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ABC LUNES 9 s 6 s 2008 OPINIÓN 11 BOMBAS CONTRA PALABRAS un hospital de San Sebastián. Vienen a mi memoria tanUARENTA años de quimera sanguinaria requetos y tantos periodistas de Vocento que han aprendido a rían una celebración ruidosa. Y los etarras, que vivir acechados, hostigados, perseguidos por la sombra aún no han extraviado el sentido simbólico de las insomne de una amenaza, más temerosos de la vida de celebraciones, han atentado contra las rotativas del diasus allegados que de la suya propia, pero nunca resignario El Correo pues lo que anhelan no es otra cosa que dos a dimitir de su palabra, su única y más preciada poseapagar la palabra de los españoles. Cuarenta años llevan sión, su más acendrado orgullo. Por sus palabras los conotratando de apagarla, con la siega de vidas a mansalva y ceréis; y aquí palabras vale por obras, pues la palabra es la extensión de una dictadura del miedo que atenaza las la obra más hermosa de quienes son libres y quiegargantas y hace decir a los débiles y a los claudiren que otros también lo sean. cantes lo que avergüenza que brote de labios huQuieren enmudecernos, y por ello gustan de manos. Pero, por muchas vidas que sieguen, por elegir a los portadores de la palabra. Pero, por camuchos débiles y claudicantes que se avengan a da voz que siegan, por cada estrépito de pólvora sus manejos, siempre habrá una palabra de los escon el que intentan silenciarnos, la palabra que pañoles que aún no han dejado de ser humanos les responde cobra mayor brío. Resulta paradójique vibre con voz firme. Y esa palabra dirá siemco que quienes no anhelan otra cosa sino apagar pre lo mismo: No la voz de los españoles nos propongan de tanto en Quieren enmudecernos, y por ello gustan de JUAN MANUEL cuanto diálogo claro que, donde dicen diáloelegir a los portadores de la palabra. Los cadáveDE PRADA go quieren decir en realidad sometimiento de res de José María Portell o de José Luis López de los muditos. No los encontrarán, desde luego, entre quiela Calle lo testimonian. Los cuerpos lacerados de José Janes arrimamos palabras en Vocento. Ya pueden arrasar vier Uranga o Gorka Landáburu lo testimonian. Y se todas las rotativas en las que se imprimen nuestros periócuentan por decenas los portadores de la palabra que han dicos, que encontraremos otras en préstamo solidario. Y, logrado salvarse por milagro de las asechanzas de esta aunque arrasaran también las rotativas que nos presten, banda de enmudecedores: quienes lograron burlar la baseguiríamos arrimando palabras y propagándolas por la que les iba dirigida, quienes no llegaron a abrir el pamulticopista o por imprenta de tórculos o por señales de quete- bomba que les entregaron, quienes fueron protegihumo, si fuese necesario. Y, aunque nos dejaran sin medos por sus ángeles de la guarda, que a veces ejercen su midios para divulgar nuestras palabras, cada uno de los que sión desde el cielo y a veces descienden a la tierra y se enarrimamos palabras en Vocento nos convertiríamos en carnan en tantos policías y guardias civiles heroicos, en una rotativa humana, a imitación de aquellos hombres de tantos sufridos escoltas que sirven de parapeto al plomo. la novela de Bradbury, que en un mundo donde los libros Y, en medio de tantos portadores de la palabra, quizá ninhabían sido condenados a las llamas se reunían de noche, guno haya sido tan ensañadamente perseguido por las alipara recitarse los libros que habían aprendido, los libros mañas etarras como la empresa que edita el diario El Coque circulaban por su sangre, mezclados con sus leucocirreo la empresa que también edita este periódico. Viene tos y hematíes. No hay bombas que puedan con las palaa mi memoria el nombre de Javier de Ybarra, que fue asebras, porque cada hombre es el templo de la palabra, su rosinado, allá en el alto de Barázar, en las estribaciones del tativa insomne. Y cada periodista de Vocento, convertido monte Gorbea, de un disparo en la nuca que puso término en una rotativa insomne, os dice la misma palabra que a un secuestro ignominioso; y murió con un rosario en la siempre os ha dicho, la misma que siempre os seguirá dimano, según me ha contado su hijo Enrique. Viene a mi ciendo, fragante de tinta fresca y ardorosa sangre: No memoria el nombre de Santiago Oleaga, director financiewww. juanmanueldeprada. com ro de El Diario Vasco tiroteado en el aparcamiento de EL ÁNGULO OSCURO UNA RAYA EN EL AGUA FUERZA Y HONOR UARENTA años y un día lleva la ETA asesinando gente desde que comenzó su andadura siniestra, y eso es lo que les va a tocar pasar en la cárcel, por cada crimen, a cada heroico gudari que caiga en poder de la justicia. A estas alturas ya deben haber abandonado toda esperanza de lograr algún objetivo político, habida cuenta de que hasta el iluminismo optimista de Zapatero tuvo que frenar en seco su aventurerismo negociador forzado por la presión de una opinión pública que noestá dispuesta a bailar sobre la sangre de las víctimas. Matar sí pueIGNACIO den, claro, y ayer lo volvieCAMACHO ron a intentar con cinco kilos de explosivo en la rotativa de El Correo pero ya escribió Bertolt Brecht que cuando alguien cae en la primera línea, otro ocupa de inmediato su lugar. Y aunque los periodistas podemos llegar a tener, uno a uno, el mismo miedo que cualquiera, no se puede silenciar ni a un periódico ni a una profesión. Ya lo han intentado antes muchas veces, en todas partes y en todas las circunstancias, y siempre en vano, otros con más fuerza y más poder que esta banda de orates. Sentado este principio, conviene no esperara quelocomprendan quienes han demostrado no entender más que su propio delirio de sangre. ETA no se va a acabar; hay que terminar con ella. Ésta es la diferenciaesencial que separa, en el amplio bando de la democracia, a los que tienen la determinación y el coraje de defender la libertad y a los que pretenden comerciar en su beneficio con la existencia de la coacción y del chantaje. Tipos como Íñigo Urkullu, presunto jefe del PNV que todavía ayer instaba a los asesinos a declarar un alto el fuego para avanzar en el autogobierno esta gente no suelta el cesto de nueces ni para visitar los escombros delúltimo atentado. O esaErtzaintzaquedudaba en un primer momento de la autoría del bombazo de Zamudio; será que como la Policía vasca no tiene costumbre de detener terroristas le falta información sobre sus métodos. Qué asquito dan todos. Ocurrequemientras unaparteacomodada de la sociedad vasca aguarda con los brazos cruzados a que ETA reflexione, el resto sufre la violencia que un día toca a los guardias, otro a los políticos, otro a los empresarios y otro a la prensa. Al nacionalismo no le alcanzacasi nunca; lamayoríadesus jerifaltes sigue yendosin escolta por lacalle. El Gobierno de la nación parece que ha entendido- -le guste más o menos a su presidente, que ésa es otra- -que no hay más camino que el de la lucha, aunque sería deseable que activase con algo más de firmeza el frente político de unidad, pero de la autonomía vasca no cabe esperar más que retórica oportunista para calentarse la sangre. Eso es lo que hay; los compañeros de El Correo que conocen el percal, saben que a ese respecto sólo les queda apretar los dientes y tomarprecauciones suplementarias: no están solos, pero podrían estar mejor acompañados. Fuerza y honor, amigos; antes se partirá el martillo que el yunque, y el final de esta dolorosa locura totalitaria se publicará en los medios que intentan destruir con ella. C C