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20 ESPAÑA Polémica por el asesoramiento de Casas a una abogada s El contexto JUEVES 5 s 6 s 2008 ABC Edurne Uriarte Matones a sueldo de capos búlgaros se apropian de la marca los Miami La banda ya no existe, pero el nombre aún vende en el hampa madrileña s El antiguo cabecilla, refugiado en Suramérica, trabaja para los narcos colombianos CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ MADRID. Cuando te encuentras a un puerta o a un matón de segunda español en determinados locales de Madrid, te dicen que es un miami La marca sigue vendiendo, pero la banda no existe; ninguno de los históricos está en activo Con esta rotundidad se expresa un inspector jefe de Udyco, que ha lidiado durante años con los verdaderos Miami el que fue el grupo de crimen organizado más activo de la noche madrileña, con un historial de palizas, extorsiones, tráfico de todo tipo de estupefacientes y crímenes digno de novela negra. A ellos quería recurrir supuestamente Ana Obregón para que escarmentaran al presentador Jaime Cantizano, según las investigaciones de la Guardia Civil de Madrid. Los Miami activos desde principios de los 90, cada vez más hampones, cada vez más crecidos se devoraron entre ellos, al calor de los trabajos que empezaron a hacer para los señores de la droga colombianos que nunca aparecen en los sumarios policiales. Uno de los últimos episodios del culebrón data de octubre de 2005. Un pistolero asesina a tiros en su coche, junto al Retiro, al abogado Rafael Gutiérrez Cobeño, testaferro y chico para todo de la banda (llevaba 30.000 euros encima) El letrado, investigado por la Audiencia Nacional, había pasado varios meses en la cárcel en 2001. Cobeño y la mujer del jefe de los Miami Juan Carlos Peña Enano, habían sacado 170 millones de las antiguas pesetas de un banco suizo, pero fueron detenidos por la Policía. Cuando mataron a Cobeño, Juan Carlos Peña ya había desaparecido del mapa. En abril de ese año la Audiencia Nacional dictó dos órdenes de busca y captura contra él porque no acudió al juicio de un alijo de 70 kilos de cocaína intervenidos en Mazarrón. La Policía está convencida de que Juan Carlos huyó a Colombia para trabajar a las órdenes directas de narcos- -ya se había convertido en un hombre de la máxima confianza de las sucursales de la droga- -y quitarse de en medio. Antes de escapar, había pasado de protector a protegido y se rodeaba de una cohorte de pistoleros búlgaros, evitando tentar más a la fortuna. En 2004 sufrió un accidente de moto en el que perdió una pierna- -se decía que lo habían perseguido- -y meses después fue tiroteado en un semáforo aunque salvó la vida. Su hermano, Iván Peña, otro histórico miami murió en un accidente anterior. La misma suerte corrió Javier Acero, también en la cúspide de la banda de matones. La guerra por el poder se cobró primero fidelidades y luego vidas entre los Miami y allegados. La confianza de Juan Carlos y uno de sus lugartenientes, Álvaro López, que fue novio de la vedette Malena Gracia, saltó por los aires. Al hermano de este último le dispararon y lo abandonaron desnudo en la calle; Panamá otro ex miembro de la banda, fue delatado y acusado del asesinato de un hampón dueño de una discoteca en Marbella y traficante de drogas que se había establecido por su cuenta. Poco a poco cayeron todos. Unos están en la cárcel, el otro en Suramérica y los que quedan en la calle han decidido ocupar un discreto segundo plano. Su lugar, según fuentes policiales, lo han ocupado tipos aún más duros, la mayoría procedentes de Bulgaria y algún otro país del Este, que forjan músculo y falta de escrúpulos en los gimnasios de ambientes relacionados. Matones españoles y puertas sigue habiendo pero están al servicio de estos últimos, no dirigen nada y tienen que rendir cuentas, Creen que decir que son miami les confiere respeto entre ese mundillo. Como mucho alguno se ha criado al calor de la vieja guardia, los Peña y sus amigos, pero nada más explican las fuentes. Los colombianos también han asumido un protagonismo creciente en ese submundo de la noche y la seguridad. Por ahora cada uno tiene su territorio. DE MUJER A MUJER s posible que los consejos de María Emilia Casas a una sospechosa de asesinato no sean jurídicamente reprochables. Aunque haya que hacer algunos esfuerzos suplementarios para interpretar que si recurre en amparo, vuélvame a llamar nada tiene que ver con el supuesto del artículo 441 del Código Penal. Pero lo que no es posible es que sean políticamente presentables. Y es que Casas tiene antecedentes políticos, quiero decir, y son los antecedentes los que la colocan en una situación sumamente delicada. Los antecedentes, para los ciudadanos que no se fían nada o casi nada del Constitucional, son el condicionamiento ideológico- partidista ejercido por el Gobierno y el PSOE sobre su labor. La palabra independencia aplicada al Constitucional produce carcajadas al más templado, y doble ración si se aplica a su Presidenta. Con ese prestigio social, cualquier desliz tiene consecuencias fatales. No hay quien te aplique la presunción de inocencia. Ni de ingenuidad, ni de buena fe, ni de altruismo. Más bien te colocan agravantes, que es lo que le pasa a esta Presidenta con antecedentes. El agravante del abuso de su cargo, por ejemplo, el que destila esta intervención de la cuarta autoridad del Estado en un asunto particular, para hacer un favor a una amiga. O ese aire de poder impune, el avísame si lo presentas, que dan el cargo y la cercanía al Gobierno. Y luego está el agravante femenino- feminista que adorna esta historia. La trampa que el ideario de la ley de violencia de género, la que acaba de declarar constitucional la propia Casas, le ha tendido a la Presidenta. Y es que esta aparatosa imprudencia tiene todo el aire de un asunto de mujer a mujer. De solidaridad femenino- feminista. De la fatal suposición, la misma que alumbra el discurso feminista del Gobierno, de que la mujer es siempre la víctima y que, por lo tanto, una intervención en un aparente asunto de divorcio y custodia es una cuestión de solidaridad. De solidaridad femenina. De mujer a mujer, se apasionó Casas. Cómo iba a imaginar que la mujer en cuestión no era exactamente una víctima. ¿No lo es siempre? se pregunta todavía. E Imagen de archivo del asesinato del abogado de los Miami perpetrado en octubre de 2005 DANIEL G. LÓPEZ Eloy Sánchez, el conseguidor de la noche madrileña C. M. P. M. MADRID. Eloy Sánchez Barba, el individuo encarcelado acusado de contratar a los sicarios que mataron a Miguel Ángel Salgado por encargo de su ex mujer, es sobradamente conocido en los ambientes selectos en los que se mueven los personajes más populares de la noche madrileña. Si alguien necesitaba algo se dirigía a él, porque todo el mundo sabía que tenía muy buenos contactos en distintos ámbitos- -explica un mando policial- Se puede decir que era un conseguidor Como ya informó ABC en su momento, además era colaborador de determinados grupos de las Fuerzas de Seguridad y de hecho hay quien piensa que hasta el momento de su detención por un delito tan grave como es contratar a unos sicarios para perpetrar un asesinato ha resuelto más problemas de los que ha creado Sánchez Barba es una persona educada, amable, con don de gentes y facilidad para entablar relaciones, características todas ellas que en buena medida hacían más eficaz su trabajo. Sabía a quién debía hacer un favor y el momento mejor para hacerlo, lo que reforzaba su posición. Hasta que un día, como tantos otros, sobrepasó el límite y acabó en prisión.