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ABC DOMINGO 15 s 6 s 2008 Tribuna Abierta AGENDA 77 Consuelo Crespo Bofill Presidenta de UNICEF Comité Español RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA Y SUPERVIVENCIA INFANTIL Todos debemos involucrarnos en lo que hemos llamado Objetivos de Desarrollo del Milenio, que no son otra cosa que la plasmación de unos objetivos mínimos que deberíamos alcanzar. La Responsabilidad Social Corporativa real es la mejor herramienta para que las empresas participen de un cambio que sabemos, atendiendo a resultados, que es posible E N los últimos años, las empresas españolas han empezado a asumir cierto grado de compromiso con las sociedades más vulnerables del mundo pero, excepto en contadas excepciones, de momento se hace en una medida casi testimonial. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) se ha convertido en una herramienta que está arrojando resultados, aunque estemos lejos todavía de lo que se podría considerar un verdadero cambio social en esta dirección. Es habitual, en estos momentos de nuevas políticas empresariales, oír que una empresa practica la responsabilidad social cuando, en realidad, se está limitando a cumplir la legislación y acuerdos plasmados en sus convenios laborales. Estamos, pues, ante una responsabilidad legal, cuyo incumplimiento conllevaría sanciones económico- administrativas, pero no estamos ejerciendo una responsabilidad social real en el sentido de dedicar esfuerzos con impacto directo en colectivos y países que viven inmersos en situaciones muy graves. La RSC debe plantearse retos dirigidos a corregir esas graves situaciones y que lleven a alcanzar resultados que cambien realmente la vida de las personas. cuanto a su implicación en acción humanitaria. Hay que avanzar, desde el compromiso individual y desde las instituciones y entidades públicas y privadas. Es el momento de que las empresas valoren la importancia de la verdadera Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en su dimensión real. Es cierto que grandes empresas empiezan a crear departamentos de RSC y a incorporar sus acciones sociales como elementos de posicionamiento frente a la competencia, pero esta práctica reciente todavía se aplica de forma subjetiva. Mimar a los trabajadores para obtener un buen ambiente laboral y mejorar la productividad es una buena práctica, pero no se debe confundir con el importante valor que para la sociedad tienen las inversiones sostenibles en los sectores más necesitados. a Responsabilidad Social Corporativa va más allá de los muros de la empresa, es el conjunto de acciones encaminadas a la resolución de problemas que afectan a grupos vulnerables o excluidos en una sociedad que es propietaria de los factores productivos y que la empresa utiliza para alcanzar sus propios intereses. Debería ser en la misión y en sus objetivos donde la empresa incluyera su compromiso con la sociedad, asumiendo las consecuencias de su actividad, tomando conciencia de que su papel no es solo económico y de que debe participar en la solución de los problemas que directa o indirectamente ahora o en futuro próximo nos afectan a todos. Lo reclaman los ciudadanos, que son los consumidores y clientes de los bienes y los servicios que ofrecen las empresas, y que están cada vez más informados y desean, por variadas razones, que se corrijan los enormes desequilibrios que afectan a nuestro planeta. Sabemos que no es posible llegar a una solución definitiva con el trabajo en solitario de las organizaciones humanitarias, es necesaria una urgente implicación de todos los sectores. La sociedad reclama acciones de cooperación con los países en desarrollo y las empresas deben valorar esta demanda. Se trata de una acción de corresponsabilidad para romper el profundo desequilibrio que estamos perpetuando. Todos debemos involucrarnos en lo que hemos llamado Objetivos de Desarrollo del Milenio, que no son otra cosa que la plasmación de unos objetivos mínimos que deberíamos alcanzar. La Responsabilidad Social Corporativa real es la mejor herramienta para que las empresas participen de un cambio que sabemos, atendiendo a resultados, que es posible. L C ada día mueren en el mundo, por causas evitables, más de 26.000 niños antes de cumplir cinco años. Esta terrible estadística se traduce en que en 2006, el año más reciente del que se tienen estimaciones sólidas, se registraron cerca de 9,7 millones de defunciones de menores de cinco años. Más de un tercio de esos niños y niñas mueren durante el primer mes de vida, generalmente en su hogar y sin acceso a servicios esenciales de salud ni a los productos básicos que podrían salvarlos. El camino está abierto. Ya existen experiencias que demuestran que se pueden atajar las cifras mortales de malaria, diarrea, sarampión o SIDA en los países en desarrollo. Y lo estamos haciendo, en las últimas décadas intervenciones muy concretas y sencillas han conseguido recortar los escalofriantes porcentajes. El informe de UNICEF que se acaba de hacer público con motivo del Día Mundial del Niño Africano, recoge que el África Subsahariana redujo su tasa de mortalidad infantil en al- go más de un tercio entre 1976 y 2006. Es un gran logro, que ha sido posible gracias a acciones tan simples como las campañas de vacunación, que han supuesto un descenso de más del 90 por ciento en las muertes por sarampión en todo el continente africano; o la distribución de pastillas potabilizadoras de agua, que en determinadas circunstancias evitan diarreas que pueden ser mortales para niños en condiciones vulnerables. La transmisión del SIDA también ha retrocedido, gracias al acceso a tratamiento para mujeres embarazadas. Y la malaria que, mientras avanza la investigación de los equipos que han sido reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2008, sigue recortando número de víctimas con medidas como la distribución de mosquiteras impregnadas con insecticida. ciedad, tanto en los países más industrializados como en los países en vías de desarrollo. Esta red de instituciones, públicas y privadas, y de personas comprometidas con las dificultades que millones de niños tienen para sobrevivir, es la base sobre la que se han emprendido las acciones que han rebajado la tasa de mortalidad infantil en el mundo. ero todavía muere uno de cada seis africanos antes de cumplir cinco años. Pobreza extrema, SIDA, conflictos civiles, desastres naturales, infraestructuras sanitarias inadecuadas, baja capacidad de los sistemas de salud, son algunos de los desafíos que debemos abordar en profundidad. Y tenemos pruebas, resultados, de que podemos hacerlo con éxito. Los cimientos para la acción están tendidos y afianzados. Es el momento de dedicarse de lleno, con una visión más certera, y hacer que la supervivencia infantil ocupe, por un lado, el primer lugar en el escenario internacional y, por otro, un espacio mucho más amplio en nuestras sociedades. España sigue, salvo excepciones, el mismo ritmo que el resto de los países ricos, en P S on pruebas de que, a mitad de camino entre el pronunciamiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2000, y la fecha límite para alcanzarlos, el 2015, se ha progresado. Ha sido posible a través de alianzas entre organizaciones humanitarias, gobiernos y distintos sectores de nuestra so-