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102 GENTE www. abc. es gente MARTES 3- -6- -2008 ABC Yves Saint Laurent, con todo el pasado por delante El fallecido modista estaba convencido de que las mujeres querían llevar pantalones POR ROSA BELMONTE MADRID. A Yves Henri Donat Mathieu Saint Laurent (Orán 1936- París 2008) le habría encantado inventar los pantalones vaqueros: La prenda más espectacular, la más práctica, la más informal y la más despreocupada. Tienen expresión, recato, sex appeal y simplicidad. Todo lo que espero de mi ropa En su discurso de despedida del mundo de la moda en enero de 2002, el tímido y melancólico modista aseguró haber estado al servicio de las mujeres y haber querido acompañarlas en ese gran movimiento de liberación que conoció el siglo pasado Misión cumplida. Estaba considerado como el último de los tres grandes visionarios de la moda. Ese grupo cuyos otros vértices eran Dior y Chanel. Pero Saint Laurent es de una generación posterior, pese a su temprano éxito como delfín, protegido y sucesor de Christian Dior tras la muerte de éste. Y es evidente que su mundo estaba más cerca de Coco Chanel (más cerca de hacer fácil la vida de la mujer y no encorsetarla con cinturas asfixiantes) Como ha declarado Pierre Bergé (su socio, su mentor, su compañero, su amante de tantos años) Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent les dio poder. Es verdad que el poder también fue de seducción, como el exhibido por Catherine Deneuve en Belle de jour (vestuario de Saint Laurent, zapatos de Roger Vivier y peinado de las hermanas Carita) Hace 50 años se estrenó con su línea Trapecio y a partir de ahí todo es historia de la moda. Si empezó con Dior en 1958, en 1962 presentó la primera colección con su nombre. No inventó el traje pantalón (sólo hay que recordar a Marlene Dietrich y otras estrellas de los 30 y 40) pero lo metió, con un toque de clase, en el armario de las señoras estoy convencido de que las mujeres quieren llevar pantalones También puso en la pasarela los vestidos camiseros, las saharianas, las blusas transparentes, la pintura (Mondrian, Picasso y Matisse han sido inquilinos en las telas de Saint Laurent) el estampado de leopardo, el trench, el blazer, las extravagancias orientales para la noche y el esmoquin. Si hay algo en el imaginario asociado al señor de las gafas enormes es el esmoquin femenino. Incluso ganó un juicio a Ralph Lauren, a quien le falta una t en su apellido para alcanzar al genio y a quien éste acusó de habérselo copiado. En los 90, la compañía fundada por Saint Laurent y Pierre Bergé fue de mano en mano. En 2000, el grupo Gucci compró el prêt- à- porter y la división de perfumes mientras Bergé y Saint Laurent retenían la alta costura hasta la despedida del 2002. El primer diseñador de la casa en esta etapa fue Tom Ford El pobre chico hace lo que puede dijo el maestro del texano) a quien sucedió su asistente, Stefano Pilati, actual director creativo de la casa y digno heredero de mito. Saint Laurent, en el Pompidou en 2002, recibe los aplausos del público en el que sería su último desfile Lorenzo Caprile Modista ÚLTIMO GENIO DE UNA RAZA ÚNICA sta mañana, mientras oía la noticia por la radio, en mi cabeza se han agolpado cientos de imágenes irrepetibles: el esmoquin, el traje Mondrian, los homenajes a Van Gogh, a Picasso, a Juan Gris... la saharia- E na; el uso magistral del color y los estampados; la moda folk; la moda hippy; los exotismos: Marruecos, España, China... Pero estas imágenes no eran sólo los recuerdos patinados, pulidos y estilizados de las pasarelas o de las campañas publicitarias... No, eran imágenes reales, de mujeres reales, de carne y hueso, que vivían la moda y hacían suyas las propuestas de las grandes creadores; recuerdos de un tiempo en el que los grandes modistas aplicaban todo su genio y su energía en hacer mas bella la vida de las mujeres; de un tiempo en el que la moda se vivía en la calle, y no sólo en el mundo rarefacto y artificial de las revistas, los desfi- les, y el marketing más despiadado. Y de todos los protagonistas de aquella época dorada, YSL fue el Emperador Absoluto, sin fisuras: nadie como él supo adelantarse a las necesidades de las mujeres- -a las que amaba y admiraba- -y enseñarles que se podía ser elegante sin dejar de sentirse joven; actual sin ser extravagante, clásica pero siempre contemporánea, poderosa y activa en un mundo masculino pero sin renunciar nunca a su propia, íntima femineidad. Y todo ello porque YSL era un creador de moda completo: sabía dibujar, cortar, coser y, sobre todo, probar... Tenía un gusto impecable para los colo- res y los complementos, pero también un ojo infalible para las proporciones y el patrón perfecto: en pocas palabras, dominaba su profesión como nadie. La profesión de modista. Con YSL muere el último genio de una raza única, irrepetible, la raza de los grandes creadores de moda: Poiret, Chanel, Balenciaga, Dior... protagonistas por derecho propio del siglo XX, ya que con sus creaciones no sólo revolucionaron el concepto de elegancia, sino que cambiaron para siempre la silueta femenina y dictaron unas reglas de estilo que todavía hoy siguen vigentes. Y por eso son inmortales. Como YSL. Hasta siempre, Maestro.