Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 12- -6- -2008 JUEVES DE ESCENA www. abc. es juevesdeescena 85 Una imagen de la coreografía Cambalache del Ballet Nacional de España ABC Danza española, el reto del relevo La muerte de Mariemma supone, a juicio de artistas, expertos y críticos, el fin de una época de la danza española, que vive un momento especialmente delicado en creación, formación, proyección e incluso, y eso es quizá lo peor, en su definición POR JULIO BRAVO MADRID. Fue en el año 1984. En el teatro de la Zarzuela de Madrid se presentaba el primer programa del Ballet Nacional con María de Ávila al frente de la compañía. Lo conformaban tres coreografías: Danza y tronío de Mariemma, con música del Padre Soler, Boccherini y Antón García Abril; Ritmos una creación de Alberto Lorca sobre una partitura de José Nieto; y Medea con coreografía de José Granero y música de Manolo Sanlúcar. Aquel programa marcó- -es opinión unánime dentro del sector- -el comienzo de una nueva época en la danza española. Hoy, veinticuatro años después, los tres coreógrafos que participaron en aquella histórica velada han fallecido, y la sensación dentro del mundo del baile es que con ellos se ha ido también una manera de entender un arte que está, desde hace mucho tiempo, gravemente herido. No son sólo Mariemma, Lorca y Granero. También han desaparecido figuras de la talla de Antonio Ruiz Soler, Antonio Gades- -las dos figuras masculinas más sobresalientes y relevantes (junto a Vicente Escudero) del baile español- Pilar López, la gran señora de nuestra danza, y Trini Borrull. Nos hemos quedado absolutamente huérfanos Coinciden en la frase Aída Gómez y José Antonio, dos de los herederos directos de estas figuras. La que fuera directora del Ballet Nacional, y que hace unas semanas ha estrenado un espectáculo, Permíteme bailarte en homenaje a sus maestros, se muestra enormemente preocupada por el futuro de un estilo que, a pesar de estar enraizado en nuestra tradición y nacer del folclore popular, es un gran desconocido en nuestro país. No veo- -dice Aída- -en los jóvenes la atención ni el interés que teníamos nosotros. No conocen, y a muchos tampoco les preocupa, la tradición que nos transmitieron nuestros maestros, y yo siento ahora una responsabilidad muy grande La extraordinaria fuerza fagocitadora del flamenco- -un baile pasional, directo, extraordinariamente intenso- su capacidad de adaptación y la presencia de figuras de primer nivel han ahogado al resto de las ramas de nuestra danza, que la propia Mariemma clasificaba: danza estilizada, folclore y escuela bolera. Las tres fueron de la mano tradicionalmente con el flamenco, pero ahora son muy pocos quienes las practican, y tampoco los estudiantes de danza parecen estar demasiado interesados por ellas. Hoy casi nadie se preo- cupa por aprender a tocar bien los palillos se quejaba ayer una profesora, como muestra del desinterés. A los Conservatorios- -seguía- -llegan chicos ya con dieciséis o diecisiete años con vicios adquiridos porque no se les ha enseñado bien, y no hay manera de corregirles Nadie sabe explicar por qué entre los grandes maestros fallecidos y los artistas que ahora rondan la cuarentena se ha producido una fractura; hay, aseguran, una generación perdida que debería haber servido de puente entre ellos, y que ahora podría servir también de ejemplo para las chicos y chicas que empiezan, y que ven a Antonio, Gades, Pilar López o Mariemma como algo muy lejano, en el mejor de los casos, y como un nombre del pasado en la mayoría. En mi último espectáculo- -cuenta Aída Gómez- -se proyecta una imagen de Pilar López, y muchos bailarines jóvenes y alumnos no la reconocían, y pensaban que era un familiar mío Mariemma vaticinó, hace tres lustros, que la danza española moriría en quince años; afortunadamente, la situación es grave pero no extrema, y hoy en día, además del Ballet Nacional, que tiene entre sus deberes la conservación del repertorio (algo que no siempre ha cumplido) hay varias compañías que siguen manteniendo viva, de una u otra manera, la llama de la danza española: la propia Aída Gómez, que es además una de las más grandes bailarinas de nuestros días; Antonio Márquez, que estos días pasea con éxito su convencido homenaje a Antonio Ruiz Soler; el Nuevo Ballet Español de Ángel Rojas y Carlos Rodríguez, que busca nuevas vías de expresión; o Antonio Najarro, que trata de encontrar su propio camino.