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10 OPINIÓN LUNES 9 s 6 s 2008 ABC CON CAJAS TEMPLADAS DE PERDEDORES O es justo que a los representantes de los 180 países reunidos en Roma para abordar la crisis alimentaria mundial se les acuse de inacción. En rigor, han realizado una contribución sustancial al problema: nada más clausurarse el cónclave de la FAO, los precios de los productos agrícolas volvieron a registrar un incremento récord. El arroz subió un 4 por ciento; y el maíz, un 5 por ciento, por mencionar sólo dos pequeñas vueltas de tuerca, indicativas de que los mercados han recibido sin interferencias el mensaje tranquilizador. Anteuna proeza de este calibre no hay más remedio que quitarse el sombrero. ¿Cómo se las han ingeIRENE niado los delegados para LOZANO explicar su postura con nitidez? Hay que reconocer que la tarea era complicada. A los productores de biocombustibles debían aclararles que las perspectivas de negocio siguen siendo buenas; a los especuladores de materias primas, que ningún organismo interferirá en sus operaciones; a los receptores de subvenciones agrícolas en los países desarrollados, que no se les dejará al socaire de la libre competencia internacional; a los monopolios de la distribución, que no se cuestionará su posición dominante ni mermarán sus beneficios. Por último, era necesario enviar un mensaje genérico a los ganadores del desgobierno económico global, para asegurarles que las instituciones internacionales van a seguir siendo inoperantes, siempre y cuando se ocupen de cosas como el hambre, un asuntillo de perdedores. Aquellas que tienen entre manos cuestiones importantes, como el Banco Central Europeo, seguirán disponiendo de autonomía, capacidad ejecutiva y liquidez para inyectar miles de millones de euros al sistema financiero de un día para otro. El mensaje era poliédrico, la audiencia resultaba de lo más dispar: la misión se presentaba complicada. ¿Cómo obrar el milagro? ¿Con qué palabras enfrentarse a una subida media de los precios de alimentos básicos de un 80 por ciento en tres años, que amenaza con sumir en el hambre a cien millones de personas? Los delegados han necesitado días de reuniones, negociaciones, papeles y borradores para finalmente acordar una declaración en la que se comprometen, con toda solemnidad, a luchar por todos los medios para erradicar el hambre y a buscar un comercio más justo Chapeau! Una vez más los gobiernos demostraron que se puede confiar en ellos: invariablemente envuelven sus crímenes en palabras hermosas. O, por decirlo con Étienne de la Boétie, son ese tipo de gente que nunca hará mal alguno sin poner por delante algún bello discurso sobre el bien público y el alivio común Ciertamente, como ya damos por desahuciados a los 800 millones de personas que padecen hambre crónica en el mundo, sería incongruente preocuparse ahora por sólo cien millones más. Los mercados respiran aliviados; el arroz, el maíz y la soja prosiguen su escalada. Celebremos este triunfo de la coherencia antes de que la nueva ola de hambre se convierta en un asunto monótono. UN ASUNTILLO N -Pero si no compito con algún rival, ¿cómo demuestro en el partido que yo soy el mejor? HAY MOTIVO DE BERLÍN A ZAMUDIO A noche del 10 de mayo de 1933, los nazis saquearon las bibliotecas berlinesas y millares de libros fueron pasados por el fuego. En la noche de ayer, un comando de ETA colocaba un bomba contra las rotativas de El Correo Setenta y cinco años clavados separan ambos hechos si hacemos abstracción de una horas apenas. La oscuridad es la misma, el odio semejante y la brutalidad idéntica. Zamudio podría ser la Babelplatz y los camisas pardas todavía pardean. No han cambiado de uniforme: lo llevan en el alma, en el supuesto de que tengan. Al totalitarismo de cualquier ralea- nacionalsocialista, marxista leninista, nazionalista a secas- la tinta le sofoca y se transforma en polvo, igual que los vampiros, ante la luz que arroja el papel prensa. La libertad atrincherada en la palabra, ejercida a diario y al pie de la letra, es tan devastadora como la kryptonita para estos supermanes con chapela. Las sabandijas se mueven en silencio, se reproducen en silencio, no sirven a otras leyes que a las que imponen el silencio. Intentan achantar a los testigos que no bajan la voz cuando dan fe de la miseria. MaTOMÁS niatar a aquellos que denuncian la inCUESTA soportable fetidez del pozo negro. Liquidar, si es preciso, a los que están al tanto de quiénes, cómo y cuándo, quieren exterminar la convivencia. La más noble expresión del periodismo es la que le convierte en un contrapoder, en bálsamo y antídoto de la venalidad y el atropello. Y la jauría etarra, al atentar contra El Correo lo que pretende es fragmentar la sociedad e impedir que genere sus propios anticuerpos. Anteanoche, en Zamudio, se repitió el auto de fe de hace setenta y cinco años en una plaza berlinesa. Ladran los mismos perros, pero de razas de diferentes, enseñando los dientes a la inteligencia. Si una dictadura quiere perpetuarse necesita extirpar el pensamiento. La mordaza y los tiros en la nuca son la cara y L la cruz de la moneda. Silencio a discreción- otra vez el silencio- que ningún eco nos advierta de los manejos de los pistoleros. ¡Viva la muerte! gritan. La muerte es tan discreta... Cuando Johannes Gutemberg inventó la imprenta, enterró el viejo mundo y echó a rodar el nuevo. Las ideas salieron de estampida del scriptorium de los monasterios y se llevaron por delante señoríos y reinos. La civilización no se concibe, desde entonces, si no puede ponerse en negro sobre blanco sin tachones ni enmiendas. La imprenta es un bastión contra la tiranía, un puesto de avanzada frente a la indignidad y la peste. Y los profesionales del terror- que siempre acaban siendo aterradoramente consecuentes- asumen, como autómatas, su lógica siniestra. No hay peor enemigo que quien les llama por su nombre, quien rompe la omertá quien les retrata a ras de acera. Por eso queman libros y destrozan imprentas. No sacian su saña al liquidar a un inocente. Necesitan, también, que enmudezcan sus deudos. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Y así ha sido, en efecto. Hitler y Arana, pasean del bracete hablando de las bombas y de las hogueras. De los judíos y los españolistas, de los degenerados y de los maketos Tres cuartos de siglo después de aquella noche en la que los salvajes encendieron la tea, el salvajismo ha vuelto por sus fueros. Pero a nosotros, sin embargo, nos queda un arsenal con el que defendernos. Nos queda la palabra, por supuesto. Y el olor de la tinta. Y la tensa esperanza que transmite el corazón insomne que late en los talleres. Y nos queda, también, el ejemplo de aquellos que no bajan la guardia, ni admiten componendas, ni dan cuartelillo al escaqueo. Y nos quedan, por último, los versos admirables que nos sopla al oído Francisco de Quevedo: No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca o ya la frente silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Con un par, compañeros.