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4 EDITORIALES MIÉRCOLES 11 s 6 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) J. L. Sánchez Izquierdo (Deportes) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera EXCESOS EN LA HUELGA ueva jornada en la huelga de transportes, con un desgraciado accidente que ayer provocó la muerte por atropello de un miembro de un piquete en Granada. Siguen los bloqueos de carreteras y se agudizan los problemas de abastecimiento ante la indignación de muchos ciudadanos, que se sienten rehenes de una situación que el Gobierno no sabe cómo afrontar. Por una parte, no consigue encauzar las negociaciones y, por otra, está fracasando en el cumplimiento de su obligación de garantizar el normal desarrollo de la vida cotidiana, además de incurrir en un preocupante desconcierto informativo. Las supuestas medidas potentes no aparecen por ningún sitio mientras la situación se deteriora sin que nadie asuma la responsabilidad porque el Ejecutivo mira para otro lado en espera de que las cosas se arreglen por sí solas. La opinión pública pone en cuestión las instrucciones impartidas a las Fuerzas de Seguridad, porque si bien es lógico que se intente evitar cualquier incidente violento, no se puede, en cambio, justificar la pasividad a la hora de hacer que se respete la ley. Los que deseen seguir la huelga deben ejercer su derecho en el marco de la legalidad vigente y los transportistas que prefieran trabajar tienen que ser protegidos frente a cualquier amenaza injustificable. Los huelguistas tienen, sin duda, una parte de razón, pero no deberían plantear propuestas que perjudican directamente a los consumidores y, sobre todo, no deben en ningún caso utilizar elementos de presión inaceptables. N LA JORNADA LABORAL, A DEBATE S fácil criticar el acuerdo alcanzado ayer por mayoría cualificada de los veintisiete miembros de la Unión Europea para permitir que la jornada laboral pueda ampliarse en determinadas circunstancias hasta 60 horas semanales. Es fácil porque a primera vista parece una vuelta al siglo XIX, un retroceso en una conquista social irrenunciable, un abuso intolerable e incompatible con la salud laboral, el derecho al descanso y la conciliación de la vida laboral y familiar. Esfácil pero inexacto, a menos quecreamos quelos gobiernos europeos han enloquecido o que compartamos la tesis disfrazada de neoliberalismo. Lo cierto es que España se ha quedado prácticamente sola en su defensa de la jornada de 48 horas en el Consejo de Ministros de Trabajo de la Unión. Las cosas son más complejas y no se ajustan a esa visión maniquea del mundo que utiliza la propaganda oficial en defecto de políticas concretas con las que combatir la crisis económica o acabar con la huelga de camioneros. Lo que se aprobó en Bruselas es la libertad bajo condiciones de empresarios y trabajadores para pactar una jornada laboral concreta, hasta un máximo de 60 horas o incluso 65 en el caso de las guardias médicas, precisamente para adaptarse a la diversidad y pluralidad de realidades sociales. No todos los trabajadores son iguales, ni todos los trabajos tampoco, por lo que no se entiende la presunta superioridad moral de una norma que les obligue a todos por igual. Se puede entender el rechazo sindical a una ley que de aprobarse en el Parlamento Europeo supondrá un paso, pequeño pero importante, en la desintermediación de las relaciones laborales, en la recuperación de la autonomía de las partes en los contratos de trabajo como corresponde a una economía del siglo XXI en la que el fordismo- -trabajo por turnos en las cadenas industriales de producción- -ocupa cada vez a una menor proporción de la sociedad. Si los sindicatos quieren mantener su papel de interlocutor social válido en la sociedad post- industrial tendrán que encontrar E mejores argumentos. Loestamos viendoen lahuelgadeltransporte en España, en la que su silencio es clamoroso. Se entiende peor, si no es por un calculado populismo en tiempos de crisis, la indignación de un Gobierno que dice haber convertido el respeto a la diversidad en el eje desu estrategia. O es quesólo está interesado en la diversidad sexual y religiosa. Sería más útil a los intereses internacionales de España, más congruentecon su objetivo dehacer de Europa el centro de su políticaexterior, y más acorde con las necesidades de nuestro país, que el Gobierno actuara con responsabilidad. Podría así entrar a negociarlos detallesdeunanormaquecontieneaspectos mejorables. Podría intentar asegurar que esa presunta libertad de las partes para negociar la jornada semanal de trabajo no esconde una dócil aceptación por parte del trabajador. Bastaría con estipular que la no aceptación de una jornada superior a la inicialmente pactada no podrá ser nunca causa de represalia alguna, como denegación de ascenso o traslado de puesto de trabajo. Podría también interesarse por evitar que una larga jornada laboral negociada a nivel nacional se convierta en instrumento de competencia desleal dentro de la Unión, porque la norma se enmarca y legitima en el derecho individual a fijar la jornada en función de las necesidades concretas de cada trabajador y empresario, y no debe ni puede convertirse en una estrategia para afrontar la globalización. La UE hadadoun paso haciala liberalizacióny modernización de las relaciones laborales. Un paso que efectivamente supone una ruptura con una historia de tutela e intervención constante, más propia de economías inmaduras. Como mínimo, debemos felicitarnos por la apertura de este debate sociolaboral en toda Europa. Y debería felicitarse sobre todo- -aunque no lo ha hecho- -un Gobierno que ha dicho recientemente quela flexiseguridad suponeel punto neurálgico desu estrategia laboral frente a la crisis económica. O tendremos que concluir que una vez más nos quieren engañar y arrullar con palabras huecas hasta que pase el temporal. OCURRENCIAS MINISTERIO DE E l Ministerio de Igualdad empezó como una frívola autocomplacencia de Zapatero, pero se está transformando en una broma pesadaparael ciudadano quetienequefinanciar con sus impuestos las ocurrencias de su titular, Bibiana Aído. El Ministerio de Igualdad está tan vacío de competencias como la ministra de iniciativas. A la videoconferencia con Nicole Kidman, la ministra Aído sumó el lunes el anuncio de un teléfono para que los hombres desahoguen su machismo y su apuesta por cambiar el modelo de masculinidad sin concretarlos medios con los que pretenderá alcanzar tan ambicioso objetivo. La vacuidad del Ministerio y de su titular es una nueva ofensa a las mujeres a las que se pretende amparar y promocionar. La insolvencia de las ideas de la ministra demuestra que Zapatero buscó más lapropagandaque la eficacia con la creación de un departamento que sólo vive de ocurrencias, porque a la mujer maltratada la protegen jueces y policías, y la promociona el trabajo y la educación. Y la ministra no tiene una sola competencia sobre estos factores, decisivos para la igualdad real de la mujer.