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ABC SÁBADO 7 s 6 s 2008 INTERNACIONAL 37 Guerra abierta entre la Justicia turca y Erdogan El primer ministro responderá con elecciones anticipadas a la previsible ilegalización de su partido ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL ESTAMBUL. El primer ministro turco, Tayip Erdogan, convocó ayer una reunión urgente y extraordinaria de los principales dirigentes de su partido, el islamista AKP, para estudiar la situación creada por el dictamen del Tribunal Constitucional que anuló el decreto que liberalizaba el uso del pañuelo islámico en las universidades turcas. El rumor en círculos políticos ayer tanto en Ankara, donde se celebró la reunión, como en Estambul, era que la única salida previsible para esta crisis política volverán a ser las elecciones anticipadas, apenas un año después de haberse iniciado la legislatura. La única duda es si se convocarán antes o después de que se conozca el próximo veredicto del Tribunal Constitucional, esta vez sobre la posible ilegalización del partido en el poder y la inhabilitación política del propio Erdogan. Lo más sorprendente de esta crisis es que a estas alturas a nadie le extrañaría que el Constitucional declarase ilegal a un partido que ha recibido el 47 por ciento de los votos hace unos meses. La gente lo mira como un partido de fútbol, cada cual tiene un equipo favorito, pero en el fondo admite que no se puede prever el resultado tal como lo describía ayer Oguz Ozerden, rector de la Universidad de Bilgi, uno de los pocos centros de enseñanza donde antes de la polémica habían llegado a un acuerdo con las estudiantes que deseaban ir con la cabeza cubierta a pesar de la prohibición. tan dichos principios. El jefe del Estado Mayor, el general Yasar Buyukanit había advertido la víspera por su parte que sería un error poner apellidos al nombre de Turquía como el país del islam moderado porque no piensa renunciar a los principios laicistas de la República kemalista. Para Ferhat Boratav, el editor- jefe de la cadena de información CNN- Turk, la decisión del Constitucional señala claramente el camino de la que será este otoño o durante el verano la más que probable ilegalización del AKP. teniendo en cuenta que seis de los 11 jueces fueron nombrados por el anterior presidente de la República (Ahmet Necdet Sezer, conocido por sus posiciones radicales a favor del laicismo) y que el resultado de la votación sobre el pañuelo ha sido tan abrumador que parece probable que obtengan una mayoría cualificada para hacerlo Lo que todo el mundo se pregunta ahora es qué va a pasar con el proceso de negociaciones con Europa. La Unión Europea ha hecho llegar el mensaje de que no tiene intención de paralizar las negociaciones en ningún caso, porque volver a reanudarlas sería extremadamente difícil, pero que si no tiene más interlocutor que el AKP puede que no le quede otra salida que hacerlo. Tampoco puede decir abiertamente que la decisión de los jueces no afectará para nada las negociaiciones, porque en este caso daría alas a los jueces. Así que a unos y otros no les queda más remedio que esperar y prepararse para lo que más o menos todos prevén que va a pasar: que el partido de Erdogan será ilegalizado y que éste responderá con unas elecciones anticipadas en las que muy probablemente reforzará su mayoría. Aguantar el envite Sin embargo, Erdogan y su Gobierno parecen estar dispuestos a aguantar el envite de los jueces. El argumento unánime de los dirigentes del AKP es que el Tribunal Constitucional ha rebasado sus funciones, porque no puede pronunciarse sobre el fondo de las leyes, sino solamente acerca de la tramitación de las mismas. Muchos comentaristas dicen que en realidad, lo que ha decidido el Tribunal Constitucional es anular una reforma constitucional, es decir que se ha atribuido la facultad absoluta de determinar el rumbo del país, por encima de la voluntad del Parlamento. Sin embargo, teniendo en cuenta que el artículo 4 de la Constitución define a Turquía como un Estado laico, democrático, social, comprometido con la supremacia de la ley los jueces dicen que pueden y deben oponerse a las leyes que comprome- Dos jóvenes turcas con velo contemplan unas fotos que acaban de tomar en un festival celebrado el pasado 22 de mayo en Estambul AFP El viejo régimen kemalista y laico ya no puede dar más de sí E. SERBETO ESTAMBUL. El sistema constitucional actual está en crisis, ha llegado a un punto del que no puede salir. No da más de sí opina Ergun Babahan, director del diario conservador Sabah para quien es inevitable que Erdogan emprenda cuanto antes un proceso constituyente. Fwerhat Boratav, el editor principal de CNN- Turk es de la misma opinión en cuanto a la situación en la que se encuentra el régimen kemalista: La política turca está frente a un muro que nadie puede franquear, todos los caminos se estrellan contra la piedra En lo que no todos están de acuerdo es en la receta para este cambio constitucional. Bagabahn cree que bastaría con un consenso entre el AKP que goza de una posición de clara hegemonía en el campo político, con los principales grupos emergentes de la sociedad civil, que no están controlados por los viejos mecanismos del régimen tutelado por los militares. Y en ese consenso cree que deberían figurar garantías concretas para los partidarios de la tradición laica más genuina. El problema es que cuando Erdogan tuvo ocasión de haberlo hecho, después de las elecciones anticipadas del verano pasado, prefirió contentar a sus seguidores más integristas, y se apresuró a liberalizar el uso del velo en la Universdidad, lo que constituye un símbolo para los partidarios del regreso de Turquía a sus raíces islámicas como para los fervientes kemalistas que llevan ochenta años tratando de hacer lo contrario. Uguz Ozerden, rector de la Universidad de Bilgi lo define como un conflicto entre el Gobierno y el Estado términos que suenan muy extraños en términos occidentales. Teniendo en cuenta que el actual Ejecutivo tiene un indudable respaldo popular, no haca falta adivinar quién juega el papel de malo. En realidad, desde los tiempos otomanos el verdadero poder lo ejerce la burocracia, a veces con el apoyo firme del ejército, pero siempre a través de los despachos y los pasillos de los ministerios y los juzgados. En esta imagen, el Gobierno de un partido islamista equivaldría a un trasplante de corazón para la República, ante el que ésta reacciona rechazándolo a pesar de saber que eso también le llevará a la catástrofe.