas es a la mientos de arena, todos los tratados y ratificapostre amor al extranjero, amor al bárbaro, ciones que los europeístas se saquen del magín amor al enemigo; forma extrema de amor que serán a la postre aspavientos desesperados. no se puede alcanzar mediante el mero concurNuestra época ha dado en la demencia de querer so de fuerzas humanas. Los albañiles de la levantar, mediante la acción de la mera política, Unión Europea podrán seguir urdiendo remeun Paraíso en la tierra; y la construcción de la dios que dilaten el derrumbamiento; pero mienUnión Europea correrá el mismo destino que en JUAN MANUEL tras el Señor no construya la casa, seguirán trasu día corrió la torre de Babel, que es el fin que DE PRADA bajando en vano. corresponde a todo proyecto de fraternidad uniLos fundadores de aquel sueño de fraternidad euroversal que prescinde de una paternidad común. pea- -Monnet, Schuman, Adenauer, De Gasperi- -que A los albañiles de la casa europea les subleva que Irhoy ha degenerado en la Europa de los mercaderes y los landa, al parecer el país más beneficiado en el reparto burócratas eran cristianos convencidos; y sabían, code ayudas y subvenciones comunitarias, muestre ahomo Bergson, que sólo la religión puede trasponer las ra- -cuando su crecimiento económico es el mayor de fronteras y actuar de amalgama entre los pueblos. Sala Unión Europea- -su egoísmo de modo tan descarnabían, en fin, que no hay fraternidad posible entre las nado. Olvidan que el egoísmo es un atavismo que subsiste ciones sin el reconocimiento de una paternidad coen todas las naciones; y es fruto de la desconfianza namún; cuando el reconocimiento de esa paternidad cotural que todo hombre profesa a su vecino, en quien ve mún decae, las naciones se embarullan y enviscan un enemigo. Contra este atavismo se alzó, allá en el Serunas contra otras, porque la fraternidad se reduce a un món de la Montaña, el precepto del amor al enemigo amor por interés Aquel sueño fundacional ha degeque sólo se puede cumplir con ayuda sobrenatural, senerado hoy en una construcción artificiosa que, como gún nos recuerda el gran Leonardo Castellani en un el escorpión acorralado, se inocula el veneno del suicisermón sobre la parábola del Buen Samaritano que dio, renegando de su aliento cristiano. Así, en el suiciacabo de escuchar en internet. Los judíos eran enemidio, concluyen todos los intentos que en el mundo han gos encarnizados de los samaritanos; pero el samaritasido por edificar el Paraíso en la tierra. Pues a los homno de la parábola socorre al judío que ha sido desvalijabres que edifican sobre el vacío, el vacío acaba engudo y malamente herido por unos ladrones porque lo lléndolos en su seno. Podrán dilatar su fin diez o cien asiste una fuerza sobrehumana que viene del cielo. A años; pero todos sus afanes por dilatarlo no son sino las naciones les ocurre como a judíos y samaritanos: verduras de las eras que diría Jorge Manrique. son enemigas por naturaleza; y, mientras lo sobrenatuwww. juanmanueldeprada. com ral no interviene, su amistad se sostiene sobre cimien- D A que pensar. Vale que lo de Irlanda no es un obstáculo definitivo, y que una pequeña nación no puede decidir por sí sola el futuro político de Europa, pero hay una reflexión pendiente: salvo en España- -donde tampoco es que hayamos demostrado un vehemente entusiasmo- cada vez que un Estado consulta al pueblo sobre el avance de la Unión Europea, sale que no. Por una mezcla de confuso nacionalismo, de castigo al Gobierno de turno, de desagradecimiento por las ayudas recibidas y de rechazo a la frialdad política de Bruselas, el hecho es que los tratados europeístas salen revolcados una y otra vez en cuantas votaciones se convocan para refrendarlos, al punIGNACIO to de que la mayoría de los CAMACHO países han optado por el procedimiento ilustrado de aprobarlos en los parlamentos sin permitir que los ciudadanos se pronuncien. Ése es el síntoma de un problema sobre el que nadie se atreve a formular un diagnóstico. Se llama desapego. Y se debe a la falta de un liderazgo y de una dirigencia capaz de transmitir pasión al proyecto. La Unión Europea es para mucha gente una vaga entidad burocrática y mercantil que estrangula la autonomía nacional e impone extrañas normas de un quisquilloso reglamentismo, una estructura institucional sin arraigo que ni siquiera se toma la molestia de explicar sus enormes contribuciones financieras al bienestar de sus socios. Que un país como Irlanda, que merced a los ¡55.000 millones de euros! recibidos de Bruselas ha despegado de forma meteórica, se permita escupir en la mano que lo ha sacado de la pobreza es un dato más que significativo de la incompetencia política del conglomerado europeo para construir un mínimo concepto de ciudadanía común. Existe una ausencia absoluta de calidez, de cercanía, de compromiso, que proyecta la imagen gélida de unas instituciones distantes que deciden por su cuenta sobre las condiciones de vida de millones de personas, atribuyéndose el poder de resolver lo que más les conviene; y claro, a la menor ocasión, esas personas le devuelven los favores con la bofetada más sonora que les viene a la mano. Mientras esa fosa de desafección no se cierre, Europa sólo avanzará a trancos cortos, a base de decisiones institucionales sin respaldo ciudadano, construyendo una unidad artificial y esclerótica desprovista de cohesión popular. Para rescatarla del colapso hacen falta líderes pujantes, discursos comprometidos y un esfuerzo de pedagogía política. La Unión no la pueden construir un grupo de primeros ministros en paro y de dirigentes expulsados por sus propios pueblos de la primera línea. Se necesitan banderas entusiastas, horizontes inteligibles, ilusiones efectivas y prestigios carismáticos. Motivos para creer. Pasión y convicción. Mientras Bruselas aparezca sólo como una lejana máquina funcionarial para gestionar subvenciones, nadie puede esperar otro resultado que el fracaso. Mayor cuanto más amplio sea el número de países que se incorporan a esa deslavazada amalgama cada vez más desvaída, más lacia, más inconexa y más desmayada.