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ABC VIERNES 13- -6- -2008 Obama lanza una web para defender a su mujer de los ataques republicanos Michelle Obama 33 tando y ayudando a Irlanda- -indicó ayer Cowen- la Unión Europea se ha ganado el derecho de que no la veamos como una amenaza, y creo que el pueblo irlandés reflexionará sobre esto cuando examine los argumentos vertidos por ambas partes en esta campaña Al final, el poner la cruz junto al Tá Yes o al Níl No de las papeletas del referéndum, redactadas en gaélico e inglés, fue una opción entre quienes confían en que la Unión Europea sigue siendo la mejor tabla de salvación ante la incertidumbre económica, y los que, sin renunciar a la UE, quieren asegurarse un salvavidas propio. Entre los argumentos del rechazo, presentado no como una salida de la UE sino como manera de forzar una renegociación del Tratado, ha pesado el deseo de preservar un sistema fiscal propio no condicionado por Bruselas. Irlanda ha atraído a buen número de multinacionales gracias a su reducido impuesto de sociedades, que es del 12,5 por ciento, frente al 24,5 pro ciento de media que existe en la UE. El idioma inglés, su orientación geográfica hacia el Atlántico y sus particulares lazos con EE. UU. han facilitado además las inversiones norteamericanas, que podrían estar en peligro con un sistema impositivo menos favorable. Tanto el Gobierno como todos los partidos políticos con representación parlamenta- Argumentos del rechazo ria, a excepción del Sinn Fein, con sólo cuatro escaños en el Parlamento de Dublín, han insistido en la campaña que el Tratado de Lisboa no cuestiona el sistema fiscal irlandés. Pero la coalición del no que ha unido a extraños compañeros de viaje, desde la extrema izquierda al populismo de derechas antieuropeo, ha extendido la desconfianza hacia la letra pequeña del Tratado. Esa desconfianza era ayer palpalble en muchas conversaciones en el centro de Dublín. Votaré que no, porque quiero que no se baje el salario mínimo interprofesional declaró por ejemplo un taxista, sin poder referirse a ningún artículo que avalara ese temor. No se había leído el Tratado, como tampoco en realidad ha hecho completamente el primer ministro, según ha reconocido. Hubo gente que murió por tu libertad avisaba uno de tantos carteles del no La cuestión de la neutralidad militar, exigida por la Constitución, es otra de las razones esgrimidas contra el Tratado, aun cuando el Gobierno la da por salvaguardada al haberse especificado que Irlanda no se íntegra en la política de defensa común. El texto también advierte que no podrán llevarse ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos denuncias contra la prohibición del aborto en Irlanda, pero ciertos sectores se han movilizado para prevenir la introducción del aborto y la eutanasia. Bruselas, sin plan B Desde hace dos meses, en Bruselas todo está parado a la espera de saber si los irlandeses van a colmar el sueño de la reforma institucional deseada o si van a sumir a la UE en otra pesadilla peor que la francesa ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. Hay una política que ha sido constante en la Unión Europea en situaciones como la que se produce en estos momentos frente al referéndum en Irlanda y que consiste en que jamás se reconoce que hay un plan B para el caso en que se produjese un resultado adverso. No hay nada que dé más alergia a los eurócratas que esa manera de reconocer que no están seguros de que lo que tan cuidadosamente han diseñado vaya a salir bien. La segunda constante es que como en realidad no están tan seguros de que va a salir bien, creen que la mejor publicidad es que no haya publicidad, así que cualquier interpretación, discurso, anuncio o mensaje destinado a los votantes irlandeses se ha suspendido por arte de magia. Por ejemplo, en el último consejo de Justicia e Interior, la semana pasada, se ha dejado de lado un acuerdo que estaba prácticamente hecho sobre la homologación de los reconocimientos de sentencias de divorcio entre todos los países miembros, porque alguien dijo en el último momento que tal medida podría ser utilizada por los partidarios del no Así las cosas, el mensaje más firmemente europeísta ha venido el mismo día de la votación de donde menos se esperaba. El primer ministro británico Gordon Brown ha hecho saber que su gobierno, contrariamente a lo que se suponía, continuará con su propio proceso de ratificación, independientemente de lo que digan los irlandeses. Hasta ahora se creía que un fracaso del Tratado de Lisboa entre los vecinos insulares sería el pretexto perfecto para aliviar a Londres de la responsabilidad de tener que pasar el mal trago de la ratificación en un ambiente tradicionalmente euroescéptico. Sin embargo, las filtraciones interesadas del Foreign Office primero y su confirmación después por boca del primer ministro han sido una manera de decir que si los irlandeses rechazasen el texto, se quedarán solos. La víspera, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, había hablado claramente de que en caso de que no se completase la ratificación, se pondría en marcha la llamada Europa de dos velocidades por un lado los países que quieran avanzar más rápidamente y detrás aquellos que quieran permanecer alejados del núcleo. Hasta ahora, de los 27 países han ratificado 18 y excepción hecha de Irlanda y Gran Bretaña sólo se vislumbran dificultades dignas de mención en la República Checa, donde el tratado está siendo sometido a uan revisión por parte de un tribunal. Por el contrario, si el escollo irlandés se superase, el camino quedaría practicamente expedito. En caso contrario, la Comisión insiste- -como siempre- -en que no hay ningún plan B sino que la UE se vería obligada a abandonar los intentos de reforma institucional durante mucho tiempo. Y eso en el mejor de los casos. Un plan para homologar en la UE sentencias de divorcio se congeló para no dar argumentos al no