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34 INTERNACIONAL SÁBADO 7 s 6 s 2008 ABC Francisco de Andrés TAMBIÉN OS AMA arack Obama ya ha hecho historia al convertirse en el primer candidato negro a la Presidencia de los Estados Unidos. Si gana las elecciones en noviembre alcanzará otro hito, por las mismas causas. Pero su programa de buenismo en materia de política internacional- -retirada de Irak, diálogo directo con los regímenes enemigos de Norteamérica, en particular los de Irán y Cuba- -ya tiene, por desgracia para su libro de récords, un precedente histórico. La Presidencia del demócrata Jimmy Carter, que también saltó al estrado político con las tablas de teleevangelista de Obama, predicó la concordia mundial y el diálogo franco con los gobiernos hostiles a Estados Unidos. Con las consecuencias de todos conocidas. Hablar con el enemigo no es, de suyo, síntoma de flaqueza o de ingenuidad. Cuando Chamberlain habló con Hitler en Múnich en 1938 el problema no fue el encuentro en sí, sino la actitud del líder británico; en lugar de plantar cara al Führer, Chamberlain le dio el argumento final para la invasión de Checoslovaquia. En fechas mucho más recientes, cuando el secretario de Estado del primer Bush, James Baker, se encontró con el vicepresidente iraquí Tareq Aziz, lo hizo para poner los puntos sobre las íes. Irak no se retiró de Kuwait, que acababa de invadir, y las consecuencias fatales para Bagdad no se hicieron esperar. Barack Obama es un dirigente novel en materia de política exterior. Lo mejor que se puede esperar de él es que se rodee de un equipo sensato de asesores y siga sus consejos. Lo peor, que pretenda seguir sus instintos de iluminado de la paz mundial. Jimmy Carter lo hizo, y cuando en el caso de Irán quiso arreglar el entuerto de la crisis de los rehenes con la torpe intervención militar de rescate, puso las cosas mucho más graves. Barack Obama quiere irse de Irak, quiere hablar sin condiciones previas con los ayatolás, pero ha llegado a declarar sus disposición a invadir Pakistán si se demostrase que allí se refugia Osama bin Laden. No hay nada más peligroso, por lo imprevisible, que la furia del manso. OBAMA B AP Al menos 23 muertos en dos atentados contra autobuses en Sri LanKa Al menos 23 civiles murieron ayer y unos 80 resultaron heridos en dos ataques contra autobuses civiles en Colombo y en el centro de Sri Lanka, según informó el portavoz del Ejército, Las autoridades de la antigua Ceilán atribuyeron el ataque al Ejército de Liberación de los Tigres de Tamil Elam (LTTE) En la imagen, una de los pasajeras supervivientes tras el atentado terrorista en las afueras de Colombo es trasladada a un hospital. Los familiares de las víctimas se sienten ya los verdaderos mártires del 11- S Se quejan de que han sido excluidos de la vista judicial que se celebra en un barracón de Guantánamo. Los acusados han declarado que desean ser condenados a muerte y ejecutados ANNA GRAU CORRESPONSAL NUEVA YORK. El 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos murieron 2.973 personas. Si se le suma el periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl, de cuya muerte en Pakistán también presume Jalid Sheik Mohammed, más los muertos en otra treintena larga de atentados mediáticamente menores y se multiplica todo ello por los deudos de cada víctima, sale una cifra escalofriante de personas que siguen con el corazón en un puño el juicio recién iniciado en Guantánamo. Y que se consideran, ellos sí, los verdaderos mártires del 11- S. Sally Regenhard, madre de un bombero fallecido en el World Trade Center, declaraba a Newsday que, aunque ella siempre ha sido contraria a la pena de muerte, no puede evitar estar dispuesta a hacer una excepción con los autores del 11- S, más cuando ellos mismos lo piden. ¿No ha dicho Jalid Sheik Mohammed, entre cántico y cántico ante el tribunal, que desea ser un mártir? ¿No dice lo mismo Ramzi Binalshibh, quien aún se lamenta de no haber podido ser uno de los secuestradores suicidas, por no haber obtenido a tiempo un visado para entrar en los Estado Unidos? Si son culpables, los familiares de las víctimas seremos felices viendo cómo se les concedan sus deseos concluye Regenhard. Pero es un error suponer que los familiares de las víctimas tienen un pensamiento unánime. Carol Ashley, madre de una joven que quedó atrapada en el piso 93 de una de las Torres Gemelas, cree que condenar a muerte a los asesinos de su hija sólo servirá para inflamar a más yihadistas Ella es más partidaria de mantenerles en confinamiento solitario por todo el resto de sus vidas El particular martirologio de los familiares de las víctimas es haber sido excluidos de las vistas judiciales iniciadas en un barracón construido para la ocasión en Guantánamo, de cuyo interior no hay imágenes de televisión ni fotos. Ha trascendido que es todo blanco, sin más decoración que la bandera americana, y que los acusados no comparecen esposados pero hay medios para encadenarlos a sus sillas en cualquier momento. La vista sin duda tiene algo de kafkiano: los imputados no sólo no rechazan las acusaciones sino que casi las celebran con jolgorio. Otra cosa es el vidrioso asunto de cómo han llegado hasta aquí. El abogado defensor de Jalid Sheik Mohammed, aun rechazado por su cliente, insiste en que no se le puede hacer responsable de lo que dice porque sufre un retraso cognitivo a causa de las torturas padecidas. La misma CIA admite que Mohammed es una de las tres personas- -por lo menos- -interrogadas con métodos de tortura que incluyen la simulación del ahogamiento. La discreción militar y judicial para cortar el sonido de la vista en cualquier momento ya se ha utilizado varias veces en las primeras sesiones, siempre en momentos en que estaba en cuestión, o lo parecía, la tortura padecida por los acusados. Esto solo puede acabar invalidando todo el proceso. Oficiales de la ONU criticaron que se hayan presentado cargos contra prisioneros que, como el canadiense Omar Kahdr, que ahora tiene 21 años, o el afgano Mohammed Jawad, con 23, fueron reclutados por Al Qaida para cometer atentados cuando eran niños. La ONU entiende que deben ser tratados como víctimas, no como criminales. Confinamiento solitario Los imputados no sólo no rechazan las acusaciones, sino que casi las celebran con regocijo