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10 OPINIÓN MIÉRCOLES 11 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM ZAPATERO, UN ESPECTÁCULO J OSÉ Luis Rodríguez Zapatero es un maestro del espectáculo. No pasará, por sus ideas, a la tabla en que inscriben su nombre los sabios de la ciencia política ni, por sus actos, integrará la lista de los grandes líderes occidentales; pero, a cambio, puede competir en pie de igualdad con las más míticas figuras promotoras del entretenimiento colectivo. Los antecedentes más claros del líder socialista, más que en un abuelo republicano, hay que buscarlos en genios como Phineas Tylor Barnum, el impulsor del circo contemporáneo. Su equivalente más próximo podría ser Matías Colsada, M. MARTÍN un empresario teatral FERRAND irrepetible. Colsada se sacó de la manga, para enriquecer sus revistas musicales, a artistas de tanto talento como Lina Morgan, Concha Velasco o Tania Doris. Zapatero ha hecho lo propio con maestras de la expresión política del rango de Magdalena Álvarez, María Antonia Trujillo y, últimamente y en ejercicio de superación, Bibiana Aído. Frente a las alegres chicas de Colsada las divertidas muchachas de Zapatero El propio Zapatero es un actor cómico excepcional. Está en la línea de Luis Cuenca, Toni Leblanc o José Luis Ozores. Hace falta mucho sentido del humor y grandes dosis de desparpajo para, ante una situación económica como la que nos sacude y un cierre patronal de transportistas como el que padecemos, crear un Comité de Coordinación y Seguimiento. Nada de un gabinete de crisis, que resultaría vulgar y paramnésico. Incluso- ¡más difícil todavía! -excluir de tan decisivo comité a Pedro Solbes. En un personaje de otras características eso sería un desacato simultáneo a la razón y al vicepresidente del Gobierno; pero en Zapatero es originalidad, garbo y disimulo. En términos circenses, que son los suyos, desviar la atención del no respetado respetable de la pista central a una secundaria, con menos luces y fanfarrias. Lo de Bibiana Aído es la consagración de Zapatero, su rien ne va plus en la creación de personajes capaces de concentrar la mirada del público y hacernos reír, por igual, a espectadores, espectadoras y posibles espectadoros. Hay que ser, como mínimo, de Alcalá de los Gazules para, sin descomponer la figura, sin un solo gesto de hilaridad, con la severidad de quien recita a un clásico, dirigirse a los miembros y miembras de una comisión del Congreso y anunciarles un teléfono al que podrán llamar los maltratadores de mujeres para canalizar su agresividad. ¿Quién dijo que no hay nada nuevo bajo el sol? Aído lo es y, con ella, Zapatero nos ha vuelto a demostrar su genialidad. Del mismo modo que David Copperfield, en la superación del ilusionismo, hizo desaparecer la Estatua de la Libertad ante una docena de miles de espectadores, el presidente del Gobierno, con sólo una ministra vestida de rojo, nos ha birlado la contemplación de miles de camiones ciscándose en nuestros derechos constitucionales. Un genio. COSTA Y LA PRIMAVERA A primavera, para muchos, en vez de una estación, es una patología recurrente. Es el apeadero de las alergias pertinaces, de los gripazos por sorpresa, de la ansiedad a piñón fijo y de los descosidos en las entretelas. La primavera es un enhebre de los poetas líricos, de los adolescentes con barrillos y de los grandes almacenes. Y, también, por supuesto, de las multinacionales farmacéuticas que venden ansiolíticos como si fueran pan caliente. Porque la primavera dispara el mal de vivre el dolor de vivir, una hermosa expresión aunque sea francesa. El dolor de vivir- -llámese depresión, melancolía, bajonazo o acedia- -es aún más doloroso en esta época chunga, caprichosa y veleta, en la que la naturaleza se disfraza de suripanta de la tele y las chicas en flor abruman las aceras con su carnalidad insolente. O los chicos en flor, lo que prefieran. Para gustos, colores, y, para apetencias, géneros. Dejando a un lado el desajuste emocional quien lo probó, lo sabe igual que la pasión, según Lope de Vega) obviando los conflictos de puertas hacia dentro, la primavera, siempre abundosa en crisis, en este año de gracia es TOMÁS que es un no parar, un desenfreno. CriCUESTA sis en el ladrillo, crisis en el empleo, crisis en los juzgados, crisis en la alacena. Hasta en el Barça andan en crisis porque no tocan pelo. Sólo José Tomás se salva del naufragio, reventando la plaza y la reventa. En el 98 (cuando los yanquis, en Cavite, pasaportaron al sobrero del imperio) la ruina colonial nos pilló en plena feria- -media entrada en Las Ventas- -y la afición pedía más caballos en vez de más gobierno. Claro que aquella crisis es historia, y lo de ahora, en cambio, no llega ni a historieta. Mas el paralelismo ahí queda. En cualquier caso, frente a la crisis de ilusión que ha convertido a la derecha en un barbecho; frente a una oposición que no se opone y que parece que ha pedido la excedencia; frente a un Rajoy que antaño ga- HAY MOTIVO L lleaba y hogaño galleguea; frente a esa crisis de astenia ideológica que ha sumido al país en la hemiplejia... Enfrente de semejante panorama todas las otras crisis son peanuts cacahuetes. La crisis de ilusión es un hallazgo de Juan Costa, ese señor que, hablando por la radio, es clavadito a Butragueño y que estaba llamado a interpretar en Valencia el mismo papel que El Buitre en el estadio de Querétaro. Sin embargo, resulta más sencillo cascarle cuatro goles a la selección danesa que conseguir lanzar un tiro libre ¿Libre? ¿Quién dijo libre? ¡Jodidos disidentes! contra una portería tapiada con cemento. Valle- Inclán dejó escrito en sus sonatas que la ilusión es un tapiz entretejido por los enamorados o por los enfermos. ¿En qué consiste, entonces, la crisis de ilusión que denunciaba el señor Costa, si no con santa ira, con piadosa vehemencia? ¿Hay diez millones largos de españoles a los que el señor Rajoy les ha puesto los cuernos? ¿Estamos en las últimas o queda algún remedio? Coño con don Juan Costa. A buenas horas, mangas verdes. ¿O no es éste el Juan Costa que aguaba más el vino que un tabernero quevedesco? Arrepentidos quiere Dios y bienaventurados sean los que han visto la luz tras vegetar largo y tendido en el espeso corazón de las tinieblas. Aunque hay que estar muy ciegos para no darse cuenta de que lo de la crisis de ilusión es una cursilada de las de que aquí te espero y un eufemismo descastado en vez de un argumento. Añádanlo a la cuenta de los efluvios perniciosos de la dichosa primavera. Nadie es perfecto, al cabo, nunca hay dicha completa, el mejor escribano echa un borrón y aliquando bunus dormitat Homerus ¿Qué se le va a afear al señor Costa si hasta al viejo Homero se le iba la cabeza? Porque, en definitiva, la crisis de ilusión, fuera de la política, puede dar mucho juego. Si los protagonistas de la prensa rosa son la mitad de espabilados de lo que aparentan, alguien, dentro de nada, declarará solemnemente que ha sufrido una crisis de ilusión que le ha llevado a romper con su pareja. ¡Qué delicadeza!