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10 OPINIÓN VIERNES 6 s 6 s 2008 ABC AD LIBITUM EXCITANTE UNAPRESIDENTA ONFIESO que María Emilia Casas, la primera mujer que aupada por las cuotas y empujada por sus afinidades políticas llegó a presidir el Tribunal Constitucional, es persona que me excita. Me produce nerviosismo e impaciencia, las dos cosas. Lo del nerviosismo es fácil de entender. En un Estado que se dice de Derecho, en el que sus tres poderes viven amancebados, el TC- -tan innecesario como hueco si atendemos a su historia- -es un teórico aliviadero de la incertidumbre jurídica a la que nos sometemos. No tiene acreditados muchos valores y ninguna eficacia; pero, como ocurre con los amuM. MARTÍN letos, consuela a quienes FERRAND necesitan la fe tanto como el oxígeno. La impaciencia a la que me empuja la señora Casas viene dada por su silente pasividad después de que su conversación telefónica con la abogada Dolores Martín Pozo, ahora en prisión, fuera aventada en estas mismas páginas. Alguien de su notoriedad, envuelta en acontecimientos tan polémicos, debiera precipitarse a dar explicaciones si, como supongo, las tiene. Acostumbrados, como estamos, a la judicialización de la vida pública- -uno de los grandes fracasos de nuestra política- -se tiende a esperar la voz de un juez, o de un fiscal, para decir lo que, en aras del respeto a la ciudadanía, debiera haberse dicho mucho antes. Existen una ética y una estética de la función pública que no brilla en este caso, tan desgraciado, en el que se disminuye el prestigio de un órgano ya desprestigiado. A mayor abundamiento, para demostrar la vergonzosa politización a la que, con la complacencia de las partes- ¿nuestros representantes? se ha llegado en el Constitucional, mientras el PP considera que las conversaciones asesoras de la presidenta colocan al Tribunal en una situación insostenible el Gobierno no ve irregularidad alguna en el proceder de tan ilustre catedrática de Derecho del Trabajo y el portavoz de Justicia del PSOE llega a rizar el rizo cuando dice, solemnemente, que respeta la honradez y la actitud profesional de los magistrados del Constitucional Otro que confunde el culo con las témporas. El Ministerio Fiscal entiende que los hechos protagonizados por Casas no constituyen delito y la sala de admisión de causas penales contra aforados, en el Tribunal Supremo, ha decidido archivar el caso; pero no es de licitud o ilicitud de lo que hablan los ciudadanos en este escandaloso asunto. Es posible que se trate de una imprudencia; pero, hay que subrayarlo, cursa con desacato a la opinión pública, a los ciudadanos, a quienes con nuestros impuestos sostenemos el sistema y, por ello, el Tribunal Constitucional. No sólo quienes visten la púrpura del poder, de los poderes, merecen respeto. La ciudadanía, vista en su conjunto, es el jefe supremo y, por eso mismo, María Emilia Casas incurre en irreverencia democrática. C -No entiendo cómo puede haber autoridades que, para enaltecer el ciclo natural del agua, ordenan construir una Expo invadiendo el cauce natural de un río. LA AYUDA QUE NO AYUDA A ayuda a los países en desarrollo es el mayor fracaso internacional de los últimos cuarenta años. Nacida durante la Guerra Fría, no era precisamente un rasgo de generosidad, sino puro cálculo político: se trataba de que los países del Tercer Mundo no se fueran con el otro bloque. Luego, su motivo oculto fue económico: si esos países se desarrollaban, podrían ser buenos clientes del mundo industrializado. Y en la actualidad, lo que se busca es simplemente evitar la invasión. Occidente intenta que las masas famélicas africanas, asiáticas y latinoamericanas se queden en sus países, en vez de caer como una avalancha sobre él. Pero no importan los motivos o la cantidad; esa ayuda no ha surtido efecto. El Tercer Mundo es más pobre que nunca y sus habitantes están dispuestos a jugarse todo lo que tienen, que en muchos casos es sólo la vida, para alcanzar el primero, que por cierto es cada vez más rico. Esta es una nueva invasión de los bárbaros- -perdón por el término, aunque bárbaro para los romanos significaba extranjero sólo que ahora no llegan al oeste para JOSÉ MARÍA saquearlo, sino para trabajar en las laCARRASCAL bores que ya nadie quiere. Pero aun así, la presión se hace cada vez más grande, y de no encontrársele una solución in situ la entera África se trasladará a Europa, aplastándola, al no tener capacidad ni recursos para sostener todo un continente. La ayuda a los países pobres es, por tanto, una ayuda de países ricos a sí mismos. El problema es que no está surtiendo el menor efecto, con el abismo entre ambos cada vez mayor, lo que acrecienta el efecto llamada. ¿A qué se debe este espectacular fracaso? La primera razón es la insignificancia de esa ayuda. Lo que reciben esos países no guarda proporción con sus necesidades. Es como una gota de agua en un hierro al rojo. Una gota de agua, además, que en la mayoría de los casos ni siquiera llega a su destino. Con los que estamos ante su POSTALES L segundo gran problema. Es un hecho reconocido y comprobado que la corrupción representa el mayor enemigo de esa ayuda. No hay estadísticas, pues la situación varía de un país a otro, pero se calcula que, en el mejor de los casos, sólo la mitad de esa ayuda alcanza a la población a la que está destinada, habiendo lugares en los que sólo llega el 1 por ciento. Desde luego, la ayuda en metálico debe descartarse por completo, ya que irá a parar a los bolsillos de los gobernantes locales, terminando en un banco suizo, a no ser que lo que se pretenda con ella sea un soborno encubierto para alcanzar determinadas concesiones, caso que se da con más frecuencia de lo que se reconoce. En cuanto a la ayuda en especie, es más fácil de controlar, siempre que no se pierda de vista, pues tanto aquellos ejércitos como aquellos guerrilleros están siempre listos a hacerse con ella en beneficio propio. Sin olvidar que buena parte de esa ayuda se queda en los países de origen, como gastos de administración, a menudo exorbitantes. Está, por ultimo, la naturaleza de dicha ayuda. Nada más alcanzar su independencia, lo primero que pidieron esos países fue una siderurgia. Querían industrializarse a la carrera, sin tener la infraestructura técnica y humana para explotarla. Resultado: pocos años después, se estaban oxidando. La máxima china si das un pez a un hombre, comerá un día; si le das una caña y le enseñas a pescar, comerá todos los días debería ser la norma que rige esta ayuda. Lo primero es conseguir que esos países se alimenten a sí mismos. Y estar dispuestos a comprar sus productos. Aunque el problema de fondo del subdesarrollo, como el del hambre, es que esos países no son auténticos estados. Son conjuntos de tribus que se odian entre sí, por lo que dedican la mayor parte de sus recursos y esfuerzos a matarse. La descolonización se hizo mal, y lo estamos pagándolo todos, colonos y colonizados. Algo que no se arregla con conferencias, discursos y unos cientos de millones de ayuda que, como las anteriores, no servirán para nada mientras no se ataque el problema en su raíz.