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24 ESPAÑA SÁBADO 14 s 6 s 2008 ABC Economía: palabras y parálisis El debate sobre si estamos ente una crisis (según Solbes) o ante cualquiera de los eufemismos utilizados por Zapatero dificultades objetivas parece ser el último) es, además de absurdo, engañoso de los grandes números, las noticias parecían todas malas: importante subida de la inflación, del Euribor, pésimas previsiones sobre el precio del petróleo... Los problemas que revela esta concentración de episodios en pocos días responden a causas distintas, aunque todas se agraven en un momento de crisis económica. La violencia y la presión que se han ejercido para conseguir reivindicaciones nada tiene que ver, como ha dicho con descaro uno de los líderes de la huelga del transporte, con la canalización de la desesperación de miles de afectados, sino con el empeño de salirse con la suya con cualquier medio olvidando ser razonables. Se ha dicho que algunas reacciones policiales han sido desproporcionadas y, como es lógico, las denuncias deben ser investigadas, pero la desproporción evidente ha estado del lado de los bloqueos y las presiones callejeras que, vulnerando la ley, han causado problemas graves al resto de los ciudadanos. Y no sólo ni fundamentalmente de comodidad en los desplazamientos, sino también en sus haciendas: aumento de precios de algunos productos, paralización de negocios y producción en empresas, etc. El Gobierno, naturalmente dentro de la ley que pretende restaurar, hace bien en garantizar con contundencia el orden público y si algún reproche puede hacérsele es el de haber reaccionado tarde. El debate semántico sobre si estamos ante una crisis (palabra ya utilizada por Solbes) o ante cualquiera de los eufemismos puestos sobre la mesa por Zapatero y sus seguidores dificultades objetivas parece ser el último) es, además de absurdo, engañoso. La cuestión- -ahora y hace ya bastante tiempo- -no es nominal, sino de dar con un ade- cuado diagnóstico para acertar con las recetas. Y, sin duda, estamos lejos de lograrlo como se escenificó en la sesión parlamentaria que aprobó en el Congreso el techo de gasto para 2009 y como ya se había explicitado en un paquete de medidas gubernamentales que es a todas luces insuficiente. Si son medidas para dificultades, que también se puede dudar, no lo son, desde luego para la gravedad de lo que se avecina. Palabras anestesiantes Germán Yanke Las imágenes de los informativos de televisión ofrecían ayer una apariencia tremenda: siguen algunos bloqueos en las carreteras, se podía ver al camionero quemado, escuchar a su mujer, se daba cuenta de las actuaciones policiales contra los piquetes, aparecían escenas de violencia en torno a manifestaciones de pescadores, agricultores, etc. Los supermercados daban cuenta de la subida de los precios por la escasez de algunos productos y, en el territorio En la batalla de las palabras anestesiantes se insiste, ayer mismo, en que nuestro superávit es una suerte de caja de resistencia que nos coloca en mejor situación que otros países ante las turbulencias, por utilizar otro de los eufemismos al uso. Sin embargo ya se anuncia que esa hucha se vaciará pronto, sobre todo si el Gobierno, en las cuentas de 2009, renuncia a la conveniente contención. De un lado, la irrealidad parece mostrarse cuando toda medida social se justificaba en la pasada legislatura con un hinchado podemos permitírnoslo y ahora, cuando observamos que no podemos, no hay un límite riguroso. El Gobierno que advierte que habrá que apretarse el cinturón, no está dispuesto a hacerlo para conservar su marca, como si el gasto no fuera a cuen- ta de aquellos. Y, de otro, el exceso de gasto público- -que sólo aparentemente anima la económica- -es el peor de los impuestos y, por ello, afecta más a los que más necesidades tienen. El portavoz de economía del PP, Cristóbal Montoro, ha planteado bien, a mi juicio, eso que se ha dado en llamar un nuevo estilo de oposición. En primer lugar, no sólo sin excesos, sino explicitando que lo más alejado del interés ciudadano es que, ante problemas evidentes, la confrontación política sea una pelea nada constructiva. Y, en segundo término, al poner el dedo en la llaga de algunas propuestas presupuestarias y de ausencia de reformas más estructurales que aporten a la economía la estabilidad y la competitividad que se requieren. El llamamiento gubernamental a que el PP ponga el hombro (es decir, el consenso entendido como la obligación de apoyar y callar) es otra disculpa a la demostrada ineficiencia con las previsiones y las posibles soluciones. Se acertará o no, se estará de acuerdo o no, pero Alemania, Francia y otros países europeos proponen reformas de mayor calado. Un grupo de dirigentes del socialismo, encabezados por Helmut las reclaman. La parálisis es un error.