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22 ESPAÑA 40 aniversario del asesinato del guardia civil Pardines s El lugar, hoy DOMINGO 8 s 6 s 2008 ABC (Viene de la página anterior) El asesino de Pardines aseguraba que la lucha de la banda no sería tomada en serio hasta que se produjeran las primeras muertes prendieron la huida pasando ante el otro guardia civil, Félix de Diego, que aún ignoraba lo ocurrido. Pero tras informarle el camionero, el agente dio la alerta y se puso en marcha un amplio dispositivo. Etxebarrieta y Sarasketa consiguieron ocultarse en la casa de un cura de Tolosa, pero unas horas después la abandonaron. En la zona conocida como Benta Haundi fueron interceptados por una patrulla que les pidió la documentación. De la misma manera que las centraminas habían puesto a Txabi eufórico- -recordaba Sarasketa- dos horas después le hundieron en un ataque de pánico. Salimos de la casa y nos detuvo una pareja de la Guardia Civil. Los dos llevábamos una pistola en la cintura. Primero me cachearon a mí y no la notaron. Recuerdo que el guardia civil que registraba a Txabi lanzó un rugido. Y después, una escena típica del oeste, de las de a ver quién tira primero... El guardia civil disparó antes que yo y salí corriendo... No supe en ese momento que Txabi había muerto... En efecto, en el transcurso del forcejeo con los agentes, el asesino de Pardines quedó malherido y falleció poco después en el Hospital de Tolosa. Detuve un coche, amenacé al conductor y le obligué a que me llevara en dirección a Régil (cerca de Zarauz) -añadía en sus declaraciones Sarasketa- Resultó ser un pariente lejano mío. Yo sabía que la pistola me delataba y pensé en tirarla. El conductor me pidió que no lo hiciera. Si nos detenían parecería más real que le estaba obligando. También se dio cuenta de que no tenía intención de hacerle daño, así que unos kilómetros más allá me pidió que bajara... Y continué andando Así llegó hasta Régil, donde se refugió en una iglesia. Al día siguiente fue detenido. Condenado a muerte, Franco conmutó la pena capital por cadena perpetua, atendiendo a una petición del padre Arrupe. A sus 22 años, Etxebarrieta, que ya pertenecía al comité ejecutivo de ETA, aseguraba que la lucha de la banda no sería tomada en serio hasta que se produjeran las primeras muertes. Para nadie es un se- creto que difícilmente saldremos del 68 sin ningún muerto llegó a escribir. Pocos días después del tiroteo de Benta Haundi, ETA hizo público un comunicado, titulado el primer mártir de la revolución en el que no sólo reconocía la pertenencia a la banda de Etxebarrieta, a quien comparaban con Che Guevara, sino que admitía el golpe sufrido. Podría haber sido un intelectual vasco, vivir bien y tener la conciencia tranquila- -señalaba el panfleto etarra- Sin embargo, de improviso, Txabi desapareció. Rompió todos los moldes burgueses y se rebeló Para un revolucionario- -añadía- -la vida no es el bien supremo En efecto, fue ETA, el monstruo, la que arrastró a su criatura, Txabi hacia su propia muerte. Desde ahora lo advertimos- -concluía el comunicado- Para nosotros, Txabi Etxebarrieta vale mucho más que todos los guardias civiles de Alonso Vega, él incluido. Ellos no lo han robado y pagarán por ello La banda llegó a señalar que por cada etarra que muriera asesinaría a quince guardias civiles. La pretendida lucha por la liberación nacional vasca resulta ser, al fin y al cabo, un terrorismo basado en el odio y la venganza. Ello explica lo estéril del dolor causado estos 40 años. Olvido de las víctimas, culto a los verdugos Como buen feudo batasuno, la localidad guipuzcoana de Villabona practica el olvido de las víctimas y el culto a los verdugos s Nada ni casi nadie recuerda al guardia civil José Pardines, pero en cambio sí están muy presentes los etarras POR ALBERTO LARDIÉS VILLABONA (GUIPÚZCOA) La localidad donde comenzó la barbarie etarra hace 40 años es uno de los feudos tradicionales de Batasuna y sus sucesivos disfraces. Por ello hoy en Villabona, en las faldas del monte Uzurre y junto al río Oria, en la Guipúzcoa más verde y profunda, casi nadie recuerda a Pardines, asesinado en una carretera de las afueras. Sin embargo, en las calles se rinde culto los terroristas y sus secuaces. Como en el resto de España, en esta localidad de unos 5.000 habitantes se celebraron elecciones municipales el 27 de mayo del año pasado. ANV fue el partido más votado y obtuvo seis concejales. El PNV se quedó con cinco, otro fue para el PSE y el último para la coalición Aralar- IU. La alcaldesa es María Isabel Arrieta, de la última marca de Batasuna. Lo curioso es que esta dirigente ya fue concejal del pueblo en la legislatura 1999- 2003 en el seno de Euskal Herritarrok y luego formó parte de una plataforma ilegalizada en las municipales de 2003. Así, pese a que siempre ha defendido el mismo discurso ha ido pasando de la legalidad a la ilegalidad. A unos dos kilómetros del centro del pueblo, muy cerca del lugar donde se produjo el crimen, junto a una antigua fábrica de yeso, hay un paseo por donde se mueven los vecinos más entrados en años. La mayoría opta por el mutismo y alguno que recuerda con nitidez lo sucedido no quiere hablar del asunto. El lógico olvido por el paso del tiempo se agrava por el miedo. Un hombre robusto y de gesto sonriente que admite conocer el hecho lo deja claro antes de seguir su camino: Yo de esos temas no estoy muy informado Otros dos ancianos tampoco se muestran comunicativos al respecto. De eso hace mucho sostienen. Es una señora la que se aviene a indicar el que según ella es el punto exacto donde el etarra Francisco Javier Etxebarrieta- -quien junto a su hermano tiene una calle dedicada en Lejona- -disparó contra el agente de la Guardia Civil. Lo recuerdo perfectamente, nosotros vivimos cerca. Llegó mi marido diciendo que habían matado a un guardia. Hubo mucha confusión, ya sabe cómo son estas cosas afirma. En el casco urbano de Villabona sí hay lugar para otro tipo de recuerdo, ya que el sello proetarra es omnipresente. La Calle Mayor y sus alrededores se merecen un lugar destacado en el conjunto de infamias cotidianas que inundan el País Vasco y Navarra. Los carteles y pintadas de apoyo explícito a ETA son incontables. Hay numerosos goras a la banda terrorista- -y en todos los casos se destaca la vertiente militar con m varios anagramas del hacha y la serpiente, distintas frases a favor del terrorismo como el habitual jota ke pintadas a favor de Batasuna y carteles de lo más variopinto. Entre ellos destaca ese en el que aparece tumbado en una cama Igor Portu, el etarra que denunció supuestas torturas tras se detenido como autor, junto a Martín Sarasola y otros miembros del comando Elurra del salvaje atentado de la T- 4 en el que murieron Carlos Palate y Diego Estacio. La decoración de la calle es la misma que la que se puede ver en la plaza del Ayuntamiento. En la Casa Consistorial sólo cuelga una vieja ikurriña descolorida, pero no falta al lado el típico cartel que solicita que los presos de ETA vayan a las cárceles vascas. Además, la fachada está aderezada con varias pintadas: en una se colocan las siglas del PSOE en una diana, en otra se puede leer PNV español y en otra, sin duda reciente, pone Gora Ino en referencia a la alcaldesa de Mondragón, Ino Galparsoro. Refugiado en una iglesia Ayuntamiento de Villabona, con una gran pancarta que pide el reagrupamiento de presos TELEPRESS