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10 OPINIÓN LUNES 16 s 6 s 2008 ABC CON CAJAS TEMPLADAS GOOGLE, ESE PRÍNCIPE EUNIDO en Oviedo el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, ha acordado otorgárselo al buscador Google el cual, como su propio nombre indica, no es una persona ni una institución, sino una herramienta. Esta obviedad tiene relevancia ya que, según las bases, el premio se otorga a una persona, grupo de personas o institución Descartada la posibilidad de que Google sea una persona- -sobre Manu Leguineche, por el contrario, existe un consenso general- resulta que tampoco es una institución, pues por tal se refiere el Diccionario a un organismo que desempeña una función de interés público, especialIRENE mente benéfico o docente LOZANO Si en el mundo de la comunicación hay una institución es, sin duda, Leguineche, el ente idóneo para ser galardonado por lo literal y por lo metafórico. Google hace una propaganda corporativa muy eficaz; y también demagógica, todo hay que decirlo. A su jefe, Eric le gustar pregonar que el objetivo de Google no es hacer dinero, sino cambiar el mundo algo que ha sido destacado en el fallo: En apenas una década, Google ha hecho posible una gigantesca revolución cultural Vaya, precisamente revolución cultural con sus siniestras evocaciones de purgas y represión. Las revoluciones no se hacen con herramientas, sino con ideas, y las de estos filántropos, a cuyas fiestas resulta de mal gusto llevar abrigos de visón, consisten en colaborar con la censura en China, lo cual les reporta mucho dinero, pero no les hace merecedores de un premio concebido para distinguir los méritos comunicativos. Con todo, la cuestión más espinosa que Google ha de resolver es su idea de la intimidad que, según la ONG Privacy International, oscila entre la hostilidad y la ambigüedad Sabe casi todo acerca de nuestros intereses, gustos, militancias, compras... la pepita de oro que todo publicista quisiera encontrar, un material con el que ni soñaron los dictadores de la vieja escuela. ¿Qué va a hacer Google con esa información? No se sabe, porque quienes presumen de poner el conocimiento al alcance de todo el mundo, no se sienten concernidos por sus eslóganes y practican una opacidad casi absoluta sobre sí mismos. Por el momento, almacenan nuestros datos 18 meses: destruirlos no les reportará beneficio alguno; guardarlos, ya veremos. Resultaría más honesto que Google abandonara los discursos morales sobre su desapego al dinero para presentarse como lo que es: un brillante caso de éxito corporativo, sin la menor relación con la llamada democratización del conocimiento a menos que consideremos el beneficio empresarial como medida de la eficiencia democrática. Pero si sus fundadores fueran claros, a lo sumo habrían recibido la medalla al mérito empresarial, en vez de un prestigioso galardón que hasta ahora ha enaltecido con acierto la comunicación, y no la propaganda o presuntas revoluciones culturales. Si el año próximo el Príncipe de Asturias no recae ex aequo en Goebbels y Mao, tal vez lo reciba por fin Leguineche. R -Irlanda quiere frenarnos, pero los que creemos en Europa vamos a seguir colocando en Bruselas a los compañeros de partido que deseamos tener lejos. HAY MOTIVO LA CRUZ DE ZAPATERO Zapatero se le llevan los demonios- -y nunca mejor dicho, disculpen la inmodestia- -al contemplar cómo los futbolistas se santiguan antes de incorporarse al terreno de juego. Y no una, ni dos, los hay que se persignan, sin el menor recato, incluso hasta tres veces. Ganas de provocar, qué duda cabe; entradas alevosas al pie de apoyo del Gobierno. ¿Bromea, o qué? saltaría McEnroe. Pónganse ustedes, sin embargo, en el papel del presidente: ¿Así va a construir un país laico? ¿Con esos tristes mimbres ha de trenzar el cesto? Si Magdalena Álvarez fue cocinera antes que fraila (Aído, conste en acta, es una replicante de Maleni) los baluartes del equipo nacional que se baten el bronce (o la plata, o el oro, por soñar que no quede) en territorio hereje han sido monaguillos antes que peloteros. Vamos, que, en vez de salir del vestuario, de donde han salido es del beaterio. ¿Es que no se dan cuenta- -farfulla Zapatero- -de que los ciudadanos del futuro están apalancados delante de la tele? ¿Tan insensatos son que no intuyen siquiera el pernicioso oscurantismo que fomentan? ¿O es que les patrocina, acaso, la Conferencia Episcopal con buTOMÁS las a mansalva e indulgencias a espuerCUESTA tas? Al fin y al cabo, las cruces sobre el césped se pueden trasladar a la Declaración de Hacienda y seguro que Rouco lo ha tenido presente. ¡No sabe nada Rouco! Igualito, igualito, que esos defensas con galones que otean el partido metidos en la cueva y a los que nunca se les va el santo al cielo. Además, hacerle un caño es imposible puesto que la sotana no se presta. -O sea- -bajando el cuero al pasto, en homenaje a Di Stéfano- que se puede decir del cardenal que es uno de esos tipos que ven crecer la hierba. -La mala, desde luego. Según Roger Scruton, un partido de fútbol, con el campo atestado y la afición incandescente, es un eco lejano de aquellas ceremonias en las que confluían el sentimiento religioso con la emoción estética. En la Grecia A de Píndaro- -el hombre que inventó el periodismo deportivo y transmutó los puñetazos en poemas- -el deporte no era un espectáculo en el sentido que hoy impregna el término. Tenía más enjundia y mayor trascendencia. Lo importante no era quién vencía- -aunque a los derrotados, ¡ay! no les sirviera de consuelo- -sino poder compartir una cultura y una lengua, una historia y un credo. Ser heleno entre helenos, en resumidas cuentas. Ahora, en los estadios donde se desarrolla la Eurocopa, se reconstruye el rito de la pertenencia. Y la vieja nación sobre la que se echan suertes recupera el compás del pulso colectivo, del latido común que reverdece sus arterias. La cuestión es que España ya está en cuartos- -asomándose al tópico del descuartizamiento- -y el que no sepa rezar que aprenda. En la grada, la gente reza mucho y pide que Santiago- ¡sus y a ellos! -haga las veces de delantero centro. ¿Qué eso no es rezar? Objeción incorrecta. Una oración no cae jamás en saco roto, por peregrino que resulte el fervor que la alimenta. Y es, en cualquier caso, el testimonio de que la exaltación pica más alto que los gritos que profiere El Sabio de Hortaleza. In hoc signo vinces con este signo vencerás, descifró Constantino en la pizarra etérea al aprestarse a combatir contra Majencio. Y los gladiadores posmodernos, que no han oído hablar de Constantino y de Majencio ni pajolera idea, se siguen persignando, pese a todo, en aras de un impulso que viene de muy lejos. Es lógico, pues, que al presidente se le crucen los cables y los nervios. ¿De qué sirve enterrar los crucifijos en los trasteros de los ministerios si la cruz, todavía, es el emblema de los héroes? -Pura superstición, no exageremos. Cerrado y sacristía. Charanga y pandereta. -Quizá. Pero, si lo de la superstición es cierto, el día que los nuestros se tengan que emplear ante la circunfloja mismidad de Zapatero, no harían nada mal en santiguarse hasta que les duela la muñeca. En presencia de un gafe tan notorio, lo suyo es contratar a un exorcista y prescindir del médico. Vade retro