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14 6 08 TENDENCIAS Arte niños TEXTO: MARÍA EUGENIA RUIZ DE AZCÁRATE FOTOS: JAIME BARRIENTOS En bici por Venecia Todo depende del enfoque, pero no hay nada más atractivo para los niños que un destino cien por cien cultural si se estudia debidamente. Venecia, por ejemplo, se adapta perfectamente a su imaginación n Venecia el arte y la aventura navegan a bordo del pequeño yate que se adentra por el canal de la Giudecca hacia San Marcos. Arte para los padres, aventura para los niños: el compromiso para un viaje familiar está cerrado. Venecia, sus museos, sus palacios -piensan unos- Venecia, la bicicleta, la playa, los helados... El yate ha salido de su base de Casier y seguido el río Sile hasta desembocar en la laguna. Alrededor, barcos de todos los tamaños, navegan también entre las hileras de estacas que van dibujando carriles sobre el agua como si de una autopista se tratara. Venecia azulada y húmeda flota al fondo del canal y por eso asegura Manuel, 14 años: la mejor forma de acercarse a esta ciudad es por el agua; la más natural porque aquí E lo normal es ir en barco Sin embargo para la tripulación, toda de secano, esto de navegar tiene su aquel: Es más fácil que conducir un coche les había asegurado el empleado de la compañía tras una breve lección práctica. Por si acaso todos se agrupan en torno al patrón, que no puede ser más inexperto. Luego, a la vista de que no se hunden, el grupo se entrega a la contemplación de la laguna y de sus islas que flotan como galletas en un plato de natillas observa Arturo, 13 años. Burano, brilla ya, irresistible con sus casas de colores chillones capaces de doblegar la voluntad del propio Ulises. Se impone la exploración en bicicleta, por canales y callejones tan estrechos que a veces parecían simples puertas -cuenta Manuel- Burano, Aventuras y un jardín de cristal Marineros de laguna y canal: Manuel, Andrés y Alejandro célebre por sus encajes, tiene además una torre inclinada como en Pisa aunque despreciada por la fama y, por encima de todo, un ambiente festivo, peculiar y sonriente que se vuelve verdinegro en cuanto el barco penetra entre los islotes vecinos cubiertos de follaje. En busca del tesoro sugiere Andrés 12 años. Desde luego éste sería el escenario. De vez en cuando los pájaros intercambian chillidos estridentes. Llegan ecos aislados de risas o de voces. En una casa celebran una fiesta y el dueño de otra, enfrente, se da un chapuzón y avisa de que la profundidad en algunos sitios es escasa. Que hay que sondear continuamente. Pero el bichero sirve de mástil a la bandera que Manuel se ha traído de España y no es cosa de usarlo para fines menos dignos. El yate embarranca. No importa; tenemos comida, podemos dormir; el barco es nuestra casa declara Arturo. De las casas empiezan a surgir embarcaciones dispuestas ayudar, primero un bote de motor, luego una lancha rápida. Incluso los invitados a la fiesta se apuntan a esta diversión inesperada. Pero nada. Habrá que esperar a que suba la marea, sentencian. Hasta que Manuel se da cuenta: ¡Marcha atrás! -ordena- Estamos tirando en sentido contrario Y el yate que es a la vez hogar y medio de transporte se eleva majestuoso apenas medio metro sobre el fango, rumbo a la abierta extensión de la laguna. La fabricación de su célebre cristal convierte a Murano en una suerte de centro científico experimental; un museo interactivo a pie de calle. A Alejandro le impresiona cómo de una masa