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10 OPINIÓN DOMINGO 8 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM EFEMÉRIDES SANGRIENTAS UY pronto, en julio, se cumplirán cincuenta años desde que José Manuel Jarabo Pérez Morris, un chico bien y calavera, se llevara por delante a cuatro personas, entre ellas una mujer embarazada. Fue un asesinato horrible que mereció las primeras páginas de los periódicos de la época. El Caso, un semanario de sucesos creado por Eugenio Suárez, batió entonces, con más de medio millón de ejemplares vendidos, el récord de la prensa en España y hasta que el tristemente célebre Jarabo fuera ejecutado un año después, para cumplir la sentencia de los tribunales- -la última aplicación del garroM. MARTÍN te vil- no pasó día sin FERRAND que ocupara un lugar dominante en las conversaciones de las gentes. Imaginemos que el Ayuntamiento de Madrid, que en su día tuvo el garbo de dedicarle un monumento al mismísimo Lucifer- -ahí está, en el Retiro- -hubiera decidido, dada la incuestionable popularidad de Jarabo, dedicarle una calle o perpetuar su memoria consagrándole una plaza. ¿Verdad que resulta imposible incluso en la hipótesis más descabellada? Ayer se cumplieron cuarenta años desde que, en Villabona, Guipúzcoa, un etarra, Txabi Etxebarrieta, que falleció en el intento, asesinara para tratar de escapar de un control al guardia civil José Pardines Arcay, el primer servidor del orden público eliminado por ETA. Dentro de unos días, en agosto, también habrán pasado cuarenta años del primer asesinato premeditado por la banda terrorista vasca, el del comisario Melitón Manzanas. En el tiempo transcurrido, las víctimas de tan afamado como perverso grupo asesino han sido muchas, cerca del millar, y los efectos sociales, económicos y políticos de su macabra existencia resultan estremecedores para un observador distante, indignantes para un español cualquiera y- ¿patológicamente? -comprensibles para un buen número de vascos, tantos como los que han tenido que huir de su propia tierra, que llegan a votar con fervor a siglas que representan y amparan tan singular barbarie. Contrapongo efemérides tan distintas como la del asesino Jarabo y la de los asesinados Pardines y Manzanas para resaltar el disparate que supone que unas cuantas decenas de municipios del País Vasco glorifiquen la memoria de otros tantos asesinos etarras dándole su nombre a algunas de sus calles. Si, un suponer, la calle madrileña de Apodaca, en la que Jarabo estuvo mucho tiempo de pensión, hubiese recibido el nombre del asesino no sería necesaria la actuación de ninguna Sección de la Audiencia Nacional, ni de la Tercera ni de la Cuarta, para deshacer el entuerto. Los mismos chavales del botellón y el graffiti de Barceló y Dos de Mayo hubieran arrancado tan ignominiosas placas. Además de la Justicia, que es un caos, lo que falla en el País Vasco, entre el miedo y el interés, es la Sociedad. Tristemente, es más fácil cambiar de ropones que de vecinos. M -Toman ustedes la calle dedicada al asesino de dos guardias civiles, cruzan la plaza que lleva el nombre del que mató a un periodista, continúan junto al parque en memoria del que acabó con la vida de un concejal... PROVERBIOS MORALES MÚGICA E dan el premio Senador Ángel Pulido a Enrique Múgica Herzog, los de la Federación de Comunidades Judías de España, y su presidente, mi amigo Jacobo Israel, me confía que dudaron un poco: No porque Enrique no lo merezca, que lo merece más que nadie. Es que el premio se suele conceder a personas e instituciones no judías, como reconocimiento a sus esfuerzos por acercar España al mundo judío y a Israel, y si hay alguien al que toda España identifica como judío, ése es Enrique Así es, y no sólo pasa en España. Cuando en el 2000 nos nombraron a Enrique y a mí, a la vez y respectivamente, Defensor del Pueblo y director de la Biblioteca Nacional, una revista francesa de extrema derecha anunció que Aznar se había vendido al lobby judío. Estaba muy de moda referirse al lobby judío por esas fechas, e incluso apareció un libro de un periodista colombiano con la lista completa, en la que también nos incluía. Pepe Edery, el médico del Ministerio de Exteriores, llamó a la Biblioteca para advertirme. ¿Te has enterado de que nos han descubierto? JON- -Pues será por tu culpa, querido. JUARISTI Ya te he dicho mil veces que tu asociación de antiguos vecinos de Larache huele de lejos a conspiración para apoderarse del planeta. A Enrique Múgica, que es de San Sebastián, lo metieron también en un supuesto lobby vasco cuando lo del congreso del PSOE en Suresnes. El lobby lo formaban él y Nicolás Redondo Urbieta. Los vascos sufren menos mitos de conspiración que los judíos, y eso que han conspirado la tira, como admitió en su día Arzalluz. Quizá nos venga de un remoto origen hebreo, dicen algunos. En la España de los Siglos de Oro corría la especie de que los vascos venían de hebreos indultados por Tito tras la destrucción de Jerusalén. Antes de soltarlos, Tito- -el emperador romano, no el mariscal yugoslavo- -les cortó la punta de la lengua, y de ahí L que, como sostenía el Conde de Lemos, patrón de Cervantes, los vizcaínos sean tan cortos en palabras. Tras arduas investigaciones, llegué a la conclusión de que dicha teoría es válida sólo para los guipuzcoanos, que no pronuncian la erre. Compruébenlo. Ellos dicen que es por influencia francesa, pero lo de Tito parece más probable. Los vizcaínos debemos descender de beréberes, como sostiene la ilustre escritora Ángela Vallvey. Y los alaveses, si atendemos al nombre oficial de su territorio, Araba, vinieron de los Emiratos del Golfo. En España se ha perdido mucho tiempo y energía en este tipo de memeces. Ahora, como andar mirándote el RH no parece bastante posmoderno, se lleva más lo de investigarle a uno la genealogía hasta la guerra civil, por si tuvo abuelos fachas o rojos. El mérito indiscutible de Enrique Múgica estriba en haber encarnado siempre la resistencia racional al prejuicio, y es lo de menos que eso tenga algo que ver con sus orígenes vascos y judíos. Ha sido un debelador implacable del antisemitismo en todas sus variedades, y en particular, porque su corazón liberal se escora a la izquierda, de la judeofobia que trasluce el antisionismo progre. Y como es uno de los vascos más completos que dio el siglo veinte, un igual en espíritu a los últimos ilustrados del país, los Caro Baroja y los Michelena, ha combatido con singular ardor las tonterías y los crímenes del nacionalismo. De todos los nacionalismos, no sólo del vasco. El otro día, en el acto de entrega del premio Senador Ángel Pulido se aludió también al otro Múgica Herzog, Fernando, asesinado por ETA. Y esas alusiones me llegaron, como el sabor de la magdalena famosa, cargadas de la nostalgia de un tiempo, mucho más gris que el presente, dígase lo que se diga, en que Múgica no se declinaba en singular, porque, para los de mi generación vasca, Múgica era los Múgica una de las referencias obligadas en la lucha por la libertad. A mí, Enrique Múgica Herzog, Defensor del Pueblo, de abolengo vasco y judío, me parece un lujo de español.