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ABC DOMINGO 8 s 6 s 2008 40 aniversario del asesinato del guardia civil Pardines s Los hechos ESPAÑA 21 TELEPRESS Sobre estas líneas, la foto del guardia civil José Pardines. A la izquierda, aspecto que presenta hoy el lugar donde el agente de la Benemérita fue tiroteado por los pistoleros etarras Etxebarrieta y Sarrasketa. Allí empezó todo. Cuarenta años y un día de ETA ETA es la historia del odio, de la locura asesina, del delirio nacionalista. Y lo es desde el primer día, como lo demuestra la reconstrucción de su primer crimen, el del guardia civil Pardines, perpetrado hace 40 años y que fue tan inútil como los 823 posteriores POR JAVIER PAGOLA MADRID. Con el asesinato del guardia civil José Pardines Arcay a manos del pistolero Txabi Etxebarrieta, hace ahora cuarenta años, ETA puso en escena un drama, que todavía perdura. Tragedia con personajes reales, interpretada con el paso del tiempo por actores diferentes, que representan como una constante papeles bien definidos: la víctima, siempre inocente- -José Pardines y sus familiares- el asesino elevado a la categoría de héroe por un sector corrompido de la sociedad- -Etxebarrieta- y el monstruo- -ETA- que en ocasiones lanza a la muerte a sus propias criaturas- -de nuevo Etxebarrieta- En el reparto de esta tragedia, que a día de hoy se sigue representando en tantos escenarios del País Vasco y de fuera de él- -ayer Villabona, más recientemente Mondragón, Legutiano... existe también el personaje del arrepentido, encarnado aquel 7 de junio de 1968 por Iñaki Sarasketa, que años después reconoció lo absurdo, gratuito y, sobre todo, lo injusto de aquellos disparos que acabaron con la muerte del joven Pardines. Lástima que la entrada en razón llegue cuando el mal está ya hecho. La historia interminable de ETA tiene también su epílogo: tanta muerte, tanto dolor, tanta mentira, para no conseguir ninguno de sus delirantes objetivos. Aquel 7 de junio de 1968 fue, por tanto, una fecha clave en el siniestro historial de ETA. Completamente ajeno a su inminente entrada involuntaria en la siniestra historia de la banda, el agente José Pardines, de 25 años, hijo y nieto de guardias civiles, soltero, natural del municipio coruñés de Malpica de Bergantiños, dirigía el tráfico en la Nacional I (Madrid- Irún) a la altura de la localidad guipuzcoana de Villabona, en un tramo cortado por unas obras. Su compañero estaba a dos kilómetros, en el otro extremo de la zona de obras, con el objetivo de que entre los dos llevaran a cabo los necesarios cortes de circulación en ambos sentidos. Según la versión de la Benemérita, Pardines dio el alto a los dos ocupantes de un Seat 850 coupé, matricula de Zaragoza 73956, sin saber que se dirigían a Beasain para recoger un cargamento de dinamita y reunirse después con el cabecilla Eustakio Mendizábal, Txikia Tras saludar reglamentariamente a Txabi Etxebarrieta e Iñaki Sarasketa, les pidió la documentación del vehículo para comprobar si coincidía con la matrícula. Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó relataría años después Sarasketa, una vez beneficiado por la amnistía del 77. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar- Txabi me dijo si lo descubre, lo mato ...Le contesté: No hace falta, lo desarmamos y nos vamos Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás... Susurró: Esto no coincide... Txabi sacó la pistola y le disparó en la cabeza. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera concluía el terrible relato un Sarasketa que nunca más quiso saber nada de la banda. El antecedente de Manzanas El asesinato de Pardines y la muerte del criminal Etxebarrieta en el posterior despliegue de la Guardia Civil no fue el desencadenante para que ETA se lanzara a la práctica de un terrorismo sin fin, ya que algún tiempo antes de estos hechos los cabecillas ya habían planeado atentar contra el comisario Melitón Manzanas, hecho ocurrido el 2 de agosto de ese mismo año. Además, y en contra de lo sostenido durante mucho tiempo, fue la niña Begoña Urroz, de poco más de un año de edad, quien abrió la lista, aún no cerrada, de esos 824 inocentes asesinados por la ETA. Ocurrió a últimas horas de la tarde del 28 de junio de 1960, cuando una bomba indiscriminada colocada por el incipiente terrorismo vasco en la estación de Amara, en San Sebastián, alcanzó de lleno a la pequeña. Pero la caída de Txabi Etxebarrieta sí precipitó los acontecimientos y, además, a partir de ese momento la banda ya tenía el mártir que deseaba a fin de enganchar para su miserable causa a la comunidad nacionalista. En casa de un cura Justo en ese momento pasó por el lugar un camionero que, al escuchar los disparos, frenó, al considerar que había pinchado. Fue entonces cuando advirtió lo sucedido. Inmediatamente se apeó y sujetó al agresor, pero fue encañonado por Sarasketa, que le obligó a soltarlo. Txabi, que estaba eufórico por una elevada ingesta de centraminas, volvió el arma hacia Pardines, caído en el suelo malherido, y lo remató con otros cuatro disparos que le alcanzaron en el pecho. Los etarras em (Pasa a la página siguiente)