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10 OPINIÓN MARTES 10 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM ZAPATERO, QUESO Y VINO NA generalizada y duradera huelga de transportes, diría Baura, podría conducirnos al feroz castigo de comer y beber todos los días, sin posible alternativa, el queso y el vino de nuestro propio pueblo. Algo terrible. Sería como volver al XVIII, pero sin el consuelo de la Ilustración. En nuestros días, los derechos de libre circulación y desplazamiento que garantiza la Declaración Universal de los Derechos Humanos y se concreta, para el aquí y el ahora, en la Constitución del 78, se perfeccionan y completan con el tráfico de mercancías que abre el horizonte de nuestros consumos. M. MARTÍN Los empresarios del FERRAND transporte, disfrazados de trabajadores, le llaman huelga a lo que es un cierre patronal. Pase. Imitan así la ambigüedad irritante con la que suelen expresarse José Luis Rodríguez Zapatero y su pontífice económico de capirote, Pedro Solbes. Si ellos le llaman desaceleración a la crisis, los autónomos del transporte, forzados de la ruta, pueden llamarle como quieran a su protesta. La subida del precio de los combustibles derivados del petróleo les tiene en un brete y, aunque ese es uno de los pocos puntos de la crisis que no es directamente imputable al Gobierno, ¿a quién le van a protestar? Cuando se le llama libertad de mercado a lo que no lo es, a una parodia de la oferta y la demanda, tienen que ocurrir estas cosas. Los transportistas no tienen capacidad de negociación con sus proveedores de combustible, una rara suma entre la voracidad fiscal del Estado y las multinacionales petroleras, y su capacidad de maniobra frente a sus clientes viene limitada porque éstos, pobrecitos, se someten a varias y parecidas partidas simultáneas. Ya estamos instalados en el disparate, demoledor a medio plazo, de que una serie de actividades productivas, desde la pesca a la agricultura y la ganadería, reciban subvenciones, compensaciones y o devoluciones del impuesto que satisfacen por el gasóleo que consumen. Es una forma de empobrecer sectores y convertirlos en no competitivos. La apuesta por la ruina final. El Gobierno, que no las vio venir y las está dejando pasar, funciona- -es un decir- -con retraso y sin ideas. No basta con proponer medidas, más literarias que reales, que mitiguen el daño que sufren los transportistas, una mínima parte del total de afectados por el problema. Hay que ahorrar energía, abaratarla y reducir la dependencia de los mercados internacionales. Algo que no se puede alcanzar de hoy para mañana, pero que tampoco se ha abordado en los cuatro años, y pico, que llevamos de Zapatero, un estilista en las artes del aplazamiento, que empieza a recolectar las tempestades de los vientos que él mismo impulsó. Si le queda vergüenza torera, no debiera cambiar ni de vino ni de queso, ni en la comida ni en la cena, mientras el tráfico de los camiones no sea fluido en toda España. U -Ha habido un nuevo atentado contra la libertad de expresión. ETA ha vuelto a mover el árbol. VISTO Y NO VISTO ¡EL REPUBLICANO VA DESNUDO! SPAÑA, ahora mismo, es un pueblo que lo da todo. Hasta un presidente de las Ventas declara simpáticamente estar dispuesto a darle el rabo al Torero Republicano, si el público lo pide, que es una forma de invitar a los domingueros taurinos que con los ojos como bolitas de alcanfor siguen los vuelos de las guiñás del Torero Republicano a acudir a los toros el domingo con un argumento d orsiano entre las manos: ¡El rabo! ¡el rabo! ¡el rabo! José Tomás, que, en contra de la propaganda oficial, no ha venido a San Isidro- -su comparecencia madrileña ha sido festiva, y su competencia, Javier Conde- es en el toreo lo que Alvarito Palmares fue en la aviación: un icono emblemático en terminología progresista. -Ser republicano en la España de 1930- -cuenta Pemán en De Madrid a Oviedo pasando por las Azores -era tan delicioso como estar convaleciente: todo eran mimos, desvelos, atenciones... Hoy, para salir por la Puerta Grande de Las Ventas- -puerta de los mimos, los desvelos y las atenciones- hay que pasar por el cartel, que al aupado le queda a mano izquierda, de la República de AlvaIGNACIO RUIZ rito Palmares. QUINTANO Con Fraga torciendo como un loco por Obama, de la derecha madrileña, que es la que gobierna la plaza, se puede esperar cualquier cosa, como consagrar a José Tomás, que sólo es otro Emo como el rey del cuento: el cuento de aquel rey que creía ir vestido de una tela que no podían ver los tontos, y desde Sevilla ha tenido que venir Antonio Burgos a denunciar con un dedo de niño: ¡El republicano va desnudo! Que es una broma, vamos. Y es que al rey del cuento no le perjudicaban las opiniones técnicas ni las comparaciones pedantes de sus cortesanos; fue la risa del arrapiezo que denunció su desnudez lo que arruinó su prestigio. Almacenes Simeón. Plaza del Ángel, 8. Gran surtido en equipos para novias. Precios módicos. Precios módicos. Precios módicos ponía en las octavillas publicita- E rias que desde el aire había arrojado sobre Madrid el avión de Alvarito Palmares y su chica Paquita Sanchiz el día en que, a su señal, debía proclamarse la República, de no haber confundido las sacas de las proclamas republicanas con las sacas de las octavillas publicitarias. Pero España vuelve a darlo todo. -Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barak Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata. Estas palabras para la historia de la liberalidad española son de Pepiño Blanco, quien, como Fraga, está loco por Obama, que no es gallego. Esta liberalidad no la conocieron ni griegos ni romanos, ignorantes de la compasión. Según Gómez Dávila, la admiración que despiertan la literatura griega y el arte griego le ha ocultado a la posteridad al hombre griego: envidioso, desleal, deportista, demócrata y marica En cuanto al hombre romano, ya sabemos por Carmen Calvo que era un fascista tremendo. Pero, al decir liberalidad, ¿decimos fraternidad? Según Octavio Paz, las tres palabras cardinales de la democracia moderna son libertad, igualdad y fraternidad, que conllevan una contradicción entre ellas, pero la palabra central es fraternidad: su otro nombre es solidaridad, herencia de la caridad cristiana. En esta España centrista hay caridad de izquierdas y caridad de derechas. De izquierdas es la de Ana Belén, que por su concierto toledano de once mil euros de recaudación cobra cincuenta y siete mil euros del cepillo para el Tercer Mundo. Es natural que esa mujer odie al capitalismo, cuyas reglas de mercado no le habrían permitido liquidar el concierto toledano de la alcuza del 0,7. De derechas, en cambio, es la de Esperanza Aguirre, organizadora de la Corrida de Beneficencia y las Galas de la Inmolación, modelos de caridad elegante, a pesar de los gritos de ¡el rabo! ¡el rabo! ¡el rabo! Ya lo dijo Seka, después de servir refrescos en una fiesta de la escuela de San Vicente Paúl: -Las obras de caridad mantienen fresco tu nombre y tu personalidad. Yo también hago donativos y entrego mi tiempo y mi esfuerzo para buenas causas.