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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA La nueva pobreza ace unos días di mi primera comida de pobre. Quiero decir que, yo antes, cuando invitaba a comer, encargaba al pescadero una robaliza tan grande que cuando pasaba por el castiñeiro y abría como un iglú su furgoneta, todo el mundo le preguntaba por la robaliza y a él le gustaba responder que ya estaba vendida. Pero eso era antes. Que ahora las cosas son de otra manera. Porque yo antes bajaba a Betanzos para comprar pan de todas las clases, y algún bizcocho si no me iba dar tiempo a hacerlo, y vino de todos los colores, y frutas para adornar la casa, y unos ramos de flores tan grandes que en los brazos me tapaban la cara. La ruina, vamos. Procuraba no echar la cuenta, pero creo que si entonces hubiera invitado fuera, me hubiera costado menos. Claro que, la alegría con la que yo hacía esto, nadie puede imaginarlo, porque aunque lo que voy a escribir ahora no esté de acuerdo con la igualdad ni con los tiempos, tengo que reconocer que para mí no hay trabajo que me de mayor satisfacción que organizar una comida en casa. Que se haga de noche si es de día, y de día si es de noche, alrededor de la mesa. Por eso, ante la crisis, he decidido dar comidas de pobre. En vez de robalizas, agujas recién pescadas por mi marido y su primo, cuyas espinas son de un azul fosforescente y esto extraña un poco cuando se sirve en la mesa y vas comiendo su carne muy blanca y de pronto llegas a la espina que resalta muchísimo en el plato, pero que también lo adorna y lo vuelve exótico. Al menos eso quiero creer. A todos los invitados les fui advirtiendo: ojo, que es comida de pobre. Pero nos reímos como en cualquier otra. Puede que más. Mientras tanto pensaba yo en lo que escribió González- Ruano de cuando vivía en Via Margutta 33 en un estudio lleno de goteras que le traía el recuerdo de una las épocas más felices de su vida: De las temporadas más pobres y más alegres Así que bienvenida esta nueva pobreza, de comer lo que haya en casa, y de adornar con las rosas de la cerca. Hasta Einstein decía que había que huir del dinero. Claro que ahora pienso que a lo mejor era muy joven cuando lo decía. www. aceytuno. com H Mónica FernándezAceytuno Una escala ante de saltar a San Marcos. Las bicicletas que no falten informe surge un caramelo a golpe de soplidos y vueltas sobre el fuego: ver como se va hinchando Para Manuel sin embargo lo mejor fueron los jardines de cristal -que se conservan en el museo del vidrio, en el antiguo Palacio Giustinian- había árboles, fuentes, todo de color y en pequeñito... A su vez, Andrés, que se siente algo dueño del palacio, contempla desde las ventanas un estrecho canal donde la vida se desarrolla inmutable y cotidiana, tal y como es y debió ser aquí siempre. Una estampa presidida por el faro y la iglesia de Santa María y San Donato, el vencedor del terrible dragón que, según la leyenda, reposa enterrado a los pies del santo. Un reclamo irresistible para coger las bicis aunque haya que cargárselas al hombro para salvar los escalones de los puentes. Somos puenteadictos concluye Alejandro sudoroso. A bordo cada cual sabe ya cuál es su puesto: Manuel, de vigía a proa, Andrés, de copiloto con el mapa. Alejandro atento a la maniobra con las boyas y Arturo de pinche, abajo, en la cocina ayudando con el almuerzo que se despacha en cubierta bajo el toldo. Al atardecer, el barco pernocta ya frente a la plaza de San Marcos. De entre las más de 80 islas de la laguna, la de San Giorgio es la que posee la mejor vista de Venecia, desde la dársena, situada a la sombra de la gran iglesia barroca de San Giorgio Maggiore. Desde aquí Venecia, que es carne de acuarela, despliega su mejor imagen de postal. Un salto- -Mary Poppins lo haría, desde luego- y eres una figurita de la acuarela una más de las que pululan entre las palomas de Muy práctico Alquilar un barco es la mejor forma de recorrer la laguna. Y quizás la mas barata: La compañía Crown Blue Line- -Connoisseur- -Emerald Star dispone de barcos de diversos tamaños con una capacidad de hasta 10 12 personas. por unos 1.300 euros la semana en función del tamaño y de la temporada. Están perfectamente equipados con cocina, nevera, etc. No es necesario conocimiento de navegación previo. La compañía alquila las bicicletas Más información: 900 99 33 37 o en www. leboat. es. Y Federico Molina fmolina leboat. com Como llegar: Desde España en avión, aunque también puede hacerse en barco desde Barcelona a Livorno Pisa con la compañía: www. grimaldi. com, llevando el coche. Desde Pisa la distancia a Venecia es de unos 300 kilométros. Los barcos salen de Casier o Porto Levante y pueden retornar a la misma base o dejarse en otro puerto. Existe un servicio de transporte del coche particular de un puerto a otro por unos 100 euros. la plaza de San Marcos, que no dejan sitio a las personas asegura Andrés. El grupo se dispersa por el interior del palacio ducal, cada cual en función de sus intereses: Lo mejor, las mazmorras acuerdan Andrés y Arturo, que desaparecen tragados súbitamente por una puerta disimulada tras un tapiz que va a dar a una escalera cada vez mas lóbrega; no se pierden de milagro. A Manuel y a Alejandro no hay quien los saque de las salas de armaduras, Aquí deben estar las banderas de Lepanto asegura Manuel, emocionado. Por fin los presos salen de las mazmorras y los patriotas de la sala de Armas para reunirse con los adultos al pie de la Escalera de Oro que no lo es; la habrían robado explica Andrés decepcionado. El grupo emprende viaje en vaporetto Gran Canal arriba, Gran Canal abajo. Manuel no entiende que no funcionaran inventos de Leonardo que se exhiben en la iglesia de San Barrabás. Los inspecciona con cuidado y su mente de ingeniero intenta captar, -quizá copiar- los planos. Arturo suspira resignado ante la visita a la Academia: más cuadros Ni siquiera le anima la promesa de un helado. Al salir la lluvia ha desdibujado la acuarela mañanera. Una Venecia cotidiana con supermercados, tiendas y una Virgen encaramada a un tejado y protegida por una sombrilla. Pero también una venecia salpicada de iglesias y palacios que parecen multiplicarse a cada paso: los niños se temen lo peor Pero por hoy el cupo cultural está cerrado. El barco pone rumbo al Lido: Por fin la playa Una playa amarilla jalonada de edificios de aire decadente, también amarillos. Feliz, Arturo saluda a los barcos que se cruza. Se organiza otra expedición en bicicleta. Luego las nubes emborronan la laguna. No importa: el sol dibuja después un arco iris. Vuelve el calor. Tras la tempestad Venecia brilla.