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96 VIERNES deESTRENO VIERNES 13 s 6 s 2008 ABC Sospechosos habituales Sam Giancana, líder de la mafia de Chicago, contrató (esto lo dice su hijo) a cuatro gánsters para drogar y matar a Marilyn Monroe, después de que ella amagara con hablar sobre la utilización de dinero sucio por parte de Kennedy en las primarias de 1960. Sammy Davis tuvo una aventura con Kim Novak, de quien también estaba encaprichado Harry Cohn, magnate de Columbia. La mafia amenazó al actor con cargarse su otro ojo si no recapacitaba. El actor se casó enseguida con una corista negra. Quizá fuera guapa. Frank Sinatra dijo que prefería ser Don a presidente. El cantante veneraba al capo Bugsy Siegel e imitaba hasta su forma de vestir. Según Jerry Lewis, también transportaba dinero para la mafia. Fue Sinatra (cerremos el círculo) quien presentó a JFK y a Giancana, ambos amantes de la Monroe. Secuaces de Al Capone visitaron a Hawks (segundo por la derecha, sentado) en el rodaje de Scarface para ver por dónde iban los tiros ABC ¿Qué fue antes, la mafia o el cine? Es difícil determinar si los gánsteres imitaban a iconos del cine como Cagney, Bogart y Pacino (o los Soprano de la tele) o si estos son solo un retrato fiel de los capos. Tim Adler muestra la íntima relación entre ambos mundos en el libro Hollywood y mafia POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. Casi desde los hermanos Lumière, la mafia se mostró interesada en aquella linterna mágica que exudaba prosperidad y glamour. Según el historiador David Thompson, en la edad de oro de Hollywood los magnates de los estudios se comportaban como auténticos gánsteres para mostrarse duros y farolear entre ellos. No sorprende que en los setenta adoptaran la famosa frase No es nada personal, son negocios de El Padrino. Al mismo tiempo, el mundo del hampa empezó a utilizar el término de padrino, un invento de Mario Puzo, y recuperó costumbres tan arcaicas como besar el anillo del Don. El cine, además de inspiración, encontró a menudo una nueva forma de pagar sus caros juguetes. Tim Adler, escritor y editor de la revista Screen Finance cuenta en Hollywood y la mafia (Robinbook) que Louis B. Mayer era íntimo del famoso capo reconvertido en agente de actores Frank Orsatti, mientras que Harry Cohn, de Columbia, frecuentaba al mafioso de Chicago Johnny Rosselli. Como dice Ray Liotta en Uno de los nuestros la gente del cine quiere codearse con los matones, una especie de joya con la que lucirte en una fiesta La afición, desde luego, era recíproca. Tim Adler confirma que la mafia aprendió tanto de Hollywood como los actores de los gánsteres, hasta tal punto de que hacia los años 90 los mafiosos alegaron en un juicio que todo lo que ellos sabían de la mafia lo habían absorbido de las películas y de la televisión Los orígenes del idilio se remontan a Al Capone, quien visitó Hollywood por primera vez en 1927 y calificó todo aquello como un gran chanchullo aunque no fue hasta los años 30 cuando sus herederos decidieron sacarle partido económico. La mordida ascendió a un millón y medio de dólares En los 90, varios capos alegaron en un juicio que todo lo que sabían lo habían aprendido de las películas ABC Louis B. Mayer, que inspiró una inolvidable escena de El Padrino con un coprotagonista Lana Turner confesó poco antes de morir que ABC asesinó a su novio, el gánster Johnny Stompanato al año. Adler también previene, no obstante, sobre el exceso de leyendas que no pasarían el control de mentiras, como algunas historias sobre Frank Sinatra, justo quien menos necesitaba de las exageraciones para llamar la atención. Uno de los casos más carismáticos es el del actor George Raft, un protegido de la mafia y amigo de Bugsy Siegel, que enseñó a hablar a muchos de sus toscos secuaces. Raft, a su vez, se inspiró en Joey Adonis, vinculado a Lucky Luciano. Aunque Scarface basada en Al Capone (a él le contaron otra cosa) y en su cutis surcado por una navaja, sentara cátedra décadas antes, la película más influyente sobre el crimen organizado es El Padrino que ofrece una versión casi edulcorada (ni siquiera pronuncian la palabra mafia) que enoja a Adler: Reflejaba a los mafiosos como protectores de las mujeres y contaba que no tenían nada que ver con drogas y que no se traicionaban unos a otros. ¡Nada más lejos! Este submundo se basaba en el narcotráfico y en la traición Adler también habla de la serie Los Soprano en su opinión una brillante evocación de los estertores del hampa. Según el escritor, el FBI comentó que las escenas de la serie eran tan precisas que consideraba casi seguro que el escritor hubiera hablado con los mafiosos de Nueva Jersey. Nada nuevo bajo los focos. En otra serie anterior, Los intocables -que Brian de Palma llevó al cine a la mayor gloria de Elliot Ness- la mafia italiana llegó a imponer que en la última temporada incluyeran nombres como un improbable Joe Vodka.