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36 INTERNACIONAL www. abc. es internacional DOMINGO 15- -6- -2008 ABC LOS GANADORES DEL NO IRLANDÉS Joaquín Almunia Comisario El dirigente socialista debía regresar a España a pesar de su buena gestión, para dejar sitio a otro español, Javier Solana, en la Comisión Europea. Después del referéndum, los irlandeses le dicen que se quede. Benita Ferrero- Waldner Comisaria La política austriaca ejerce las funciones de Asuntos Exteriores de la Comisión Europea, que iban a pasar a ser competencia de Javier Solana. Mientras el Tratado de Lisboa no se apruebe, las mantiene. Vaclav Klaus Presidente checo A este euroescéptico estridente no le preocupa celebrar públicamente el no irlandés y declarar con júbilo que el tratado de Lisboa está muerto y sólo falta enterrarlo. La ratificación en su país es más que dudosa. Gordon Brown Primer ministro británico Si Londres ratificase el Tratado después del rechazo en Irlanda, podría ser la señal fuerte que esperan todos. Si Brown prefiere pensar en clave interna, puede dejar que se olvide y ceder a las presiones que sin duda le esperan. Sarkozy intenta salvar su semestre europeo tras el desastre irlandés Insiste en nuevas ratificaciones del Tratado para evitar que se abra una crisis ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. Los estados mayores de los líderes europeos trabajan a toda velocidad para buscar una solución, la Comisión saca de sus cajones secretos los planes B, C y sucesivos, el Parlamento Europeo estudia como va a afectar esta situación a las elecciones que se deberían celebrar el año que viene... El voto irlandés ha vuelto a tirar el castillo de naipes de las instituciones europeas, cuya mejor cualidad es que siempre tiene un ángulo para volver a ser montado, aunque nunca sea a gusto de todos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha reaccionado en efecto como si él hubiera sido el principal perjudicado por el resultado del referéndum, no porque lo hubiera convocado él mismo, sino porque le toca gestionar los escombros en un semestre de presidencia que esperaba para exhibición de su hiperactividad política y que ha empezado con muy mal pie. Su llamamiento a los demás países para que continúen las ratificaciones como una señal fuerte con la que evitar que este incidente irlandés se convierta en una crisis tenía como destinatario principal al británico Gordon Brown, que hasta ahora resiste en un entorno que sabe que se va volver cada vez más hostil al Tratado de Lisboa. Si Brown opta por hacer que Gran Bretaña salve- -otra vez, pensarán ellos- -al continente, entonces luchará por culminar una ratificación que podría revivir al Tratado. Si prefiere salvar su pellejo en casa, tal vez pueda servir la cabeza de Bruselas en una bandeja de plata para los leones de la oposición. Las dos velocidades El que más experiencia tiene es el luxemburgués Jean Claude Junker, que en su día ya siguió ese camino: se remangó, sacó adelante un referéndum justo después de los noes de Francia y Holanda, y sabe que entonces aquello fue solamente un gesto torero. Por eso, ayer recomendaba empezar a pensar en la Europa a dos velocidades de la que tanto se habla y sobre la que nadie quiere pensar en serio. Si el Tratado no entra en vigor el 1 de enero próximo como estaba previsto, hay muchos que van a sentirse perjudicados, además del primer ministro irlandés, Brian Cowen, que supuestamente es muy popular pero que a pesar de tener el respaldo de todos los partidos y del poderoso sindicato del campo, ha sido vencido claramente en las urnas. En Bruselas, el primero es Javier Solana, que ve como por segunda vez se le escapa el puesto de ministro de Asuntos Exteriores (aunque ahora ya no se llamaba así) y vicepresidente de la Comisión Europea, que desea dejar bien ahormado para su Nicolas Sarkozy, ayer, espera la llegada de Bush a las puertas del Palacio del Elíseo futuro sucesor. A cambio, sale airoso el comisario Joaquín Almunia, que habría tenido que volver a España puesto que Solana ocuparía la plaza española del ejecutivo comunitario. La Comisaria Benita Ferrero respira también, ya que mantiene las competencias que de otro modo pasarían a Solana. Todos los cálculos de los nuevos puestos que se han previsto en el Tratado de Lisboa quedan, en efecto, en suspenso. Ni Blair, que por otro lado ya estaba descartado, ni otros nombres que sonaban como el liberal belga Guy Verhofstadt, tienen ahora mucho sentido. La comisión para estudiar el futuro de Europa post- Lisboa, que le fue asignada a Felipe González, quizá haya perdido fundamento, aunque no es del todo seguro, según se mire. El pesidente de la Comisión, José Manuel Barroso, estaba a punto de lanzarse abiertamente a la búsqueda de un segundo mandato, en un escenario optimista, y ahora tendrá que bregar con el hecho de que en estos dos últimos años ha tenido a los comisarios prácticamente en paro, para no hacer ruido y no molestar a los euroescépticos. En este campo, por supuesto, los que se sienten beneficiarios de este no son legión. Desde Praga hasta Copenhague. El principal destinatario del mensaje, Brown, será el más acosado por el euroescepticismo