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34 INTERNACIONAL VIERNES 6 s 6 s 2008 ABC Rafael L. Bardají El presunto cerebro de los atentados del 11- S quiere ser un mártir Fue interrogado en Guantánamo con la simulación de ahogamiento y otros métodos ANNA GRAU CORRESPONSAL NUEVA YORK. El paquistaní Jalid Sheik Mohammed compareció ayer ante el tribunal militar improvisado dentro de la base de Guantánamo, cinco años después de su detención como presunto cerebro del ataque que el 11 de septiembre de 2001 mató a 2.973 personas en Estados Unidos. Mohammed pasó por varias cárceles secretas de la CIA antes de llegar hace dos años a Guantánamo. Allí ha sido interrogado con varios métodos, incluyendo la simulación de ahogamiento que el gobierno americano se resiste a considerar legalmente tortura. El acusado añadió ayer emoción a su caso al afirmar ante el juez que su mayor ambición es convertirse en un mártir Esta reflexión la hizo al hilo de la advertencia del juez de que en este proceso enfrenta la pena de muerte. Aún así Mohammed está dispuesto a defenderse él solo, prescindiendo de los abogados que le ha asignado el Pentágono. Dice que no se fía y que para él es una cuestión de principios no aceptar nada de un país que guerrea contra la yihad islámica y que, encima, legaliza el matrimonio homosexual. IRÁN, UN SECRETO A VOCES urante algo más de tres años Al Baradei ha intentado probar que el programa nuclear iraní sólo tenía como fin su vertiente civil y no una componente militar. Pero no lo ha logrado. Al contrario, cuanto mayor ha sido su empeño, más palpable era que los ayatolas buscaban la bomba atómica. El último informe del OIEA viene a recalcarlo: Irán no coopera; Irán está en flagrante violación de las resoluciones de la ONU; Irán avanza aceleradamente en el enriquecimiento de uranio. En estos años, mientras que los técnicos de Viena pretendían inspeccionar el programa nuclear iraní y los europeos se aprestaban a dialogar sobre el mismo con Teherán, Jamenei, Lariyani y Ahmadineyad no han hecho sino avanzar hacia su bomba. Así de sencillo. En la reunión de expertos del OIEA de esta semana, además, se han estudiado 18 documentos sobre la fabricación de una bomba atómica adquiridos por Irán supuestamente a través de la red de tráfico nuclear del paquistaní Abdul Kadeer Khan. Uno de ellos explicaría perfectamente el por qué de la modificación del misil Sahab- 3, al que se le ha dado forma en su punta para instalar una cabeza de 1.200 kilos. Es verdad que nadie puede saber a ciencia cierta cuándo estará Teherán en capacidad de disponer del arma atómica. Pero sí se puede calcular con bastante fiabilidad- -con lo que cuentan los inspectores del OIEA- -cuándo dará sus frutos el programa de enriquecimiento de uranio. E Irán, si no se le convence de lo contrario, o se lo impiden, tendrá uranio de uso militar en cantidad suficiente en cuestión de meses más que de años. Esa es la realidad. En su encuentro de antesdeayer en la Casa Blanca, Bush y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, han vuelto a señalar a un Irán nuclear como un peligro existencial Claro que en Teherán saben que ambos dirigentes están políticamente muertos. Esperan a Obambi. Pero como calculen mal, se encontrarán con McCain y Netanyahu en el poder. Y para ambos sólo hay una cosa peor que bombardear Irán, un Irán nuclear. D Juicio sin fin Dibujo de recreación de la sesión del juicio a Jalid Sheik Mohammed en Guantánamo JANET HAMLIN Jalid Sheik Mohammed ESTUDIANTE EN EE. UU. Y APÓSTOL DE LA YIHAD Aseguran los expertos en Al Qaida que el presunto responsable de los ataques del 11- S consiguió ser uno de los lugartenientes de Osama bin Laden A. GRAU NUEVA YORK. Estudió ingeniería en los Estados Unidos antes de convertirse en un apóstol de la yihad en Afganistán en los años ochenta. Como tal se comportó ayer ante el tribunal. Compareció con la túnica blanca y el turbante que sus hermanos de armas usan en la prisión de Guantánamo. Los testimonios presenciales aseguraron que se le veía más corpulento y barbudo, y lógicamente algo más envejecido, que hace cinco años. Pero también con una imagen más pulcra y orgullosa que la de las fotografías que circulan desde entonces. La prensa americana le dedica adjetivos que van desde infame a extravagante Junto a él comparecieron cuatro acusados más. El saudí Ramzi Binalshib, aspirante a ser uno de los secuestradores suicidas el 11- S, al no obtener visado para entrar en los Estados Unidos tuvo que confor- marse con tareas de coordinación. Otro saudí, Mustafa Ahmad al- Hawsawi, está relacionado con la recaudación de fondos para la operación. Ali Ban al- Aziz Ali, sobrino y lugarteniente de Mohammed, y el yemení Walled bin Attach están acusados de una participación genérica tanto en el 11- S como en otros ataques terroristas, incluido el atentado contra un navío militar americano en Yemen en el año 2000. No se descarta que Mohammed sea culpable de una treintena de atentados en distintas partes del mundo. Estos cinco acusados son la avanzadilla de un grupo de diecinueve prisioneros de Guantánamo que serán los primeros en ver la luz judicial, de momento ante un tribunal militar. El paso a la justicia ordinaria no es imposible pero sí improbable, por lo menos hasta que haya un recambio político en la Casa Blanca. Lo que tenía que ser el juicio final más bien se perfila como el juicio sin fin. La Administración Bush lucha contrarreloj por ofrecer algún saldo positivo de su controvertida política antiterrorista antes de que el actual presidente se apee de la Casa Blanca. Los acusados y sus defensores, más un montón de detractores de George W. Bush, no van a dejar pasar ni una al gobierno, que tiene un clamoroso agujero negro en Guantánamo. Las vistas iniciadas ayer son para un juicio que debe empezar el 15 de septiembre, y que es fácil que acabe en nada. La obtención de testimonios bajo prácticas que todo el mundo menos la CIA considera tortura es un punto débil evidente del proceso, incluso teniendo en cuenta que Mohammed y otros se han autoinculpado- -más bien se han jactado de ser culpables- -en interrogatorios más benignos. Pero el problema de Guantánamo no es de forma sino de fondo. Para atajar otros ataques como el del 11- S, la Casa Blanca decretó el limbo legal para los chicos malos del terrorismo mundial. Pero una vez encerrados no ha sido capaz de procesarlos y condenarlos coherentemente, con lo cual ahora puede optar entre soltarlos sin más y volver al punto cero, pero mucho peor, o mantenerlos en prisión sine die, lo cual constituye una aberración jurídica. Y por supuesto de propaganda. Ya no se sabe a qué le teme más el gobierno norteamericano, si al daño a la seguridad nacional o a la mala imagen, pero los juicios en Guantánamo van a ser tan secretos que en la sala no se admite ni a los familiares de las víctimas de los atentados. Todos ellos pueden seguir la vista desde otras instalaciones militares, en condiciones parecidas a los periodistas para los que se ha habilitado una sala in situ, pero con el sonido cortado a discreción en cualquier momento.