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10 OPINIÓN JUEVES 5 s 6 s 2008 ABC AD LITIBUM UN SPARRING PARA RAJOY OS administradores y beneficiarios de los espasmos con los que Mariano Rajoy lidera el PP, conscientes de que con una flauta como la de Bartolo, con un agujero solo, no se puede brillar de concertista, le preparan al presidente que se empecina en seguir siéndolo- -por el bien de España y el del partido- -actuaciones con mayor potencialidad de lucimiento. Algunos, con gran perversidad y en alarde de falta de amor al prójimo, tratan de convencer a Juan Costa, el pijo de Castellón, para que presente su candidatura como sustituto del gallego perezoso. Ante una crisis de ilusión ¿hay algo que M. MARTÍN pueda beneficiarle más FERRAND al gallego que un adversario con buena planta y sin posibilidades? A Rajoy, sospecho, le tenemos mal tomada la medida. Aunque aparenta ser un hombre instalado en el desdén y por gallego, pasa por ser experto en el arte de templar gaitas, su verdadera naturaleza política reside en la desconfianza y, por ello mismo, en la eliminación sistemática de cuantos puedan darle sombra, discutirle el liderazgo o apuntar maneras para sucederle. Que se lo pregunten a Alberto Ruiz- Gallardón y a Esperanza Aguirre, dos protagonistas de primera, a quienes fulminó con un solo y único movimiento. Ahora Costa es un verso suelto, un descontento sin posibilidades que perturba el sestear que tanto complace al jefe de la gaviota. No le faltan razones y, por ello mismo, los guardaespaldas de Rajoy quieren fulminarle, dejarle inservible para otra peripecia. Algunos, como Alberto Núñez Feijóo, José Manuel Soria o la varias veces diminuta Soraya Sáenz de Santamaría le animan a Costa a presentarse en el XVI Congreso como aspirante a la presidencia del PP. Quieren que le sirva de sparring a Rajoy. Es algo despiadado; pero, ¿quién ha dicho que la política interna de los grandes partidos políticos sea cosa de carmelitas descalzos o devotas ursulinas? Se trata de un territorio en el que la conmiseración es síntoma de debilidad profunda. Un sesteadero, sí; pero sin tolerancia alguna para la iniciativa y la discrepancia. Algunos, como Esteban González Pons- -el único político actual que sonríe más que José Solís en el franquismo- llegan más lejos en su crueldad y, sin reparar en el paisanaje, quiere ver a Costa integrado en la candidatura de Rajoy Ni siquiera le concede la oportunidad y la grandeza del heroísmo, el valor de combatir hasta que la campana marque el final del último asalto. Quieren verle arrepentido, vestido de sayal y con los cabellos cubiertos de ceniza, como si fuera un pecador o un democristiano. Tampoco es eso. El partido ha perdido la ilusión, qué duda cabe; pero no es cuestión de que la recupere a base de mortificar y humillar a sus militantes, a quienes lo hicieron grande y reclutaron una clientela de diez millones de votantes, ciudadanos atribulados por una crisis sin respuesta. L -Aquí la presidenta del Tribunal Constitucional. ¿En qué caso judicial quiere que le influya... LISTAS ABIERTAS CARISMA CON O SIN OBAMA BAMA tiene algo de indefenso y desprotegido cuando se le ve sentado entre bambalinas, pero cuando rompe a hablar en público posee la fuerza retórica de los buenos predicadores negros en la mejor tradición norteamericana. Pasa de la fatiga reflexiva a la elocuencia que primaelmensajeemocionalsobrela exactitud. Hillary Clinton optó por dar preferencia a la formulación precisa de sus políticas; Obama ha confiado en la sugerencia de un carisma. Rehacer Washington, cambiarlo: en realidad, ese ímpetu no concuerda con una carrera política en el Senado- -senador por Illinois- -que no por breve ha dejado de alinearse sistemáticamente y de modo incluso convencional con las causas de la izquierda en los Estados Unidos. La vieja izquierdaeuropea, arcaicay lastrada por las prótesis ideológicas, considera con condescendencia la posibilidad de que exista una izquierda norteamericana, cuando en realidad acierta casi siempre que la imita y yerra cuando la minimiza. Anda la izquierda posible europea tratando de fundar a todas horas su Partido Demócrata. Eso fue la tercera vía Definir el carisma- don divino etimológicamente- -resulta difícil por tantas implicaciones emotivas y porque es alVALENTÍ go que se concreta en el proceso de transPUIG misión del mensaje, del político a sus seguidores. No siempre pertenece exclusivamente al candidato, sinoquees un recorrido de connotaciones: existe el carisma según quien trasmite, pero sobre todo según quienes se convierten en sus receptores. Obama tiene cierto carisma, mientras que McCain tiene más perfil de líder. Son cosas que coexisten y convergen en sus mejores momentos, pero no siempre. Hasta hoy, el carisma de Obama ha tenido mucho de lenguaje corporal, de un cierto magnetismo expresivo, intensidad, autocontrolsin rigidez, incluso degraciafísica en la presencia y de innegable fluencia en el lenguaje de captación. Otra cosa es la autoridad del carisma, según las definiciones clásicas. No llega al poder verbal de Luther King, ni a la exultación de autenticidad de alguien como Sydney Poitier, el actor convertido en santidad laica de la causa afro- americana. Obama representa no una nueva po- O lítica, sino un modo innovador de endosarla con un lenguaje potente, de prosodia eficaz, de energía articulada en torno a objetivos que por su imprecisión amplían una ambivalencia de magia política. Así lo perciben millones de personas en todo el mundo que siguen unas primarias demócratas por primera vez y descubren la sabiduría del sistema político norteamericano. Los psicólogos dicen que el carisma consiste en generar adhesión, inspirar una devoción política. Los historiadores han constatado que los presidentes considerados como carismáticos- -Lincoln, Roosevelt, Kennedy, Reagan- -usaron en abundancia, mucho más que el resto, de la metáfora en sus discursos inaugurales. Ya se sabe que son las metáforas más que las argumentaciones lo que sostiene gran parte de nuestras convicciones. Al enfrentarse a John McCain, el magnetismo deObama habrá deposar los pies en laprosaterrenal y entrar en concreciones. Los psicólogos también nos dicen que una personalidad carismática genera un efecto mimético porque induce a sus seguidores a imitar su lenguajeycopiar su lenguajecorporal. ¿Cuántos Omabas clónicos van a aparecer en la política si el modelo original logra sus objetivos? De hecho, en su máxima expresión, un político carismático consigue dar fuerza a su mensaje incluso cuando lo transmite en silencio. Internet nos ha dado acceso a los vídeos de la campaña de Obama y a valorar esos sound bite que, paradójicamente, transcurren en el silencio. No es el caso de Hillary Clinton ni, al otro lado del río, de John McCain. Claro está que la prueba del carisma está en tomardecisionesqueconvenzan y persuadan, siempreencaramadas en la cresta de oleadas de energía expresiva. Esas grandes decisionesrequieren decoraje ydecarisma, una capacidad sintética que a veces sólo se estrena cuando se llega al poder. Lo mismo ocurre con la capacidad de consenso. Los cambios sistémicos en la sociedad norteamericana piden nuevos consensos, gane quien gane. En la tan ardua batalla que se avecina, Obama y McCain buscarán conectar con elsistemaempático delcentrovital. La obamanía puede llegar a instituirse como estilo político o a quedarse desfondada en los rompientes de la campaña presidencial. A su favor cuenta con el cansancio del electorado republicano. vpuig abc. es