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ABC VIERNES 6- -6- -2008 A Hillary Clinton sólo le interesa el poder; no me gusta afirma Susan Sarandon 81 García Rodero: Lo popular siempre se desprecia, pero es la sabiduría del pueblo Exhibe un centenar de instantáneas de un culto en Venezuela dentro de PHotoEspaña POR NATIVIDAD PULIDO FOTO: ERNESTO AGUDO MADRID. En los años setenta, Cristina García Rodero rompió moldes con el que quizá sea el mejor ensayo en imágenes que se ha hecho nunca de nuestro país. Su España oculta se dio de bruces con quienes trataban precisamente de que esa España siguiese oculta por mucho tiempo. Pero ella sacó a la luz nuestra riqueza, nuestras fiestas, ritos y tradiciones, por entonces desconocidos y desprestigiados. España quería dar una visión de sí misma de país que intenta ser lo más moderno posible- -recuerda- dando la espalda a esas tradiciones, porque lo popular es siempre despreciado, cuando en realidad es la sabiduría del pueblo Más tarde viajaría a Tahití para mostrarnos la cruda belleza de sus rituales. Hace diez años recaló en un remoto lugar de Venezuela- un país tan rico en petróleo, y con unas desigualdades sociales tan grandes la montaña de Sorte, en la provincia de Yaracuy, siguiendo los pasos de una leyenda, la de la reina- diosa María Lionza. Hasta allá, en plena selva, acuden miles de devotos con el objetivo de curar sus enfermedades, de solucionar sus males de amor, de aliviar, en suma, sus aflicciones. Una selección de cien imágenes, la mayoría inéditas, puede verse, hasta el 31 de agosto, en la Sala Alcalá 31. Con esta muestra se rinde tributo a nuestra fotógrafa más internacional, asociada a la mítica agencia Magnum, que obtuvo en 2005 el premio de Cultura de la Comunidad de Madrid. Incansable exploradora del alma humana, García Rodero nos traslada con sus poderosas imágenes a aquella remota selva venezolana, de la que hace un brillante estudio antropológico. Cada fotografía tiene detrás una historia. Como la de una bella mujer, maestra, que quería morir después de que la traicionara su esposo. Su familia la llevó ante un chamán: volvió a comer y a hablar. O la de un chico que se abraza a un sacerdote después de predecirle que doce balas le matarían. O la de una pareja que trata de solucionar sus problemas amatorios tendidos y cogidos de la mano dentro de un círculo de fuego. O la de un niño que tiembla muerto de miedo en medio de un ritual. O la de una quinceañera, vestida de fiesta, que acude a ofrecerse a la reina- diosa. O la de una mujer que permanece inmóvil en el río, porque, decía, llevaba ocho días encantada. O la de Daniel, un médium que intenta sacar el mal de un cuerpo apretando un puñal contra el pecho y la garganta y que después se haría amigo de García Rodero... Son tantas historias como fotografías cuelgan en las salas. Fuerza expresiva e intensidad Explorando el alma humana Personas en trance, poseídas, cuerpos entregados a los espíritus, semienterrados (creen que así dejan las cosas malas bajo tierra) chamanes, vikingos (son los únicos que hacen ofrendas de sangre) componen una variopinta galería de imágenes de una gran fuerza expresiva e intensidad a raudales. Aquella montaña atrapó a Cristina García Rodero desde que la pisó por vez primera en 1998: Me atrapó por la fuerza y la plasticidad de los ritos, por la sencillez y la generosidad de la gente El culto marialioncero- -basado en estados de posesión- -se estructura en un sistema de Cortes espirituales: la africana, la chamarrera, la cubana, la india, la malandra, la negra, la vikinga... Según el comisario de la muestra, Tomás Rodríguez Soto, este culto, sin reglas, bebe de la santería cubana y el vudú. Plásticamente, los rituales son muy hermosos: hay flores, frutas, velas... Toda esa belleza te atrapa, si no has salido corriendo antes bromea la fotógrafa. El montaje de la muestra, Cristina García Rodero, junto a una de sus fotografías, ayer en la Sala Alcalá 31 de Madrid que firma Enrique Bonet, potencia las ya de por sí potentes imágenes de García Rodero. Gira en torno a los cuatro elementos- -agua, tierra, fuego y aire- centrales en estos ritos. Hay una cuidada iluminación, sonidos grabados en directo, una pared que semeja un altar y una caja negra donde se exhibe el trabajo en color de esta serie, en su mayoría en blanco y negro. Cuenta la fotógrafa que la escasa luz que había por la noche (apenas unas velas) le forzó a pasar del tratamiento analógico al digital: Creen que el flash los deja en trance eternamente Esas fotos fueron tomadas el 12 de octubre, día del nacimiento de María Lionza, cuando llevan a cabo el baile en candela (ritual que hacen los médiums sobre brasas) Por la noche estos rituales alcanzaban el clímax- -dice la fotógrafa- pero fue muy complicado trabajar así. Estas fotos son casi un milagro Lo que hay siempre detrás de mi fotografía, confiesa García Rodero, es el ser humano; intento entender a las personas y el comportamiento humano Pocos fotógrafos lo logran como ella. Más información en: http: www. magnumphotos. com La leyenda de María Lionza, la diosa de los ojos de agua Esta diosa- doncella- reina procede de un culto contemporáneo mestizo (indio negro, criollo y español) que surgió en los años 40 en Venezuela. Cuenta la leyenda que los indios Jirajara recibieron en una fiesta de la cosecha un mal presagio: Nacería una doncella, hija de un cacique, con los ojos de tan extraño color que, de mirarse en las aguas de la laguna, jamás podría distinguirse las pupilas Cuando esa mujer de ojos de agua se viese reflejada en alguna parte, saldría una serpiente monstruosa, que causaría la extinción de aquella tribu india, narra Gilberto Antolínez en el catálogo de la muestra. Poco antes de la invasión española nació María Lionza. Para no ser sacrificada, su padre decidió recluirla en un lugar secreto, bajo la protección de 22 jóvenes guerreros. Un día, al ver en el agua el reflejo de sus ojos, la doncella se convirtió en serpiente. Los indios huyeron de la inundación que provocó. Hoy se venera en la montaña de Sorte a la diosa de los ojos de agua. También con ojos de agua, Cristina García Rodero atrapa el culto a María Lionza en unas sobrecogedoras instantáneas.