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100 TOROS www. abc. es toros VIERNES 6- -6- -2008 ABC EL PASEÍLLO José Tomás, foco de las cámaras desde que apareció en la plaza, se coloca el capote de paseo en el patio de cuadrillas, escenario de miedos y sueños José Tomás, con la montera calada y la mirada perdida, aguarda la salida del toro ante una Monumental expectante José Tomás es el toreo ANIVERSARIO Monumental de las Ventas. Jueves, 5 de junio de 2008. Tercera del Aniversario. No hay billetes Toros de Victoriano del Río, dos con el hierro de Toros de Cortés, de distintas hechuras y remate, serios y armados por delante; bravos en conjunto; menos el 1 extraordinario el 4 encastado el 5 buenos 2 y 3 Javier Conde, de blanco y azabache. Pinchazo, media y descabello (bronca) En el cuarto, pinchazo y descabello (silencio) José Tomás, de azul añil y oro. Estocada que se queda en media (dos orejas) En el quinto, estocada al encuentro. Aviso (dos orejas) Salió por la Puerta Grande. Daniel Luque, de verde manzana y oro. Media desprendida y descabello (silencio) En el sexto, pinchazo, otro hondo y descabello. Aviso (ovación) ZABALA DE LA SERNA MADRID. José Tomás es el toreo. José Tomás es el toreo puro y absoluto. José Tomás convirtió su reencuentro con Madrid en una antología, en una página de oro de la Historia. Vomitar ahora toda una marea de sentimientos y pasiones con la exactitud del escribano se torna en un ejercicio vano. Nada puede igualar la experiencia de 24.000 almas unidas en un solo grito de aclamación: ¡Torero, torero, torero! La Monumental rugió como un volcán; la Monumental se desbordó por la Puerta Grande como la lava ardiendo. Las Ventas se rindió al toreo grande, a la tarde más redonda y pletórica de los últimos veinticinco años. Rejuvenecimos más allá de los años del trienio cabal de José Tomás; rejuvenecimos hasta cuando esta plaza peinaba y adoraba un mechón blanco y unos pulmones negros. Aquellas salidas a hombros... Ayer no se movía nadie hasta que izaron al mito de seda y oro; las escaleras repletas, no se podía salir. Ni nadie quería. ¿A dónde vamos? Se nos había olvidado el sitio de la Puerta Grande, la multitud enronquecida, los caballos de la Policía escoltando a una figura de época, tan cerca del cielo. Cuatro orejas, cuatro, y a ver quién es el imbécil que le resta una, un miligramo de valor, un ápice de verdad, a dos faenas distintas, con dos toros diferentes. Dos toros, he dicho. Las campañas insidiosas se van ahora mismo por la letrina del ridículo: José Tomás salió a torear. ¡Y cómo toreó! Como en su plenitud, ofrecido el medio pecho, la muleta de cuero, látigo de seda, los muslos generosos, la tela por delante y, sobre todo, por abajo. El toreo es por abajo, arrastrar la franela, vaciarlo atrás, vaciarse con él; el toreo es cruzado. El toreo es José Tomás con un toro que pegaba un tornillazo desde que salió, que le enganchó el capote y se lo desarmó de las manos y esas muñecas que hay que clonar. En un principio, el toreo fue Belmonte; hoy es José Tomás. Se encontró con el mismo defecto del toro de Victoriano del Río en el prólogo de faena y le tocó un par de veces la muleta. J. T. se recolocó y supo a ciencia cierta que desde entonces la clave era sacarle la tela por debajo de la pala del pitón. Una serie buena, clavadas las zapatillas, limpia, nítida como un manantial, que sirvió para hacer gárgaras de oles. Y otra cumbre, de bramido, de cintura y pecho, con la ligazón por bandera, la media distancia tomada de arrancada. Reducía José Tomás al toro con los vuelos, y el toro viajaba tras su mando. ¿Qué es torear? Parar, templar, mandar y cargar la suerte. ¡Cargar la suerte! La faena crecía, el público se fundía, se derretía como bronce con unos trincherazos José Tomás cortó cuatro orejas en una tarde antológica