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78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 9- -6- -2008 ABC El Vietnam de los vivos En La guerra de Vietnam (Crítica) el historiador norteamericano Christian G. Appy presenta, con extraordinaria mesura, testimonios directos de 350 personas de todos los bandos que lucharon en la contienda. La desoladora sinfonía de los supervivientes POR PABLO MEDIAVILLA COSTA El relato perfecto de una guerra sería el ofrecido por sus muertos. Ante tal imposibilidad, sólo queda invocar a la memoria de los supervivientes si aún se aspira a contar algo. En todos los sentidos éramos como bebés armados confiesa el veterano Roger Donlon en su jardín de Kansas. Inmediatamente supe que habíamos cometido un terrible error: habíamos disparado contra un grupo de pescadores; lo que parecían fusiles eran cañas de pescar recuerda el jefe de pelotón Phan Xuan Sinh, que ahora regenta un supermercado en Massachusetts. Me emocioné mucho al ver la luz del sol sobre un muro. Habían sido nueve años en la selva durante los que no había visto amanecer en una ciudad dice el artistasoldado del Norte, Vu Hy Thieu. En La guerra de Vietnam (Crítica) el historiador norteamericano Christian G. Appy presenta, con extraordinaria mesura, los testimonios de 350 personas de todos los bandos que lucharon en la contienda, ya fuera desde un despacho lejano, en la profundidad de la selva o en las manifestaciones que sacudieron Estados Unidos. Es la desoladora sinfonía de los vivos. Quería ofrecer un cálculo completo de las consecuencias y costes de la guerra para todas las partes implicadas responde el autor a ABC. No todas las entrevistas ofrecían recuerdos frescos y vívidos, pero busqué a personas cuyos relatos fueran impredecibles y, de hecho, los mejores llegaban cuando me quedaba escuchando y dejaba que mi curiosidad diera forma a las preguntas añade Appy. Escribir hoy sobre lo ocurrido en Vietnam supone enfrentarse a más de 30 años de olvido y de ficción, a la desmemoria de las víctimas y a aquel Apocalypse Now no es una película sobre Vietnam, es Vietnam que pronunciara Francis Ford Coppola en el Festival de Cannes de 1979. Mucha de la ficción se ha centrado minuciosamente en la experiencia americana de la guerra y ha contribuido a verla como una tragedia nuestra y a ignorar lo que hizo a los vietnamitas afirma el autor, que explica en el prólogo cómo El americano impasible de Graham Greene y El dolor de la guerra del autor local Bao Ninh se han convertido en los libros más vendidos a los turistas que llegan a Hanoi y Ho Chi Minh City. Nada como las historias reales para observar qué fue Vietnam, nadie como el artillero de helicóptero Larry Colburn para contar que el 16 de marzo de 1968, en la aldea de My Lai, vio al capitán Medina rematar a una joven malherida- -uno de los 500 asesinatos que el ejército norteamericano cometió ese día en el lugar- -o el cirujano Le Cao Dai para explicar cómo hacían sondas intravenosas con el recubrimiento de los cables de los helicópteros derribados, en el hospital que dirigía Una de las imágenes más dolorosas y célebres de la guerra de Vietnam en mitad de la selva, con turnos de ciclista en una bicicletagenerador para iluminar el quirófano. Nadie como la conejita de Playboy que se fue a animar a las tropas, la guerrillera adolescente que pasó siete días encerrada en uno de los túneles de Cu Chi, la viuda del ciudadano Norman Morrison que se quemó vivo frente al Pentágono para frenar la guerra o el estudiante que viajó al otro lado del mundo para volver convertido en perro viejo del periodismo. La guerra de Vietnam no se olvida de los ilustres como los generales William Westmoreland y Vo Gnuyen Giap- -jefes militares de ambos bandos- el prisionero de guerra y hoy candidato republicano John McCain, el director de cine Oliver Stone o el músico James Brown. Cálculos de historiador Un infierno en el paraíso El intento de Estados Unidos por mantener un Vietnam del Sur no comunista pasó por varias fases, desde el apoyo militar encubierto al gobierno títere de Diem tras la descolonización francesa (1954- 1964) hasta la escalada que plantó sobre suelo vietnamita a más de medio millón de soldados norteamericanos en 1968. Las negociaciones de paz de París de 1973 sirvieron de prólogo a la entrada triunfal, dos años después, del Ejército Popular de Vietnam del Norte en un Saigón abandonado a su suerte. El precio de la guerra fue abrumador: dos millones de civiles vietnamitas muertos, un millón cien mil soldados del ejército del Norte, 224.000 soldados del Sur, 58.193 soldados estadounidenses- -nótese la precisión de la cifra- -y millones más de heridos y afectados, aún hoy, por armas químicas como el agente naranja. Si Estados Unidos hubiera perdido la misma proporción de población que Vietnam, en el Muro de Washington no habría 58.193 nombres sino, como mínimo, doce millones asegura Appy en su obra. Estados Unidos gastó 200.000 millones de dólares, desplazó a 3 millones de soldados entre 1961 y 1972 y lanzó ocho millones de toneladas de bombas- -tres veces más que en la Segunda Guerra Mundial- -en un esfuerzo por desmoralizar al Norte comunista y al Vietcong- -guerrilla procomunista infiltrada en el Sur- -mediante una guerra de desgaste o, en palabras del presidente Lyndon B. Johnson ante su cúpula militar, bombardearlos hasta devolverlos a la Edad de Piedra Una de las deficiones más brillantes de la contienda la regaló Michael Herr en su Despachos de guerra: Algunas personas sólo querían volarlo todo y mandarlo al infierno. Querían un Vietnam que pudiese caber en los ceniceros de sus coches. Mucha gente sabía que era imposible conquistar el país, que sólo podíamos destruirlo, y se encerraban en esto con escalofriante contemplación, sin cuartel, llevándose a uno de cada familia, a una familia de cada aldea, una aldea de cada provincia, hasta que hubiesen muerto un millón.