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ABC MIÉRCOLES 4 s 6 s 2008 MADRID 59 Un centenar de manifestantes reclamó respeto para los derechos humanos de los indocumentados CHEMA BARROSO Vivir entre cartones no es un crimen grito gitano frente a la Embajada de Italia GUILLERMO D. OLMO MADRID. ¿Qué delito cometen las familias gitanas que viven estoicamente entre cartones, ratas o madera? Esta era la pregunta ayer frente a la Embajada italiana en España. Indignadas por la creciente hostilidad a los inmigrantes clandestinos en Italia y los violentos brotes racistas que allí se están produciendo, alrededor de una veintena de asociaciones gitanas se concentraron ayer frente a la sede diplomática, bajo el lema por la diversidad y la convivencia con el pueblo gitano europeo Lograron reunir a un centenar de personas, pero lo que no consiguieron fue que los recibiera el embajador. Tuvieron que conformarse con entregar su alegato y la promesa de que sería transmitido al Gobierno de Roma. El detonante de esta protesta ha sido la quema de asentamientos rumanos en la ciudad de Nápoles, pero los convocantes de la manifestación de ayer tenían claro que estos estallidos violentos responden a la deriva de la política migratoria del gobierno de Berlusconi. Simultáneamente a esta concentración se celebró otra en la legación italiana en Rumanía. Según explicó Benjamín Cabaleiro, representante de la Fundación Secretariado Gitano, una de las principales entidades convocantes, la protesta obedece al llamamiento unánime de todas las asociaciones de gitanos de Madrid. Además de al endurecimiento de la legislación italiana, los manifestantes se oponían también a las nueva directiva europea que agiliza los trámites de expulsión de extranjeros indocumentados. Para tratar de modificarla y hacer valer los derechos de los gitanos funciona ya una Coalición Europea de Política Gitana, que actúa como lobby ante las instituciones comunitarias, explicó Cabaleiro. Al margen de la convocatoria de ayer, otras organizaciones sociales rechazan radicalmente lo que ocurre en Italia. Jesús Hidalgo, del Sindicato Obrero Inmigrante, cree que vivimos un repunte del fascismo, un retorno al peor pasado. Es terrible pensar que los derechos humanos dependan de tener papeles